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    Sin Messi será peor

    N° 1823 - 09 al 15 de Julio de 2015

    El que perdía, fracasaba. Eso estaba clavado. Si Chile no ganaba la final, ni hablar: hubiese sido un horror. Nunca una copa, siempre perdedores, y en su propia casa. Lo que ocurre es que los argentinos no pensaban que su selección volvería a quedarse en el segundo lugar, el que nadie quiere tener, el que no entra en la historia. Antes del partido, los periodistas argentinos hablaban de lo difícil que es llegar a una final, que un subcampeonato es honroso, que en los penales puede pasar cualquier cosa. Pero lo decían porque estaban seguros de que Argentina, el mejor equipo del torneo, el favorito, iba a ganar. Y marcharon de nuevo, algo que duele mucho, como lo demostraron las declaraciones de Javier Mascherano, el jugador albiceleste con más temple y ganas de ganar. Porque hace 22 años que no se comen un rosco. Entonces, vuelven las explicaciones en caliente, los dedos que buscan culpables. Y en la primera fila de responsabilidades está, como siempre, Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, el que los debería salvar pero no los salva nunca, el que se aburre de levantar copas con el Barcelona pero ni una sola con Argentina.

    Ahora bien: ¿es responsable La Pulga de que Higuaín la tire afuera del estadio desde los once pasos o de que Banega le entregue un pedito de vieja al arquero chileno Bravo? No, claro que no. ¿Messi tiene que meter la pierna fuerte, seguir a los rivales, poner los codos, gritar, alentar a sus compañeros? No, no es lo suyo. ¿Acaso no hay otros diez argentinos que puedan hacerlo? Messi jugó una buena Copa del Mundo y una correcta Copa América (si no fue así, qué dejan para los James, para los Falcao, para los Neymar, para los Cavani…). Lo que ocurre es que Argentina no es Barcelona. Barcelona es, sencillamente, superior a cualquier seleccionado porque es un seleccionado mundial, y, además, fiel a un esquema de juego desde hace mucho tiempo.

    Luego viene la clásica dicotomía ganadores-perdedores. Messi no ganó nada con la selección. Es cierto. Cruyff tampoco ganó nada importante con Holanda, ¿y qué? Si vamos a buscar en las estadísticas, hay cantidad de estos ejemplos. No les conviene agrandar más el karma de no ganar nada con la selección. Es un factor psicológico que pesa cada vez más. Hasta que se harte Messi y diga adiós a la selección. Y ahí sí que la van a tener peor, porque Messi solo, en una pierna, sin hacer nada, te lleva dos, tres rivales. Y Argentina sin Messi será mucho peor que con Messi.

    También está el viejo argumento más rastrero, más de barra brava, de cagarse. El que pierde, pierde porque se caga. Falacia ridícula: en este juego uno de los dos tiene que perder (“¿Y el otro para qué juega?”, preguntaría Guille, el hermano de Mafalda).

    Lo que ocurrió el sábado pasado es que Chile hizo mejor las cosas y por eso salió campeón. Se esperaba mucho más de Argentina, de todos sus jugadores, un combinado que en las eliminatorias sudamericanas para el Mundial, las más difíciles, siempre está en los primeros lugares. Debe entenderse de una vez por todas que el fútbol es apasionante porque en 90 minutos (más eventuales alargues y penales) un equipo inferior le puede ganar a uno superior, e incluso a uno muy superior. Basta con ser más aplicado y disciplinado que el rival. Es la historia de Uruguay: un fútbol primitivo que puede doblegar a equipos superiores.

    La lección que debería tomar Argentina es elemental: no vender la piel del oso antes de cazarlo. Y no romperle más las bolas a La Pulga.