• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Sobre la inviabilidad política argentina

    Nº 2245 - 5 al 11 de Octubre de 2023

    La Argentina está encarando la recta final del período electoral 2023 en medio de una gran incertidumbre. En primer lugar, lógicamente, porque no se sabe quiénes ganarán las elecciones presidenciales, pero también porque, una vez pasadas las elecciones, no hay pistas sobre la gobernabilidad posible ni cómo se terminará configurando el escenario político y económico del país.

    Para empezar por lo más importante, la mayoría de las opciones electorales no dejan mucho lugar a la proyección de escenarios de desarrollo para un país que ya hace décadas que ha perdido la brújula. Hay cosas que son claras y se saben desde casi siempre. En una sociedad capitalista, no es posible aumentar la producción y por lo tanto el empleo y el consumo si no hay ganancias por parte de las empresas. Si lo que se necesita son inversiones, entonces se necesita generar ganancias, que son el insumo principal del ahorro y de la inversión. Nunca va a crecer tanto la economía y nunca van a estar mejor los sectores populares como en una situación en la que la inversión es alta, pero en la que al mismo tiempo hay mecanismos para evitar que las ganancias no se encapsulen en el colchón, no se fuguen al exterior o no se conviertan en especulación meramente financiera.

    Ahora bien, todo este proceso de desarrollo capitalista necesita una plataforma de viabilidad política. Es decir, necesita acuerdos en la dirigencia (explícitos o implícitos) y apoyos sociales que lo hagan posible. Si bien en la historia argentina ha habido varios intentos, las articulaciones políticas que impulsaron esos proyectos fueron inestables o no produjeron la confianza suficiente para que diversos sectores apostaran por la cooperación necesaria y el compromiso social resultante.

    El kirchnerismo y la polarización política que provocó obturaron las bases de una política que permitiera reformas socialmente aceptables para producir los incentivos correctos para un desarrollo capitalista en serio, con piqueteros y cartoneros transformados en trabajadores formales y con empresarios y jóvenes que no estén soñando con irse del país. La grieta y la retórica inflamada fueron y son siempre mucho más fáciles que el diseño de las condiciones que en el mediano plazo mejorarían las condiciones materiales de diversos sectores (sobre todo los más desfavorecidos) de la sociedad.

    En la discusión actual, tanto el capitalismo estatista y de amigos (la apuesta del oficialismo) como la anarquía capitalista de mercado hiperpuro (la apuesta del nuevo partido La Libertad Avanza) son inviables conceptual y políticamente. Debería tenerse más presente que el Estado y el mercado históricamente se han retroalimentado, no han podido existir el uno sin el otro y son necesarios para el desarrollo. La negación (o la condena) unilateral de uno de ellos impide el desarrollo capitalista de un país compuesto por ciudadanos libres. La cultura del trabajo, el talento innovador y la libertad comercial son tan esenciales como la seguridad jurídica y la inclusión en la ecuación económica de los trabajadores y los pobres.

    ¿Podría Juntos por el Cambio y su candidata Patricia Bullrich ofrecer un modelo de desarrollo viable? Parecería que sí, pero lo cierto es que ha mostrado poco y nada en esa dirección. La disputa interna en su coalición la ha llevado a posturas de radicalización antikirchnerista, rechazando mostrar una visión de un futuro a un país con más del 40% de la población bajo la línea de la pobreza, con clases medias en riesgo y un vacío conceptual y político aterrador.

    En un segundo nivel de análisis, también abstracto, se ubica el peligro de los extremismos. La de 2023 no es una elección en la que solo va a cambiar o continuar una administración, sino que están saliendo a la superficie algunos temas esenciales de la convivencia argentina, sobre la organización de la seguridad o la educación públicas (o privadas), cómo entender la vida en sociedad o la configuración de cómo debería ser la vida familiar. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre una vida individual desligada de la vida en común y una vida en común que no asfixie a la individualidad? El primer caso es la propuesta de Javier Milei, una configuración social basada en un gobierno muy limitado a algunas pocas funciones técnicas y una forma de vida social exclusivamente comercial a partir de intercambios egoístas. Este candidato ha declarado que la justicia social es aberrante y que idealmente podría haber mercados para comerciar órganos humanos y hasta niños. El segundo caso es el del kirchnerismo, que ha sostenido e impregnado a la sociedad con que “todo es política” y ha (mal) gestionado los encierros y la corrección política que ha caracterizado a gobiernos con intenciones de izquierda o progresistas en todo el mundo. Es la subpolítica contra la sobrepolítica. Pero la democracia y el desarrollo necesitan de la política para articular orden y bienestar. ¿Podría Juntos por el Cambio y su candidata Patricia Bullrich ofrecer a la sociedad una visión acerca de un modo de vivir deseable, que responda a las demandas de la hora sobre el tema? Parecería que sí, pero lo cierto es que ha mostrado poco y nada en esa dirección.

