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    domingo 23 de junio de 2024

    Sanguinetti convencido de qué ganó cuando paró la hemorragia de votos de derecha

    Fue como si una gran perilla hubiera llevado a cero el volumen dentro de la Casa del Partido Colorado. Eran las 0.31 horas del lunes 28. La única voz que se escuchó por unos segundos fue la del politólogo Luis Eduardo González que desde una pantalla gigante y en base a proyecciones de datos primarios anunciaba el resultado de la elección. La explosión de júbilo fue ensordecedora. Parado entre el público, Julio Sanguinetti cerró los ojos por un momento, se mordió el labio inferior y luego dijo: “¡cómo costó!”.

    Larga y tensa fue para Sanguinetti la jornada cívica que terminó por darle un segundo mandato presidencial, galardón que sólo ostentaban otros dos colorados: Fructuoso Rivera, fundador del partido, y José Batlle y Ordoñez, principal ideólogo de esa colectividad.

    Julio María Sanguinetti vota en el colegio y liceo Elbio Fernández. Foto: Archivo Búsqueda

    “Muchas cosas”

    Durante la hora y media de cola que hizo para votar en el colegio y liceo Elbio Fernández, sobre el mediodía del domingo, Sanguinetti se quejó porque el día anterior militantes radicales del Frente Amplio habían insultado y agredido a un grupo de sanguinettistas que estaban en un club de la avenida 18 de Julio. Por esa hora el Foro Batllista denunció además ante la Corte Electoral agresiones en otras zonas de Montevideo y la ruptura de hojas de votación en varios circuitos.

    “Cambiarían muchas cosas si eso ocurre”, dijo el presidente electo cuando en la cola de votación un periodista le preguntó qué variaría en el país si él ganaba las elecciones. Después, el líder forista recorrió algunos barrios de Montevideo y se fue a su casa de Punta Carretas para almorzar y dormir la siesta.

    Al atardecer, pasó por el domicilio de su ex canciller Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con quien mantuvo una larga charla, y luego se encaminó hacia la sede del Partido Colorado a esperar los resultados del escrutinio.

    El líder forista reapareció públicamente ante las cámaras de televisión a las 20.45 cuando llegó a la sala de convenciones de la sede colorada en donde el Foro Batllista instaló su cuartel general. Lo esperaban caras preocupadas. Los primeros datos electorales recibidos por los dirigentes sanguinettistas encargados de los cómputos indicaban que en el interior el coloradismo había votado mejor de lo esperado pero que lo estaba haciendo muy mal en la capital.

    “Ni animado ni desanimado”, respondió Sanguinetti cuando se le preguntó sobre su estado de ánimo. Al ingresar a la sede partidaria, una mujer le dijo erróneamente a la esposa de Sanguinetti, Marta Canessa, que el plebiscito de la educación estaba triunfando. “¿Y qué querés? Son 30 años de frustración de maestros, de profesores...”, respondió Canessa mientras se perdía entre la multitud.

    Julio María Sanguinetti tras votar. Foto: Archivo Búsqueda

    “Ganamos”

    El estado de ánimo de los sanguinettistas variaba al ritmo de las estimaciones que llegaban por la televisión. Cuando la larga noche del domingo recién comenzaba, una mujer se puso a llorar frente a uno de los televisores instalados en la casa colorada al escuchar que un encuestador adelantó el previsible triunfo del EP en Montevideo.

    Sanguinetti estaba entonces molesto porque el Canal 10 de televisión difundía una y otra vez una encuesta de boca de urna del Instituto de Estadística de la Universidad de la República realizada a primeras horas de la tarde según la cual la izquierda también estaba primera en todo el país.

    “Dame datos concretos porque bolazos sobran”, le dijo Sanguinetti a su secretario personal, Ernesto Laguardia, quien repetía una y otra vez que el Partido Colorado iba a ganar “como Peñarol, con un gol en la hora”.

    También con un término futbolístico el senador Pablo Millor saludaría horas mas tarde al ya triunfante Sanguinetti: “ganamos en los penales”, le dijo.

    Justo cuando Sanguinetti reclamaba datos precisos, sobre las 21:50, la televisión mostró proyecciones sobre Montevideo y Canelones. “Ganamos” dijo Sanguinetti para sí mientras miraba la pantalla gigante desde un rincón de la sala. Después se dio media vuelta y con una sonrisa en los labios agregó: “si esos resultados se mantienen, seis puntos de diferencia en Montevideo y en Canelones (sobre el Partido Nacional), ganamos”.

