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    Rendimientos en cultivos de invierno son muy buenos, pero hay una “desazón total” por el bajo precio que se obtiene por los granos

    Quien imagine hoy el campo con ese aire telúrico con que normalmente se lo suele representar, es porque todavía no pasó por Ombúes de Lavalle, donde está en pleno la trilla de trigo y simultáneamente la siembra de sojas de primera. El ritmo de trabajo y movimiento es intenso. Máquinas de cientos de miles de dólares y decenas de camionetas se cruzan en las carreteras deshechas por el tránsito pesado. El ánimo de los productores es ambiguo. Por un lado, de satisfacción por los muy buenos rendimientos de trigo y cebada; por otro, cierta preocupación por los niveles de proteína del producto, y finalmente una gran “desazón” por la caída de los precios del cereal en el mercado internacional.

    Matías Cáfaro Rafuls es un protagonista de esta “movida” agrícola en el departamento de Colonia. Planta 3.000 ha propias y da servicios para otras 8.000 ha, además de desempeñarse como técnico de Fadisol SA. En diálogo con Campo al pie de la cosechadora en su propio campo, afirmó que las chacras están rindiendo en la zona en un eje de entre 3.800 kg y 4.000 kg por ha de trigo, pero que preocupan los niveles de proteína del grano, que seguramente se ven resentidos por el propio volumen de cosecha.

    Cáfaro recordó que después del “susto” por el exceso de lluvias de agosto, sumado a todas las alertas de la presencia de un fenómeno Niño en la región que auguraba una situación indeseable para el cultivo de trigo, los agricultores respiraron aliviados al observar el muy buen estado que presentaban las plantas sobre el final del ciclo. Se mostró satisfecho con los niveles de rendimiento y calidad que se están logrando, pero se lamentó por la caída que han tenido los precios. Lamento que es compartido por la mayoría de los agricultores: “Hay una desazón total con el tema comercial del trigo y a eso se le está sumando ahora que si bien los rendimientos y los hectolítricos son buenos, en proteína los valores se están ubicando por debajo de lo que requiere el mercado por el efecto “dilución” frente a los buenos volúmenes de producción y porque los campos “están totalmente golpeados” por años de agricultura continua.

    Estimó que un rendimiento de equilibrio para un agricultor con campo propio, sin renta, se ubica en el eje de los 2.500 kg, mientras que un arrendatario debe situarlo en unos 1.000 kg por encima de eso. En función de esto consideró que el margen va a ser “mínimo”, que se agrava cuando se consideran los costos de toda la estructura de una empresa agrícola y el costo de vida de las familias que están detrás de las mismas. “Para algún inversor el número puede ser atractivo”, señaló, pero aclaró que si se le suman el resto de los componentes mencionados “se vuelve negativo y no alcanza para todo”.

    Dijo que, en general, para esta campaña de invierno se hicieron algunos ajustes, pero que el más importante de ellos fue el de “dejar” las áreas más marginales, como las ubicadas en las zonas este y noreste del país, donde prácticamente ya no existen los cultivos de trigo y cebada. En las chacras del litoral sur y litoral oeste, estimó que el área es algo menor, pero que no decayó en forma significativa con relación a la del año anterior.Describió al trigo uruguayo como “rayero”, haciendo referencia a que está en la raya o el límite de los valores aceptados por el mercado, con una calidad grado dos, 78 de peso hectolítrico (peso volumétrico equivalente a la cantidad de grano que cabe en un hectolitro), 2,80 de Falling Number (método empleado para determinar el grado de brotación debido a la humedad y el calor), y los niveles de proteína. Estimó que quizás el cereal local sea “mejorador” para Brasil, pero que “cualquier” trigo producido en Argentina es superior en esos valores a los cosechados en Uruguay.

    Lluvias ayudarían

    Los anuncios sobre la ocurrencia de un fenómeno de El Niño, con precipitaciones por encima de los promedios normales, generaron mucha preocupación para la siembra de invierno, y quizás eso, junto al factor precio, haya sido determinante para que en la zona se produzca una disminución del área plantada. Ahora es diferente, porque según Cáfaro, “todo lo que venga en diciembre y enero si no es un exceso demasiado importante, la verdad es que va a ayudar”.

    Consideró que los perjuicios de una sequía en enero serían mucho más dramáticos que los que pudiera generar un exceso hídrico en ese mes, aunque en definitiva todo dependerá de la magnitud de las lluvias. Recordó que en las dos campañas anteriores hubo exceso de agua, pero que este año en particular, las lluvias se cortaron en febrero, lo que ocasionó problemas en el período crítico de llenado del grano, y los efectos fueron mucho más perjudiciales que en el año anterior, donde llovió con abundancia en febrero y marzo y la soja se cosechó con muy buenos rendimientos.