Durante la cena, Fortunato se tomó unos minutos para explicarle a sus hijos lo que era una Rendición de Cuentas, así con mayúscula.
Durante la cena, Fortunato se tomó unos minutos para explicarle a sus hijos lo que era una Rendición de Cuentas, así con mayúscula.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs que un canal de televisión había anunciado que transmitiría en directo la discusión parlamentaria, y —aunque no pudo convencer a sus hijos de que lo acompañaran a presenciar el debate — al menos quería hacerles saber de qué se trata.
El más chico arrancó por preguntarle si era lo mismo que un ajuste de cuentas, de esos que acontecen diariamente en el Borro, Casavalle y Marconi, pero Fortunato se mordió la lengua por tomar el tema en broma y decirle que la Rendición de Cuentas era peor, y optó por hablar en serio y señalar las diferencias entre los líos a balazos entre los narcos rivales y los líos a “articulazos” entre los parlamentarios adversarios.
Terminada la cena la familia se desbandó como de costumbre, la esposa marchó a la cocina, los hijos a repasar las lecciones del día siguiente durante diez minutos y perder el tiempo en Facebook durante las dos horas siguientes dialogando estupideces y banalidades con sus pares, y Fortunato a su sillón con su media copita de vino que obraba como de costumbre de bajativo y postre a la vez.
El locutor de la tele anunció el contacto directo con el Parlamento Nacional, y la cámara mostró en hemiciclo poblado con los conocidos de siempre, y las barras abigarradas con los desconocidos de siempre.
—“Tiene la palabra el diputado Progovernelli” —dijo el presidente.
—“Señor presidente, compañeros diputados, es fácil comprender que el tema de los aumentos de salarios que nos solicitan con tanta justicia los gremios de la educación, los sindicatos de la salud, la vasta mayoría de la población sufrida de este país, que arrastra las trágicas consecuencias y la condena de la herencia maldita de los tiempos nefastos en los que campeaba el neoliberalismo, no puede resolverse con el mezquino tres por ciento que nos propone el Poder Ejecutivo, por lo que yo propongo que el tres por ciento sea en realidad un treinta por ciento, ya que con este aumento…(aplausos y aullidos de alegría en las barras, gritos de “¡bien ahí! ¡vamoarriba los que luchan!”)…con este aumento, decía, podremos dar satisfacción a los justos requerimientos de los más humildes…” —dijo el diputado Progovernelli.
—“¡Silencio en las barras o serán desalojados!” —dijo con voz tronante el presidente, mientras hacía sonar un timbre de advertencia —“¡tiene la palabra el diputado Mioppongo!”
—“Presidente” —arrancó el diputado opositor Giovanni Mioppongo —“el diputado Progovernelli pertenece a las filas de la fuerza política gobernante, no logro entender cómo, más allá de su sonsonete antiliberal, con el que nos viene acalambrando desde que era dirigente estudiantil en la FEUU, ahora se opone a lo que propone su propio gobierno…¿de dónde se supone que va a sacar fondos para aumentar el espacio fiscal en un treinta por ciento? ¡es absolutamente irracional!” —dijo el legislador de la oposición.
Fortunato ya empezaba a ver que la cosa venía por el lado de “más de lo mismo”, y sus bostezos iban en aumento. En eso, mientras los ojos se le entrecerraban, otro diputado oficialista pedía hacer uso de la palabra en una interrupción.
—“Tiene la palabra el diputado Sondiastori” —dijo el presidente.
—“Yo a ustedes cada vez los entiendo menos” —le dijo el interviniente a su correligionario Progovernelli, mirándolo a los ojos. El gobierno les dice que no puede hacer frente a estas demandas absurdas de los gremios ensoberbecidos, y ustedes vienen acá a hacer teatro para que los aplaudan las barras, manga de inconscientes…(desde las barras surgen abucheos, gritos hostiles, insultos de la peor calaña, silbidos, mientras caen monedas sobre el hemiciclo, entre las bancas, se escuchan cánticos tales como “¡estos no son de aquí, son del FMI!” o “Lorenzo, traidor, vos sos de lo peor!”).
El presidente trata de poner orden, Fortunato no lo puede creer pero se va quedando dormido, y se sobresalta cuando el diputado Progovernelli salta de su banca y le propina un sonoro golpe de puño a su correligionario. Éste reacciona y le parte un cenicero de vidrio en la cabeza a su compañero de bancada, mientras se escuchan gritos de los demás integrantes de la mismísima bancada de gobierno, quienes toman partido por uno u otro de los contendores.
—“¡Rompele el culo a patadas a ese maricón entreguista que merecería ser colorado o blanco y no frentista!” —gritaba lanzando piñazos al aire un diputado del MPP, mientras un correligionario del Frente Líber Seregni aullaba —“¡sacale los dientes a puntapiés a este vendepatrias terrorista hijo de su madre!”.
—“¡Señor presidente, avísele al agresor de mierda éste que estoy armado, y que si no se aleja de aquí le voy a encajar un balazo en la frente, y que conste que tengo inmunidades parlamentarias, y no sólo no voy a ir preso, sino que además de acá el cadáver de esta basura va directamente a la morgue para que los estudiantes de medicina le hagan la autopsia, y lo encuentren lleno de estiércol!” —gritó Progovernelli.
—“¡Limale la mira a tu pistolita, que ya sabés de dónde te la vas a tener que sacar, trolo de las tatuceras!” —gritaba por su parte el diputado Sondiastori, mientras arremetía a las patadas contra su correligionario, pegándole en la cabeza con una pata de una silla de los taquígrafos, que acababa de romper en pedazos para agredir a su hermano de causa.
Las barras seguían aullando, los insultos no bajaban de tono, algunos de los ocupantes de las barras derramaban agua caliente de sus termos sobre la cabeza de los pobres diputados que estaban en sus bancas, y el caos se apoderaba del ambiente. El timbre del presidente seguía sonando, y varios diputados oficialistas, en lugar de intentar poner orden, se habían trenzado también ellos a golpes de puño, ante el asombro de la bancada opositora, que observaba atónita lo que ocurría.
El presidente miró el reloj. Era casi medianoche, y vencía inexorablemente el plazo para votar la Rendición de Cuentas.
—“Señores legisladores” —dijo entonces —“se pone a consideración el texto completo de la Rendición de Cuentas. Se va a votar”.
Se produjo un hondo silencio.
—“Se vota” —dijo el presidente —“50 en 50, afirmativo. Queda aprobada la Rendición de Cuentas” —ratificó.
—“¡Vieja, vení!” —dijo Fortunato —“¡mirá el lío que armaron éstos, y al final votaron todos juntitos!”.
—“Vení vos a dormir en tu cama, que son las tres de la mañana, la votaron hace rato y la aprobaron, como era de esperar” —le recomendó su esposa.