    Un tercer nivel de análisis es la probable latinoamericanización de la política argentina. En el contexto latinoamericano, Argentina se destacaba por la estabilidad de sus instituciones, de sus reglas electorales, de su competencia política (alternancia previsible entre peronistas y radicales/cambiemistas) y de la densidad organizativa de sus partidos. Todo ello incluso después de la tremenda crisis económica, política y social del año 2001. Ahora en cambio parece entrar de lleno en América Latina: desconfianza creciente hacia los partidos políticos y su desarraigo de la sociedad (a nadie le importa mucho qué ocurre en el nivel de la dirigencia que compite en elecciones), fragmentación de la oferta electoral, partidos nuevos (mientras que la UCR tiene 130 años de historia y el peronismo tiene 80, ya casi no quedan presidentes en América Latina que hayan llegado al poder con partidos viejos, tradicionales o no creados para la elección). A pesar de la gran inestabilidad económica, había en Argentina una notoria estabilidad política. Quizás esa situación haya llegado a su (previsible pero no anticipado) final. ¿Tendrá el país los anticuerpos suficientes que otros países no tuvieron para que su sistema político pueda asimilar el impacto de esta nueva crisis? Si finalmente Javier Milei accediera al poder, ¿su motosierra se limitará a reformas administrativas del Estado, del que vive la “casta” de la política? ¿O también avanzará contra los instrumentos que usan los partidos para después convertirse en casta (monopolio partidario de las candidaturas, financiamiento estatal para campañas, etc.)? ¿Será que los partidos políticos ya no son necesarios para ganar elecciones?

    Finalmente, y en cuarto lugar, está el análisis de las estrategias de campaña, de cortísimo plazo. En las últimas semanas, el oficialista Sergio Massa suprimió impuestos y dio aumentos por doquier en su carácter de ministro de Economía, incrementando la necesidad de emisión y poniendo a la economía cada vez más cerca de un estallido hiperinflacionario. Javier Milei o sus acompañantes han relativizado la dureza de sus posiciones: la dolarización ya no es tal (en el debate presidencial del último domingo ni siquiera la mencionó) y la casta como colectivo adversarial, tampoco, porque hay decenas de personajes de la vieja política en sus listas, acuerdos con la política establecida para la movilización de votantes y la fiscalización de las boletas, convocatoria a viejos conocidos del mundo público como eventuales funcionarios u operadores y, últimamente, conversaciones para interiorizarse de las alternativas de protección social propuestas por sindicalistas “gordos”, es decir, miembros de la hipercasta. Ahora incluso ha manifestado que está dispuesto a abrir las puertas de su espacio a todos los que quieran sumarse a su proyecto. ¿Podría Juntos por el Cambio y su candidata Patricia Bullrich aprovechar la situación y hacer una campaña vigorosa con posiciones contundentes en todos los temas y bien organizada? Ha mostrado poco y nada en esa dirección.

    Para terminar, si la inestabilidad triunfara y Milei ganara la presidencia, ¿podría gobernar? Si mantuviera la radicalidad que lo hizo famoso, no. Si, en cambio, como parece estar sucediendo, se acerca a la casta peronista (de donde provienen mayormente sus votos en las PASO), entonces podría convertirse en su nuevo jefe. Son conocidas la plasticidad organizativa y la flexibilidad ideológica de los herederos de Perón. Sería una nueva edición de la combinación de ideas de mercado con bases populares, pero al extremo: en lo conceptual, ideas ultraneoliberales, y en lo material, sectores sociales mucho más pobres, más marginales y menos educados que hace 30 años. Ya se están viendo indicios en esa dirección, pero esa alternativa, si finalmente se configurara, no sería un modelo de desarrollo sino un reacomodamiento táctico explosivo, porque difícilmente podría mantener el apoyo de quienes lo están votando para protestar.

    La decepción social que hoy enceguece al país se potenciará si se sigue buscando salidas a la crisis que no llevan la idea de forjar un horizonte serio de desarrollo. Nos tendremos que acostumbrar por más tiempo todavía a este vaivén económico inestable y sin salida.

    *Politólogo, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

    // Leer el objeto desde localStorage