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    Se consolida una mayor participación laboral de la mujer, si bien persisten las condiciones desiguales frente a los hombres

    Más mujeres llegan a la Universidad que en el pasado. También son más las que trabajan, y si bien se redujo la brecha salarial con los hombres, persisten desigualdades en cuanto al acceso, permanencia y ascenso laboral. Su “segregación” es marcada en el campo, pero lograron una mayor presencia en ámbitos políticos. Sin embargo, ese no fue un proceso significativo y prima la postura de hacer lo “políticamente correcto” para “no pasar vergüenza a nivel internacional”.

    Esas y otras constataciones surgen de nueve análisis preparados con la participación de profesionales de las Facultades de Ciencias Sociales y de Psicología de la Universidad de la República, en el marco de un convenio con la Dirección de Planificación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP). El género como área temática constituye uno de los pilares que aborda el proceso de elaboración de la Estrategia Nacional de Desarrollo-Uruguay 2050 en la que trabaja esa repartición gubernamental.

    Búsqueda sintetiza a continuación estos documentos, identificados como “diagnósticos prospectivos en brechas de género y su impacto en el desarrollo”.

    Demografía.

    Desde el punto de vista demográfico, se identifican como “tendencias consolidadas” el “mantenimiento de una población envejecida feminizada” y la reducción de las tasas de fecundidad. También se constata un aumento de los hogares unipersonales y monoparentales a cargo de mujeres, así como de las uniones consensuales.

    Con respecto a lo reproductivo, las mujeres de niveles educativos y socioeconómicos medios y altos vienen atrasando la concepción del primer hijo, probablemente motivadas por las exigencias del ámbito profesional y laboral.

    Trabajo.

    El incremento de la participación laboral femenina es otra “tendencia consolidada” en el mercado uruguayo (su tasa de actividad pasó de 50,8% en 2006 a 55,4% en 2015), mientras las condiciones en que se insertan “se han mantenido prácticamente inalteradas”: persisten desigualdades en cuanto al acceso, permanencia y ascenso a los puestos de trabajo. Uno de los factores que continúa explicando las desigualdades de género en este plano es la inequitativa distribución del trabajo doméstico y de cuidados en el hogar.

    La brecha salarial se redujo en años recientes: pasaron de cobrar 29,3% menos que los hombres en 1990 a 16,4% en 2014. Eso se explica en parte por el descenso de la diferencia entre quienes poseen mayor nivel educativo.

    Conforme con uno de los estudios, los Consejos de Salarios constituyen una oportunidad para el avance de la situación laboral de las mujeres. Citan datos del Ministerio de Trabajo según los cuales las cláusulas de género —relacionadas a la igualdad de trato y oportunidades— fueron en aumento, desde 15% de los grupos en 2005 a 49% en 2010 y a 73% en 2015.

    Educación.

    Se verifica una tendencia de aumento de los años educativos de varones y mujeres, al mismo tiempo que un incremento de la brecha a favor de ellas, producto sobre todo de su incorporación “masiva” en los estudios universitarios. Sin embargo, se ha mantenido un “gran nivel de segregación” por sexo basado en una mayor elección de carreras humanísticas y de carreras artísticas por parte de las mujeres, y un predominio de los varones en ciencias básicas, tecnologías y matemáticas. Ello responde a la división sexual del trabajo que liga a las mujeres a “carreras asociadas al ámbito reproductivo y de los varones a las carreras donde se consideran tienen saberes ‘naturales’, como las matemáticas y las tecnologías“, según uno de los análisis, que cubrió el período 1985-2015.

    Agrega que las mujeres obtienen mayores logros en todos los niveles educativos en cuanto a culminación de ciclos, asistencia, rezago y repetición, de forma independiente al quintil de ingresos. El desempeño es similar en matemáticas y ciencias básicas para ambos sexos en la educación media, pero las mujeres obtienen mejores resultados en lectura. Los investigadores no lograron identificar los factores que explican esas diferencias en Uruguay.

    Como actores que potencialmente se resisten a los cambios en materia de género fueron identificados: “La Universidad, como institución, sus reglamentos y los sesgos androcéntricos que persisten en varones y mujeres que tienen puestos de decisión en todos los niveles del cogobierno (estudiantes, egresados, docentes)”.

    Participación.

    Aunque ha habido un incremento paulatino de la presencia de mujeres en cargos electivos y designados en todos los niveles de gobierno a lo largo de la posdictadura, este no fue un proceso “significativo y acumulativo”, según otro de los estudios. “Prima una postura de hacer ‘lo políticamente correcto’, sobre todo para no pasar vergüenza a nivel internacional”, agrega.

    Fueron 19 mujeres las que ocuparon cargos ministeriales o de subsecretarias desde el retorno de la democracia, aunque solamente siete permanecieron en funciones durante todo el período. En más de la mitad de las empresas públicas la presencia femenina entre sus autoridades es “muy reciente o precaria. Donde parece haber una mayor consolidación de una presencia femenina es en el BPS, la ANEP y la Universidad de la República”, señala. En el Parlamento, la aplicación de la ley de cuotas en las elecciones de 2014 generó un aumento de la participación, con 26 mujeres asumiendo bancas en febrero de 2015.

    Al explorar posibles explicaciones, se indica que es probable que la “menor autonomía económica de las mujeres uruguayas y su continuada sobrecarga de trabajo no remunerado operen como factores de desventaja para que participen en política en igualdad de condiciones con sus pares varones, por lo menos en ciertas etapas de su vida”. Pero más allá de eso, las mayores “trabas” para una representación política igualitaria de mujeres y hombres “deben buscarse en la arquitectura del sistema electoral”, así como en los “procesos institucionales y prácticas políticas discriminatorios y excluyentes que siguen caracterizando la política uruguaya”. Se alude en concreto a las bajas magnitudes de distrito” (departamentos) y el “alto índice de fraccionalización partidaria”. Además, “las listas se arman ‘a dedo’, según criterios tácitos y subjetivos que privilegian una visión androcéntrica de la actividad política”.

    Cuidados.

    Otro de los estudios constató que la “configuración de la demanda de cuidados en Uruguay se está modificando” ya que está perdiendo peso la infantil, al mismo tiempo que ha aumentado la proveniente de las poblaciones mayores, como “claro fruto del envejecimiento de la población”. Paralelamente, los cambios familiares de las últimas décadas, con la reducción de los hogares tradicionales (mujer ama de casa y varón proveedor), lleva a que ellas estén cada vez menos disponibles para el cuidado de hijos y nietos, por ejemplo. 

    Hacia adelante, plantea que si el Sistema Nacional de Cuidados y las políticas públicas lo promueven, se verá una disminución de la segmentación en el acceso a los servicios de cuidado entre distintos sectores socioeconómicos. Mientras, el sector empleador es un actor que puede plantear “obstáculos en la generación de medidas de corresponsabilidad, sobre todo aquellas que les insuman costos, pero es clave su involucramiento”.