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    Sendic, el Derecho y la Justicia

    Sr. Director:

    El desenlace que tuvo la instancia judicial del vicepresidente de la República, con el pedido de archivo por no encontrar la Fiscalía delito que se ajustara al caso, era previsible de acuerdo a los profesionales del derecho. No obstante lo cual nos deja a muchos ciudadanos una sensación de incomprensión sobre cómo funciona la administración del Estado, las leyes y decretos que lo sustentan y, por lo tanto, lo que la Justicia define y decide. Y nosotros acatamos, sabedores y conscientes de lo imperfecto de toda actividad humana.

    Para quienes somos meros ciudadanos y venimos de una generación en la cual los valores y principios republicanos y democráticos se custodiaban, se compartían y sobre todo se nos inculcaban en plena libertad de cátedra, la sensación de incomprensión y pérdida es mayúscula. Se valora lo que se perdió, y eso fue decayendo en las generaciones siguientes.

    Pruebas al canto: cursé preparatorios de medicina en el Instituto Uruguayo de Estudios Preparatorios (Iudep), y en el segundo año del ciclo tuvimos seis materias, Biología, Física y Química, más tres profesores de humanísticas que nos dedicaron sus mejores dotes como educadores para hacernos ciudadanos. En Literatura, Alfredo de la Peña, dramaturgo, actor de teatro, integrante de Telecataplum; imposible olvidar sus clases que encendían nuestra curiosidad e imaginación; las de la “Ilíada” las recuerdo hasta hoy. En Derecho Usual o Introducción al Derecho, Javier Barrios Amorín, destacado abogado rochense que venía de ser senador de la República. Sus clases, con un tono coloquial y sin aspavientos, eran una invitación al diálogo y la reflexión; no nos enseñaba, nos invitaba a aprender y nosotros aprehendíamos ilusionados los conceptos; un maestro vocacional de ciudadanos, un guía para la juventud. Y en Filosofía, Nelson Pilosof, inolvidable, el broche de oro, el guía que nos orientaba para descubrirnos y descubrir el mundo que nos rodeaba. Recuerdos miles, pero entre todos hoy, con motivo del fallo judicial de marras, me surgió el de una clase en que se conversaba sobre justicia y nos llevó al derecho y obligaciones ciudadanas. En determinado momento pregunté algo referido a la relación jerárquica entre la Justicia y el Derecho, y hasta el día de hoy tengo la sensación de haberle tocado la fibra esencial más íntima, las convicciones más profundas. Por media hora el habitual diálogo se transmutó en una encendida clase magistral centrada en un autor uruguayo, abogado él, fallecido ya que había sido su profesor en Facultad, que escribió —y ejerció en lo cotidiano— el “Decálogo del Abogado”: Juan Eduardo Couture. Hasta ese día un desconocido, Couture pasó a ser una gloria nacional a nivel universal. En la clase siguiente me llamó aparte y para mi desconcierto me agradeció la pregunta y me obsequió un ejemplar del libro que atesoro hasta hoy.

    Si bien el decálogo refiere específicamente a los abogados, es aplicable a cualquier profesión o actividad y, sobre todo, a los ciudadanos. Ayuda a entender y comprender, a aceptar sin perder la esperanza ni la fe, al bien pensar y el bien hacer. A título de ejemplo, tres de los diez:

    “4º) Lucha. Tu deber es luchar por el Derecho: pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la Justicia, lucha por la Justicia.

    7°) Ten paciencia. El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.

    8°) Ten fe. Fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad sin la cual no hay Derecho, ni Justicia, ni paz.”

    En suma, para muchos ciudadanos estoy seguro que el archivo de la causa judicial lejos está de ser un final del agravio cometido porque:

    a) La lucha por los principios, los valores y la ética no tienen fin.

    b) Es necesaria la paciencia, que no es resignación, pues la verdad y la justicia se sobrepondrán a los engaños y la circunstancial aplicación del derecho según las leyes vigentes.

    c) Y sobre todo mantener la fe, la esperanza y la consiguiente acción en el derecho, la justicia, la paz y la libertad.

    Esta es la educación y los educadores que el país requiere. No es un problema de primaria, secundaria, técnica o universitaria, de pases sociales, repetición, licenciados, Pisas o currículos. Es todo eso y mucho, muchísimo más, es repensar el país que queremos, no ya para nuestras generaciones sino para las que vendrán.  La crisis de la educación es también de la salud, de la seguridad, de la política, la transparencia, el corporativismo y la ciudadanía.

    ¡El problema con la licenciatura no es el final que tenga, es que no debiera haber tenido inicio! Lo mismo sucede con los otros temas, problemas mencionados, no deberíamos haber dejado que sobrevinieran. Hace falta releer el “Decálogo” de Couture y adaptarlo a todas nuestras actividades para comenzar a revertir el marasmo de la indiferencia y salir del pantano en que nos hemos metido.

    Gonzalo Pou