N° 1833 - 17 al 23 de Setiembre de 2015
N° 1833 - 17 al 23 de Setiembre de 2015
Accedé a artículos gratuitos y newsletters de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“El capital más importante en nuestra empresa es su gente”. ¿Quién no escuchó esta frase una y mil veces? Pero esto no siempre es así, aunque es “políticamente correcto” decirlo.
Para empezar, hay modelos de negocios que no están basados en el gran talento de la gente, sino en los procesos y la tecnología. Imagine la hora pico en un restaurante de comida rápida. En forma simultánea se rompe la freidora y un empleado se quema un poco una mano. Usted solo puede hacer una llamada. ¿A quién llama? ¿Al mecánico o al médico? La respuesta correcta puede afectar la sensibilidad del lector: usted debería llamar al mecánico y no al médico. Es que sin máquina, no hay negocio.
Tan es así que hace pocas semanas las cadenas de comida rápida en Estados Unidos despidieron a más de 15.000 empleados, porque los políticos decidieron establecer el sueldo mínimo de un principiante en U$S 15 la hora, con el ánimo de “proteger” al empleado para que cobre un “salario digno”. La respuesta fue inmediata: cambiaron a los chicos que recogen los pedidos por una pantalla táctil. Ahora el pedido se lo hace el propio cliente.
En cambio, si usted gestiona un restaurante de varios tenedores de la guía Michelin, la respuesta es otra: hay que llamar al médico, porque el chef es la clave del negocio y no la freidora automática.
Esta tendencia es imparable. Ya hemos mencionado en esta columna el estudio de la Universidad de Oxford que estima que el 47% de los puestos de trabajo que hoy conocemos están amenazados con desaparecer. Entre los que más chances tienen de esfumarse están los cajeros de bancos, de supermercados o de ómnibus (guardas); los contadores, conductores de taxi o escribanos. Y los que menos chances tienen de desaparecer son los médicos, coreógrafos, maestros o artistas.
Es notorio que las actividades repetitivas (demanden un poco más o un poco menos de “seso”) van a ser sustituidas, pero las que requieran “pienso”, creatividad o actitud positiva, quedarán.
Pero con esto no es suficiente. El talento es como una planta: requiere de un clima y un entorno adecuados para crecer. Si la empresa que recluta a un “talento” no le da pautas claras (metas, objetivos), recursos (físicos, tecnológicos, financieros o humanos) o no le permite actuar con autonomía, ese talento se volverá un ta’ lento.
Las empresas que logran mejores resultados hacen que los menos capaces sean exitosos; en cambio, las empresas mal organizadas logran que los talentosos se vuelvan incapaces.
Basta ver lo que sucede en la administración pública, donde personas inteligentes y bien intencionadas se convierten en sombras tenebrosas que no agregan valor porque no tienen facultades, no se reconocen sus aportes y ven cómo el amiguismo pesa más que la meritocracia. Y en muchas empresas privadas sucede lo mismo.
En cambio, cuando la organización crea los mecanismos de selección, capacitación, evaluación del desempeño y permiten hacer, los talentos aparecen, se expanden y se contagian. Y así vamos formando gente de primera, empresas de primera y países de primera. Es solo cuestión de creer, querer y dar los primeros pasos.