• Cotizaciones
    sábado 07 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Rigurosa crónica familiar

    “La mirada del hijo”

    Las relaciones madre-hijo —sobre todo las conflictivas, como hay muchas— suelen merecer retratos de una franqueza casi brutal, se diría que incómoda y hasta ingrata. Basta recordar la reciente “Algunas horas de primavera” (Stéphane Brizé, 2012) como uno de esos últimos ejemplos de contundencia demoledora. Ahora llega La mirada del hijo —Oso de Oro en Berlín para la película y su director Calin Peter Netzer— que es una nueva muestra de cómo una madre posesiva puede destruir a un hijo (único) por exceso de amor, sobreprotección y desprecio por sus decisiones y su individualidad.

    Parte del mérito en este trabajo le compete al colibretista Razvan Radulescu, a quien ya se conoce acá por sus anteriores y excelentes contribuciones para “4 meses, 3 semanas y 2 días”, de Cristian Mungiu, y “La noche del señor Lazarescu”, de Cristi Puiu. Allí había suficientes razones para creer que el cine rumano estaba asistiendo a un verdadero renacimiento y La mirada del hijo lo confirma. La diferencia es que en esos títulos la mirada estaba puesta en gente humilde y trabajadora (lo que en un país que fue comunista debería ser un dato importante), y ahora se centra en una mujer perteneciente a los sectores de mayor poder económico, arquitecta y con mucha influencia en las esferas políticas.

    Es así que Cornelia (la excelente Luminita Gheorghiu), una sexagenaria muy elegante y aún hermosa, se entera de que su hijo Barbu (Bogdan Dumitrache) acaba de atropellar a un chico adolescente causándole la muerte, y sin cuestionar la responsabilidad de ese hombre de casi 40 años se apersona en la comisaría con el único fin de sacarlo en libertad y excusarlo del hecho. Por lo que se ve, Barbu no está muy interesado en que esa madre autoritaria —que además concurre a la comisaría de un barrio humilde envuelta en pieles y pretendiendo hacer valer sus privilegios— intervenga en el asunto, pero se somete igualmente a que ella impunemente modifique el parte policial haciéndole cambiar su declaración de que conducía con exceso de velocidad y bajándola al límite reglamentario, ante la pasividad de los policías presentes que no se animan a enfrentarla.

    Con esa sola escena inicial, quedan establecidas varias premisas: que ella está dispuesta a cualquier cosa con tal de sacar a su hijo de esa difícil situación; que está acostumbrada a hacerlo desde una posición dominante y con el dinero suficiente para untar manos de testigos y demás obstáculos; que el hijo es y ha sido siempre un pelele en sus manos, y aunque la repudie y la insulte terminará por hacer lo que ella quiera; que los damnificados por el accidente (padres y hermanos de la víctima) no son tomados en cuenta más que para encargarse, tal vez, de aliviarles los gastos del sepelio. En el medio queda el dócil marido de Cornelia (un médico veterano que prefiere no enfrentarla) y Carmen (Ilinca Goia), la compañera sentimental de Barbu a quien ella detesta (por supuesto) y tampoco respeta.

    Ese panorama familiar está pintado por libreto y dirección con diálogos muy precisos pero con una formulación visual muy sólida, con primeros planos expresivos registrados siempre con cámara en mano, que va de un lado a otro buscando gestos esclarecedores, silencios significativos, miradas elocuentes y detalles que enriquezcan la anécdota. Hay dos escenas determinantes, cuando Cornelia invita muy democráticamente a su empleada doméstica (que también es la de su hijo) a tomar un té pero lo que quiere es sacarle información acerca de los comportamientos privados de la pareja, inclusive si su hijo ha leído los libros de Orhan Pamuk y Herta Müller que ella le ha regalado. “Son ganadores del premio Nobel, ¿sabes?”, le dice a la muchacha que no tiene la menor idea de lo que le está señalando, en una sutil demostración de cómo hacer sentir su superioridad, de cuál es la medida de sus valores y hasta dónde llega su intromisión en la vida ajena. Otra aún más contundente es un diálogo cara a cara (lo que se sabe no es muy frecuente) entre Cornelia y Carmen, donde se revelan intimidades sexuales y de las otras, con una franqueza inesperada y perturbadora.

    Eso es todo y no es poco. Dramáticamente se plantea la situación de una relación tirante entre madre e hijo pero más allá se pinta una nueva situación social donde una clase rica dominante y corrupta ha sustituido (o tal vez prolongado) a las antiguas jerarquías del régimen de Ceaucescu. Hay un final demoledor donde realmente los protagonistas deben enfrentarse con las verdaderas consecuencias de aquel accidente inicial. La escena es conmovedora y aleccionante, pero de alguna manera sugiere que el verdadero centro del asunto estaba enfocado en “la postura del hijo”, correcta traducción que aparece en los subtítulos de la película y que simboliza toda una actitud de cobardía y dependencia, más general seguramente que la situación individual de un hijo sometido por una madre dominante y autoritaria, reflejo de tiempos recientes y traumáticos.

    “La mirada del hijo” (Pozitia copilului). Rumania, 2013. Dirigida por Calin Peter Netzer. Escrita por Calin Peter Netzer y Razvan Radulescu. Duración: 112 minutos.

    // Leer el objeto desde localStorage