Reto global del cambio climático: implicancias para América Latina y el Caribe

Reto global del cambio climático: implicancias para América Latina y el Caribe

Marcel Vaillant y Pablo Sanguinetti*

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Nº 2254 - 7 al 13 de Diciembre de 2023

Esta columna inicia una serie de tres. En esta primera se presentan las características de la región con relación a la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) y cómo es posible derivar hacia un alineamiento común. La segunda columna describirá los mecanismos de precios al carbono que se están aplicando a escala global. La tercera discute lineamientos para diseñar una estrategia armonizada en relación con las políticas de mitigación y gestionar las amenazas que se generen en virtud de la aplicación de distintas medidas que afectan al comercio internacional.

El cambio climático se ha constituido en un reto global que ha llevado a importantes negociaciones internacionales. El objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que se vinculan al incremento en la temperatura del planeta con significativos costos económicos y sociales.

El resultado de las negociaciones multilaterales se plasmó en compromisos de reducción de emisiones de GEI que fueron acordados en el Acuerdo de París (COP21) a través de las contribuciones nacionales determinadas (NDC, por sus siglas en inglés). Las metas comprometidas en los NDC por los países en general tienen objetivos intermedios de reducción de emisiones a 2030 y luego la meta a 2050, donde se busca llegar a una situación de neutralidad de carbono, sobre todo en el caso de los países desarrollados. En América Latina y el Caribe (ALC), entre los años 2020 y 2022, una mayoría de países (20 de 33) actualizó sus compromisos de reducción de emisiones. Para el caso de las seis economías más grandes (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, y Perú) el promedio de caída comprometida es de 34% para el 2030 respecto del escenario sin cambio en las políticas (BAU, por sus siglas en inglés). Ello implica reducciones respecto de los valores observados de emisiones en años recientes relativamente bajos, por ejemplo, entre 11% y 12% en 2030 respecto a 2019 en los casos de Argentina y Brasil. Por otro lado, solo unos pocos países se han comprometido a llegar a cero emisiones netas en el 2050. Tendencias similares se observan en otras economías en desarrollo.

A escala global, y en particular en los países más ricos, los desafíos más importantes para la mitigación del cambio climático tienen que ver con lo que se ha dado en llamar la transición energética, esto es, reemplazar la energía basada en el uso de combustibles fósiles por aquellas de fuentes menos contaminantes. Para el promedio del mundo (donde pesan en forma muy relevante los países desarrollados) el 75% de las emisiones se producen en el sector de la energía (electricidad, transporte, calefacción e hidrocarburos que se usan en los procesos industriales). En América Latina y el Caribe la presencia de importantes recursos hidroeléctricos y de energías renovables implica que en la región solo el 43% de las emisiones provengan de estos sectores. En su lugar, la mayor parte de las emisiones se producen en la agricultura y los cambios en el uso de la tierra y la forestación (Afolu, por sus siglas en inglés).

En el gráfico, diferenciando por sector de actividad, se comparan las regiones emisoras de GEI. Se ordena por relevancia de cada área geográfica en relación con su aporte a los GEI globales medido en CO2 equivalente (millones de toneladas) y por sector de actividad. Los datos son para el año 2019 y la fuente es Climate Watch. Dentro de América Latina y el Caribe la región más importante es Sudamérica, que se destaca por las actividades Afolu. Ocupa el tercer lugar en emisiones debido a cambios en el uso de la tierra liderado por África y el sudeste de Asia y lo mismo ocurre para el caso de la agricultura.

Para los países más ricos, una política muy relevante para la mitigación de las emisiones y el apoyo a la transición energética es el uso de impuestos al carbono o de sistemas de comercio de permisos de emisiones que deben pagar las empresas eléctricas o los sectores industriales intensivos en el uso de energía. En América Latina y el Caribe las actividades de agricultura y forestación no se ajustan tanto para el uso de impuesto al carbono o comercio de permisos, sino en regulaciones que fomenten el cambio en las prácticas agrícolas y los límites a la desforestación.

Estas particularidades deben dar a América Latina y el Caribe incentivos definidos para tener una agenda propia y común en materia de cambio climático en la que debe hacer valer las características de la región en términos de fuentes de emisiones. Primero, porque el origen Afolu de los GEI es de segundo orden en términos comparados a los combustibles fósiles. Segundo, porque a diferencia del caso de los combustibles fósiles las mediciones y las imputaciones de coeficientes técnicos referidos a contenido de carbono se encuentran en revisión y permanente cambio. La dirección que adoptó este cambio ha sido en reducir la relevancia que tienen. Por ello es que la región debería aportar elementos para establecer metodologías de medición y certificación de estas fuentes de GEI. Además, algunas actividades Afolu tienen un potencial de convertirse en sumideros de carbono y aportar un balance neto negativo en términos de emisiones. Por todo ello, América Latina y el Caribe tienen una oportunidad en armonizar sus políticas de mitigación y simultáneamente unificar la voz en el ámbito de los foros internacionales especializados en el tema.

 

Fuente: Climate Watch