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    Tabaré Latorre

    Esta columna podría haber tenido otros nombres. Por ejemplo, Lorenzo Vázquez. Por ejemplo, Buscando la solución a domicilio II. Es necesario el dos, aclaro, pues Buscando la solución a domicilio I es una película del siglo XIX. La II es un replay.

    Pero veamos de qué trataba la versión original.

    En 1876, la situación política nacional era especialmente complicada. Batlle (Lorenzo) había sido presidente de la República entre 1868 y 1872. Fue, el que le tocó, un período muy convulsionado, tanto desde el punto de vista militar, con dos insurrecciones coloradas y la sangrienta Revolución de las Lanzas del caudillo blanco Timoteo Aparicio, como desde el punto de vista económico, con el colapso del sistema bancario y la explosión de una crisis financiera de la misma envergadura de la que le tocó enfrentar a otro Batlle: Jorge, bisnieto de Lorenzo.

    A la llamada Paz de Abril, firmada en 1872 entre los insurrectos blancos y el gobierno interino de Tomás Gomensoro, no le siguió un período de estabilidad. El nuevo presidente, José Ellauri, careció de fuerza y capacidad para dirigir la República y renunció antes de tiempo (enero de 1875). Ellauri fue sucedido por Pedro Varela, a quien apuntalaba el hombre fuerte del momento: el coronel Lorenzo Latorre.

    Luego de superar una nueva revolución (la Tricolor), el gobierno de Varela cometió el error infantil de pretender prescindir de los servicios de Latorre (marzo de 1876). Pedro Bigotes, como se le llamaba a Varela, debió refugiarse en la Embajada de Francia, dejando la Presidencia inhabitada.

    Fue en esa situación de crecientes nubarrones y evidente falta de liderazgo político que un grupo de ciudadanos ilustres (que no ilustrados) decidió acudir al domicilio de Latorre, en Soriano y Convención, para rogarle que por favor se encargase del gobierno de la República.

    Esto volvió a pasar hace unos días, cuando un grupo de ciudadanos ilustres (que no ilustrados) acudió al domicilio de Tabaré Vázquez para repetir el pedido. Y Vázquez, sabiendo o no sabiendo lo sucedido en 1876, aceptó la invitación.

    Quienes consideran que la historia se reitera todo el tiempo adoran cosas y casos como este, pues acarrean aguas en cantidades industriales a su molino. Y aunque no estemos del todo de acuerdo con esa visión circular de la historia, ¿cómo no darles parcialmente la razón cuando vemos que, por lo menos en su forma y estilo, aparece ahora una nueva versión de la misma película?

    Latorre era la eminencia gris del gobierno de Varela de la misma manera que Vázquez es la eminencia gris del gobierno de Mujica. El presidente formal (Varela en el siglo XIX y Mujica hoy) gobierna a su manera, pero es en la reacción del otro (Latorre en el primer caso y Vázquez en el segundo) que tiene puesta la cabeza. Y cuando el caos es un hecho (1876) o parece inminente (2013), un grupo de ciudadanos decide tomar el toro por las guampas yendo a buscar la solución a domicilio.

    Latorre accedió al pedido luego de que le aceptaran sus duras condiciones. Exactamente lo mismo hizo Vázquez. Sin embargo, a partir de este punto se acaban las similitudes, pues sabemos que Latorre llevó adelante una muy larga serie de profundas reformas en todos los campos de la vida nacional, de la misma manera que sabemos, aunque aún no lo hayamos visto en la pantalla pues el remake todavía no se estrenó, que Vázquez no hará lo mismo.

    Latorre echó las bases del Uruguay moderno. Vázquez quiere salvar al Uruguay del pasado. Latorre puso en pie e impulsó la economía. Vázquez pretende que la economía no se desfonde. Latorre liquidó el poder de los caudillos locales. Vázquez necesitará el apoyo de esos caudillos para gobernar. Latorre redujo en forma drástica el gasto del Estado. Vázquez lo seguirá aumentando. Latorre decimó el costo de los sueldos públicos. Vázquez los multiplicará.

    Latorre combatió con éxito la delincuencia y redujo a un mínimo histórico la criminalidad. Vázquez sabe que para mantener el apoyo electoral no podrá hacer lo mismo. Latorre fortaleció al Estado por sobre los intereses partidarios. Vázquez fortalecerá a su partido en contra de los intereses del Estado.

    Y a pesar de todas estas contradicciones, la diferencia más grande entre Latorre y Vázquez, por las implicancias de futuro para el país, es otra. Latorre, con su famoso decreto-ley de agosto de 1877, estableció un sistema educativo (la reforma vareliana) que en poco tiempo convirtió a Uruguay en un país de avanzada, moderno y democrático. Vázquez, a quien ya conocemos en su función de presidente de la República, es el principal responsable del desmantelamiento de la educación pública.

    Latorre echó las bases de un sistema educativo integrador. Vázquez fomenta un sistema educativo desintegrador.

    Latorre sacó al país de su estado anárquico. Vázquez continuará alimentando la anarquía.

    En algo crucial, sin embargo, se asemejan ambos personajes, y por eso el título de esta columna: Latorre fue una bisagra entre dos modelos de país; Vázquez también.