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    martes 18 de junio de 2024

    Sentido del ocaso

    Nº 2254 - 7 al 13 de Diciembre de 2023

    La teoría de la civilización posiblemente tenga su origen técnico al amparo de la iluminación y su autoría puede muy bien atribuirse al conde de Mirabeau (1749-1791), padre del político de los primeros años de la Revolución francesa, para quien civilizado es aquello que hace posible la vida civil, respetuosa, en cierta forma moral. El término también se utiliza para indicar el estado cualitativo de la sociedad, enfatiza el grado de desarrollo de la cultura como un conjunto de realizaciones espirituales y materiales, en suma, civilización se utiliza como contraste entre la sociedad civil y la barbarie. Si en sociología la teoría de las formaciones “mide” el movimiento social según el principio de las “capas”, cada una de las cuales ocupa su lugar jerárquico, ubicadas verticalmente (abajo, una encima de la otra), entonces la teoría de la civilización compara las sociedades según el principio de originalidad, esto es, de singularidad de su cultura. De ello deriva que el proceso histórico en la dimensión de la civilización se considera como una variedad de sociedades, Estados, que existen al mismo tiempo y se ordenan según sus propios programas culturales (tradiciones, idioma, religión, peculiaridades de la vida, etc.). En la segunda mitad del siglo XX la categoría civilización fue ampliamente utilizada en estudios históricos, sociológicos y filosóficos. El proceso de formación de la teoría de la civilización siempre estuvo acompañado de cambios complejos en el significado del término civilización. Y de ahí que se aislaron y estudiaron por separado diferentes tipos de civilización: global, regional, local; se entendió que las civilizaciones también se distinguen por el sistema socioeconómico, la religión, la raza, el sistema de valores, la ideología.

    Arnold Toynbee, que trabajó bastante con el concepto y buscó relacionarlo con los procesos históricos, llegó a identificar 21 civilizaciones en la historia de la humanidad, de las cuales, en su opinión, solo 13 han sobrevivido hasta el día de hoy y tienen en común disponer de su propia historia y de un “código cultural” original, fuertemente diferenciado. Dice Toynbee que esas unidades están ubicadas en el espacio social y en el tiempo “horizontalmente”, vale decir, sin mayor jerarquía, en situación de convivencia. La teoría en su momento tuvo amplia y en general favorable recepción, sobre todo porque se propuso ordenar la investigación del concepto, recortando sus alcances con base en los ejemplos que fue explicando. Toynbee explicó que las civilizaciones “autodeterminantes” nacen a partir de sociedades más primitivas, no debido a factores raciales o ambientales, sino como respuesta a desafíos, como terrenos duros, nuevos terrenos, golpes y presiones de otras civilizaciones y penalizaciones. Argumenta que para que nazcan civilizaciones, el desafío debe ser un medio dorado; ese desafío excesivo aplastará a la civilización, y un desafío demasiado pequeño hará que se estanque. Las civilizaciones continúan creciendo solo cuando enfrentan un desafío y luego se enfrentan a otro.

    En parte, y sin buscar ocultarlo demasiado, el historiador inglés admite su tributo a la impactante y turbadora teoría de Spengler, quien en ese fascinante estudio que es La decadencia de Occidente expuso que en cada cultura se distinguen la infancia (la barbarie de la sociedad primitiva), la juventud (el comienzo del desarrollo de la organización política, el arte y la ciencia), la madurez (el florecimiento de todas las esferas importantes de la vida social) y la vejez con su inevitable compañera, la muerte. Cada fase en cualquier cultura pasa automáticamente a la siguiente tan pronto como llega su momento. En su opinión, toda cultura es un “organismo vivo” y tiene su propia historia. Según su mirada, cada cultura tiene su propio destino y vive aproximadamente entre 1.000 y 1.500 años. Pasado ese lapso, la cultura muere y quedan rastros de ella en forma de civilización. Esto quiere significar que cada “cultura” produce su “civilización”, como una fase tardía y decadente de esa cultura: una civilización es, por tanto, “una conclusión, la cosa devenida sucede a la cosa devenir, la rigidez sigue a la expansión, el intelecto reemplaza al alma”. Spengler fue un visionario que logró advertir que una amenaza para la historia de la Tierra y de la vida de las sociedades son las actividades excesivamente racionalizadas y extremadamente pragmáticas de las personas.