Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn estas líneas se presenta la iniciativa de Boleto Cultural. Se trata de aprovechar la tecnología del STM a fin de colaborar en el consumo de bienes culturales que se ofertan en la periferia de Montevideo.
Se propone que el desplazamiento hacia barrios periféricos, donde existe oferta cultural regular, pública o mixta, pueda hacerse pagando el costo de un boleto de estudiante.
El procedimiento sería el siguiente: cuando se desee llegar a un punto de la periferia donde hay oferta cultural, se podrá subir a un ómnibus y solicitar el boleto cultural X (X = nombre del barrio o zona). No importa el lugar de partida. Sí importa el lugar donde acceder al regreso, como veremos.
Tomemos como ejemplo el caso del barrio Peñarol. En su centro histórico (Av. Sayago y Bv. Aparicio Saravia) hay oferta de artes escénicas, de recorrido patrimonial, biblioteca, centro de barrio con diversidad de productos, escuela pública con dos horarios, club de niños, jardín de infantes, CAIF, centro de lenguas. Todo esto se ofrece en un radio de tres cuadras, en inmuebles que son monumentos históricos nacionales y propiedad de AFE. El conjunto es candidato a patrimonio cultural Unesco.
El boleto cultural funcionaría así:
• En algún punto de la ciudad —cualquier parada— alguien quiere llegar a Peñarol.
• Sube a un ómnibus y pide un boleto cultural Peñarol. Ese boleto tiene una vigencia de seis horas, dos para cubrir los viajes de ida y vuelta y cuatro para el consumo cultural y el trato social.
• A la vuelta, con el boleto cultural Peñarol solo se podrá salir desde las paradas ubicadas en el centro del barrio:
- Aparicio Saravia y Sayago (ambas).
- Aparicio Saravia y Estrella del Sur (ambas).
- Aparicio Saravia y Coronel Raíz (las cuatro).
- Coronel Raíz y Goethe (ambas).
Puede objetarse que sería posible utilizar este beneficio para trasladarse a Peñarol por otros motivos. Esto es inevitable, pero no sería un volumen importante, ya que las razones para ir al barrio, fuera de las mencionadas, son pocas.
¿Habrá beneficio de interconexión, es decir, subir a una línea, bajar y subir a otra a fin de llegar al destino deseado? Sí, siempre que el regreso comience en las paradas señaladas. No podrá realizarse más que una interconexión (dos ómnibus) a la ida y otra a la vuelta.
Esta propuesta puede tener sentido también para el Cerro (Florencio Sánchez), Casavalle (Sacude), Carrasco Norte (Museo Fernando García), Piedras Blancas (Quinta de Batlle), Lezica (casa de Idiarte Borda y museos del Colegio Pío), entre otros barrios.
En zafras precisas, como el Carnaval, se podría habilitar temporalmente para concurrir a los escenarios populares (sin fines de lucro) de la periferia de la ciudad.
El Boleto Cultural se propone beneficiar, subvencionar el acceso a las periferias. Es una iniciativa para incrementar el consumo cultural que se ofrece en esas zonas, facilitando el viaje desde los centros tradicionales hacia los arrabales y entre estos.
Una propuesta de este tipo no cambia radicalmente la cantidad de usuarios de bienes y servicios culturales. Tampoco es un peso para las empresas de transporte. En buena medida se trata de comercializar capacidad ociosa en los ómnibus.
El propósito es devolver y crear jerarquía en barrios y zonas que se dejaron de visitar o bien constituyen una novedad de estos últimos tiempos, como es el caso de Sacude en Casavalle.
Contaba Mariano Arana en una conversación informal que cuando era joven iba a pasear con su familia a las cervecerías del Cerro. El Cerro como tal era entonces un paseo de todos los montevideanos y de turistas. Hoy ya no es así. Entre otras cosas, un manto de oscuridad relacionado con la violencia ha destrozado una de las áreas más ricas paisajísticamente de la ciudad, un barrio ordenado y abierto a los paseantes.
Las terminales de los tranvías privados generaban también sus convocatorias. Fue el caso del parque Capurro, un destino con valores en sí mismo, con actividades sociales y un microurbanismo de excelencia.
Contemporáneamente, a partir de la obra de la plaza Liber Seregni —y un poco antes también—, la Intendencia de Montevideo ha llevado adelante una tarea de recuperación y realización de espacios públicos. Esto se puede constatar en Peñarol, Casavalle, Sayago Norte, Capurro, Tres Cruces, Goes, los alrededores del Antel Arena, el arroyo Miguelete desde al menos Casavalle, pasando por Propios, hasta su desembocadura. Se suman también plazas de menor porte, como la de Tres Cruces y la de Gallinal y Sancho Panza (barrio Larrañaga). Son espacios de vecindad que en algunos períodos, en general cortos, muestran insuficiencia de mantenimiento, sin llegar al abandono.
Montevideo debería proponerse incrementar aún más los servicios en barrios distantes de los centros tradicionales y de los shoppings.
El fallecido Elder Silva llevó adelante durante más de dos décadas la gestión del Teatro Florencio Sánchez, en el Cerro, como un complejo cultural de artes performativas y talleres de plástica, teatro, exposiciones, etcétera. Parte del posicionamiento de marketing fue “un teatro de barrio para todo Montevideo”, y ese era su decir y hacer, pero también mencionaba humildemente que no tenía las facilidades para conquistar recursos que tiene el Solís. La capacidad de lobby de este escenario centralista, gestionado por personas que forman opinión dentro y fuera de la IM, no ha favorecido la actividad descentralizada.
Otro ejemplo centralista es la obra detenida del Espacio Lorca, en Av. Brasil y Chucarro. Se trata de una inversión del MEC para vecinos de nivel educativo alto, con fuerte bagaje cultural, que pueden pagar por espectáculos, trasladarse con facilidad, contratar cuidadores para niños y adultos mayores… Todas variables insuficientes en los arrabales cuando se procura promover el consumo de bienes culturales.
El boleto STM cultural no solo favorece la descentralización de los servicios de este tipo, sino que amplía, amplifica las instancias de interacción con otros actores, como en este caso las compañías de transporte. Parte de la “buena salud” de los servicios culturales radica en generar asociaciones no solo en el universo público, sino también en el privado con y sin fines de lucro.
Con esas premisas se formula esta propuesta, que prestigia asimismo a las empresas de ómnibus. Hay más acciones para poner sobre el papel y valorar su ejecución a fin de mejorar el uso de espacios públicos y servicios culturales de la periferia de Montevideo.
Manuel Esmoris
Maestría “en Gestión Cultural
Universidad de Barcelona