    La tensión que se vivía en la sala de las convenciones coloradas tuvo un primer escape en gritos y abrazos cuando la televisión anunció que el Partido Colorado se había impuesto definitivamente en Canelones. Sanguinetti cerró los puños y los sacudió frente a su pecho.

    Pero las pantallas bombardeaban con otros datos poco auspiciosos para los sanguinettistas. El EP lograba una buena votación en Paysandú y alcanzaba 45% de las adhesiones en la capital, lo que podía catapultarlo al primer lugar.

    Emma, la hija del presidente electo, hizo una mueca y se llevó las manos a las sienes. Sanguinetti se sentó a su lado y estuvo allí un largo rato. Una pareja se acercó a saludarlo. En una breve conversación Sanguinetti les señaló que la gente dice cosas de él, como que es “soberbio” y que eso “al final queda”. Durante el debate con Vázquez “decían que estaba nervioso porque gesticulaba, ¡¿y que voy a hacer?, yo gesticulo!”, les comentó.

    ¿Por qué ganó?

    De pie entre la gente, Sanguinetti, ya vislumbrando la victoria, comentó a algunos allegados las razones que, según él, le permitieron revertir una tendencia adversa en los últimos días de campaña. Mientras que consideró “funesto” para la suerte blanca el debate que Ramírez mantuvo con Vázquez, estimó que él detuvo su caída precisamente tras la polémica con el candidato izquierdista.

    El talante de furibundo cruzado contra el marxismo que exhibió ante Vázquez actuó a su juicio como una compresa para parar la hemorragia de votos de derecha que le estaba ocasionando el acuerdo con Hugo Batalla. Como contrapartida, la polémica Ramírez-Vázquez fue de guante blanco.

    Julio María Sanguinetti y Hugo Batalla en la sede colorada. Foto: Archivo Búsqueda

    La espera final

    Sobre la medianoche, el nerviosismo había empezado a ganar a la multitud que no se movía del lugar. Hugo Fernández Faingold, jefe de la campaña sanguinettista y encargado de los cómputos, le trasmitió a Sanguinetti que con los resultados conocidos su victoria era casi un hecho. “Hay que esperar”, ordenó Sanguinetti, y razonó: “todavía faltan muchos circuitos rurales y sabemos que ahí el Partido Nacional vota bien”.

    Viendo que la expectativa se hacía insostenible entre los colorados, Sanguinetti comenzó a recorrer lentamente la sala de las convenciones. “Vamos bien, pero hay que esperar”, fue el mensaje que trasmitió por todos los rincones del enorme salón.

    En eso estaba cuando un profundo silencio ganó la sala. Una vez que por Canal 12 González dio la buena nueva a los colorados, Sanguinetti caminó varios metros entre saludos, gritos, papeles y banderas. Llegó hasta donde estaba su esposa, la abrazó con fuerza y sus ojos no pudieron ocultar la emoción.

    Volonté fue el primero en llamarlo por teléfono en la madrugada del lunes. “Que hacés hermano”, lo atendió Sanguinetti en su celular. “Bárbaro, los espero”, le dijo cuando Volonté le trasmitió que él y su compañero de fórmula, Alvaro Ramos, tenían intenciones de ir a saludarlo. Sin embargo, el candidato blanco le señaló que sus seguidores le pidieron que esperara unas horas para reconocer la derrota y él no quería defraudarlos. “Está bien... me parece bien”, le respondió el presidente electo.

    El grito de “Y ya lo ve, somos gobierno otra vez” desbordaba entonces la sala del Partido Colorado. Minutos después llegó el candidato quincista Jorge Batlle quien se estrechó en un abrazo con Sanguinetti.

    Victorioso ya y ante la bulliciosa multitud, Sanguinetti atribuyó su triunfo a “la fuerza popular del batllismo”. En ese discurso dijo además que el objetivo central de su gobierno será el de transitar “de una economía nacional a una regional” que permita al país “crecer” y “llevar adelante los objetivos sociales”. Poco después de estas palabras, Hugo Batalla apareció en la sede colorada, abrazó a Sanguinetti y le dijo al oído: “gracias por tu confianza”.

    Información Nacional
    2022-10-30T16:52:00