—¿Qué lecciones se pueden sacar de la sequía que sufrió San Pablo en 2014 y 2015, catalogada como la peor en 80 años y que afectó el abastecimiento de agua?
—¿Qué lecciones se pueden sacar de la sequía que sufrió San Pablo en 2014 y 2015, catalogada como la peor en 80 años y que afectó el abastecimiento de agua?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Tenía la esperanza de que esa sequía nos enseñara que tenemos que gestionar mejor nuestras aguas, que tenemos que pensar en la resiliencia de los sistemas, porque uno no se puede fiar del clima. La verdad, quien salvó San Pablo fue San Pedro, porque (luego de la sequía) vino un año en que llovió muchísimo. Como llovió mucho, de cierta forma no se tomaron las lecciones. Deberíamos haber aprendido pero no se aprendió, eso es lo que me preocupa más. San Pablo (que tiene 12 millones de habitantes en la ciudad y 44 millones en todo el estado), continúa utilizando el agua como si no hubiera mañana y como si fuera una sustancia abundante y no lo es.
La contaminación es muy fuerte. Ha sido positivo que los sectores económicos hayan buscado formas de mayor racionamiento pero todavía el sector del abastecimiento tiene mucho que hacer para disminuir las pérdidas del sistema. Parte de la población todavía no se ha concientizado y hay que continuar con las campañas. El problema del agua en San Pablo no es más algo temporario, es algo con lo que vamos a tener que convivir toda la vida. La gente dijo “ha llovido, no hace más falta el agua” y eso es preocupante.
—¿Cómo evalúa el rol del gobierno durante la crisis?
—Estábamos en período de elecciones y entonces no se quería crear un contexto de crisis. El gobierno es el mayor accionista de la empresa de agua y eso pesa. Siempre actuó en sentido de disminuir el impacto de la crisis y decir “no, no, está todo bien”.