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Otra que se basa en hechos reales. Bennett Miller, director de Capote y El juego de la fortuna, distinguido en Cannes por su trabajo en esta película, que cosechó tres nominaciones a los Globos de Oro (película, actor dramático y actor de reparto) y que tiene además cinco nominaciones al Oscar: director, actor (Steve Carell), actor secundario (Mark Ruffalo), guión adaptado y maquillaje, aborda otro caso real, que involucra a personajes al borde, seres a la deriva, autodestructivos, individuos perdidos que buscan pertenecer a algo, otro caso sobre la fascinación que produce el poder, otra historia de soledad y armas humeantes.
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Miller pone nuevamente a un actor fuera de su zona de confort. Como antes el corpachón y la voz grave de Philip Seymour Hoffman mutaban en la complexión esmirriada y frágil y en el tono de niño quejoso e irritante de Truman Capote en el filme que recrea la gestación del libro A sangre fría, en Foxcatcher coloca a Carell, el gran comediante, en el escenario de una tragedia griega: aquí hay atletas, rivalidad entre hermanos, tensión sexual entre hombres y una mujer que casi no se ve pero que tiene un inmenso poder. La densa capa de maquillaje, los lentes de contacto, los dientes y la grotesca prótesis en la nariz pueden chocar a primera vista, dar la impresión de una caricatura. Los testimonios de quienes lo conocieron coinciden en que un primer encuentro con Du Pont podía ser un poco chocante. Miller elige un plano más amplio antes de acercase a su rostro, luego lo deja hablar, presentarse ante Mark Schultz (Channing Tatum, en el mejor trabajo de su carrera) y ante el espectador: “¿Sabés quién soy yo?”, le dice el millonario al luchador.
John du Pont: un excéntrico millonario que dedicó buena parte de su fortuna y su tiempo a la creación de su propio equipo de lucha libre y al patrocinio de luchadores y nadadores, a quienes alojó en sus instalaciones del Centro Nacional de Capacitación Foxcatcher, que contaba con gimnasio y piscina olímpica. Desde joven había buscado la gloria deportiva. Su sueño: llegar a los Juegos Olímpicos. Practicó natación, se entrenó en pentatlón con dedicación y disciplina pero le faltó talento. Le sobraba el dinero.
Llegamos a él por medio de Mark, quien tres años antes, al igual que su hermano mayor Dave (Ruffalo, que siempre rinde y que aquí realmente la destroza), ganó la medalla de oro en lucha en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84. Mark vive en un pequeño y oscuro apartamento donde come fideos instantáneos con salsa tabasco con la mirada nublada. Va a dar penosas charlas a los colegios, charlas que en realidad se las cede su hermano, y por las que cobra sumas miserables. Dave es dolorosamente más carismático que Mark. Y es algo que se verá desde el comienzo, con unos pocos gestos. Hay una escena en particular en la que ambos se entrenan, una escena que es pura acción física, en la que está condensada la relación de los Schultz, el padre de familia que es Mark, bonachón, hermano mayor que cuida y protege al más chico, la frustración y el sentimiento de inferioridad de Mark, con un prognatismo que parece hasta autoprovocado por la rabia contenida. El más joven de los Schultz no está en su mejor momento. Y esa es la hora del diablo. Mark recibe una llamada telefónica, la invitación para conocer a John du Pont; viaja en helicóptero a la gigantesca mansión donde se produce ese primer encuentro cara a cara, en el que Du Pont, con ese aspecto poco saludable y esa forma de moverse y agitar las manos blandas como un Montgomery Burns de carne y hueso, le ofrece entrenarse y vivir en la inmensa propiedad de Foxcatcher.
Du Pont es increíble. Se hace llamar a sí mismo entrenador, coach, desesperado por imponerse más allá de la fortuna que heredó; alberga y paga miles de dólares al mes a los luchadores de Foxcatcher. Su intención es que de allí salgan los atletas que representen a Estados Unidos en los próximos Juegos Olímpicos. Para Du Pont, el deporte es un asunto serio, tiene que ver con la patria. “Le estoy dando a Estados Unidos esperanza”, llega a decir. El hombre, de quien se supo más tarde que padecía esquizofrenia paranoide, se definía como “ornitólogo, filatelista y filántropo” (hay una escena genial, en helicóptero, en la noche, con cocaína, construida sobre estas tres palabras), era, además, aficionado a las armas. La vida de este personaje, que murió en 2010, fue en verdad más extraña y extravagante que la ficción. Lo que se ve en la película son algunas capas. Simplemente googleen “Du Pont”.
No conviene revelar mucho más de la trama, que es bastante fiel a los dramáticos hechos que ocurrieron en la realidad. La frialdad de la fotografía, responsabilidad de Greig Fraser (el mismo de Déjame entrar y La noche más oscura) envuelve la historia en velos turbios y siniestros. Foxcatcher es como una película de los Coen pero sin humor.
La madre de Du Pont (Vanessa Redgrave) aparece de un modo fugaz, pero es una figura de peso en la vida de este sujeto. Y el hecho de que apenas se la vea, que su presencia sea tan espectral, la vuelve más inquietante. Cuando llega al gimnasio en Foxcatcher, en silla de ruedas, acompañada de una enfermera, a ver un entrenamiento, se produce una secuencia que es perturbadora, tensa, amenazante, triste y patética. Y es todo Carell. Lo de este actor es soberbio de principio a fin, pero los otros dos son unos titanes. El personaje de Ruffalo no es solo el luchador dentro y fuera del ring, el barbudo que se está quedando pelado que hace de padre, entrenador y guía de su hermano, el buen esposo y buen padre, perfecto, pero también es alguien que buscando la conciliación realiza acciones bastante complejas, que quizás incluso puedan interpretarse como traiciones a sus propios valores. Y Tatum, que no es ningún prodigio, sale olímpico en esta prueba de fuego que demanda más trabajo de lo que parece. Mark es un personaje que trabaja con su cuerpo y que pelea con un ser oscuro que le está comiendo la mente. Y no es Du Pont.
Foxcatcher. EEUU, 2014. Director: Bennett Miller. Guión: Dan Futterman, E. Max Frye y Kristin Gore. Con Steve Carell, Channing Tatum, Mark Ruffalo, Sie-nna Miller, Anthony Michael Hall, Vanessa Redgrave. Duración: 129 minutos.