Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe dirijo a usted a los efectos de presentar la situación tremendamente injusta en la que me encuentro.
Como es bien sabido, la Universidad de la República (UdelaR), luego de un profundo y necesario debate, ha implementado un protocolo para denuncias a través de la Comisión de Prevención y Actuación ante el Acoso y la Discriminación (CPAAD), donde como parte intrínseca del mismo, explícitamente garantiza tanto para el denunciante como para el denunciado, dado lo delicado del tema, la privacidad del mismo.
Entre otros tantos motivos para que esto se haya logrado, y uno de los más relevantes, es que ninguno de los involucrados vea afectados sus derechos, porque no por obvio, es importante tomar en consideración que antes que funcionarios, alumnos, docentes, etc., se trata de personas, padres, hijos, sus entornos familiares y sociales, y esto señor/a director/a, como comprenderá, está por encima de cualquier cargo, profesión o institución. Y solo para subrayar y dejar muy en claro mi punto de vista, esto es tanto para quien denuncia como para quien es denunciado. Porque la lucha por la igualdad debe ser siempre comenzar por el respeto de las personas y sus derechos humanos.
Como es razonable pensar, la UdelaR dentro de este protocolo establece como paso inicial y previo a dar trámite a cualquier denuncia analizar la verosimilitud de la misma.
Lamentablemente, en mi caso, nada de esto ha sucedido, ya que la denunciante, de manera libre, espontánea y deliberada, ha optado por incumplir el protocolo garantista establecido por la propia UdelaR —al cual por otro lado apela para reclamar derechos—, presentando su relato en un medio de comunicación y si esto no fuese suficiente, lo hace con nombre y apellido, con la clara intención de mancillar mi honorabilidad, viciando la neutralidad e imparcialidad del proceso.
Es difícil poder explicar qué se siente al comenzar a recibir llamadas de colegas, amigos y familiares preguntando por algo que ni siquiera había sido informado —y menos notificado— por los canales apropiados de la UdelaR, sino por la lectura y difusión masiva en redes sociales de la nota periodística.
No voy a contribuir a que un tema tan sensible se termine dirimiendo en cualquier entorno que no sea, una vez más, el que garantice a todas las partes que se llegue a la verdad de los hechos.
Porque opiniones, percepciones y puntos de vista podrá haber infinitos, pero la realidad es una sola.
Viendo que la verdad se ha confundido con la credibilidad —y se opta por titular “caso de acoso” y no “caso de presunto acoso”— y se opina sin conocimiento, donde varios medios periodísticos, así como en redes sociales, ignoraron de hecho la presunción de inocencia amparada en la Constitución de solicitar por escrito y formalmente, al Consejo de Facultad de Ciencias se me inicie un proceso de sumario con la mayor celeridad posible —incluyo documento entregado con fecha 11 de setiembre sellado y firmado por las autoridades competentes.
Porque al menos en mi caso, ni mis 30 años como docente ni mis méritos profesionales ni mi reconocimiento académico internacional los he logrado sumando seguidores en Twitter, ni adhesiones en Facebook, ni desprestigiando infamemente a otros colegas con denuncias falsas, ni manipulando a la opinión pública nacional e internacional.
Todos mis logros académicos han sido a través del esfuerzo personal, el intercambio intelectual con muchísimos colegas, años de estudio y dedicación a la investigación, durante los cuales siempre ha actuado con la ética y profesionalidad que corresponden, en todos y en cada uno de los ámbitos académicos donde he tenido el privilegio de participar.
Dr. Martín Sambarino
PD: Desde ya agradezco la publicación de esta misiva para poner en conocimiento y mantener debidamente informada a su prestigiosa audiencia.