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Volvió Caetano. Eso sienten quienes durante los últimos 15 años extrañaron el sonido orquestal que acompañó al bahiano durante el período medular de su carrera, a lo largo de los años 80 y 90 y los inicios de siglo. Ese sonido sofisticado, matrizado por el oído del violoncellista Jaques Morelenbaum, arreglador y director musical de la banda de Caetano en discos como Livro y Fina Estampa, y en sus giras más recordadas, como la que quedó inmortalizada en el disco en vivo Noites do Norte. Con Cê, en 2006, su música tuvo un largo período signado por su retorno a la estética cruda y rockera de sus años de exilio, que atravesó sus últimos discos, en los que estuvo acompañado por sus hijos y por su parceiro histórico, Gilberto Gil (tuvimos el privilegio de ver ambos shows en Montevideo, ciudad que Caetano visita religiosamente en cada gira desde más de una década).
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Pero además Meu coco (mi cabeza, en el habla popular brasileña) es un acontecimiento, porque el bahiano, que aunque no lo parezca se acerca a cumplir 80 años, no publicaba un álbum de canciones inéditas en casi una década (desde Abraçaço, de 2012). Son pocos los grandes talentos de la música popular que mantienen la creatividad y la originalidad en sus ideas durante un período tan extenso. Desde los años 60 no pasan dos o tres años sin un disco de Veloso, que en intensidad de trabajo y calidad artística juega en las mismas ligas que McCartney, Dylan, Patti Smith o, aquí mismo, Hugo Fattoruso y Rubén Rada, otros dos que hace 50 años no bajan de un disco por año.
Meu coco es un disco sumamente ecléctico, en el que Morelenbaum vuelve a ser protagonista, con toda la variedad de timbres que esto implica, desde el chelo, el instrumento que hizo del carioca un gran intérprete, arreglador y director de orquesta excepcional, hasta una amplia gama de colores sinfónicos. Basta escuchar canciones como Anjos tronchos, Autocalanto, GilGal (dedicada a Gilberto y a Gal Costa, otra de sus hermanas musicales) para apreciar la vitalidad artística de Caetano, en un disco que condensa 12 canciones fruto de la inspiración acumulada en esta última década. Además, una vez más, estamos ante un Caetano con la pluma afilada, pronta para lanzar sutiles ironías políticas y sociales con la dimensión poética que ha hecho de él uno de los principales cantautores no solo de Brasil, sino del planeta.