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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa cuarta parte de la página 37 del ejemplar de Búsqueda N° 2.011 del 7 de marzo pasado está ocupada por una maravillosa exposición como las que nos tiene acostumbrados Rodolfo Fattoruso, en la cual destaca los aportes de Ayn Rand al concepto de valoración racional del bien. Pero en la misma hoja, dando vuelta la página, ¾ partes de la misma se hallan dedicadas al “terraplanismo”.
Honestamente, no puedo comprender cómo semejante tema se coló en las páginas del semanario, a tal punto de darle un extenso espacio, con fotos y reportajes, al nivel de cualquier tema cultural o social. (Salvo la alusión al electroencefalograma plano, que no entendí).
El terraplanismo solamente puede considerarse un delirio colectivo o un movimiento de gente de escaso nivel intelectual y gran credulidad en manos de influencers con alguna intencionalidad. Se parece a las Iglesias pentecostales, o milenaristas, adonde van a refugiarse almas débiles y deseosas de un relato reconfortante. Pero es una más de las expresiones posmodernas. Comparte su lugar con los “antivacunas” y con los negadores de las condicionantes biológicas en la diferenciación sexual. El pensamiento posmoderno se caracteriza por su negación de la objetividad, con la consiguiente exaltación de los sentimientos por sobre la racionalidad y el consecuente desprecio por la ciencia. Esta corriente filosófica tan en boga pretende hacer retroceder toda la evolución racional de la civilización occidental que tantos avances ha logrado, a los tiempos en que se combatió a Galileo. Pero lo más grave es que no propone nada alternativo. La ciencia, si bien no es una vaca sagrada, ha logrado a veces con vaivenes y tropiezos generar un gigantesco avance en las condiciones de vida de la humanidad. Sus aspectos negativos provienen no de los descubrimientos científicos en sí, sino del uso que de ellos hacen los gobernantes sin escrúpulos.
No se debe dedicar el tiempo ni un generoso espacio impreso a esta gente, que al verse así considerados por un medio como Búsqueda usarán este evento como publicidad de sus argumentos (entrevista en la prensa “seria”). Dejemos que crean lo que les plazca, pero respetemos a todos aquellos que sufrieron el desprecio o murieron torturados en hogueras o sufrieron lo indecible en mazmorras por afirmar justamente que la Tierra es redonda y gira alrededor del Sol. Respetemos la memoria de Eratóstenes, de Giordano Bruno, de Copérnico, de Galileo y de muchos más, entre los cuales están nuestros vocacionales y sufridos maestros y profesores, con su espíritu iluminista. Sin caer en falsa oposición, propongo usar este espacio en mostrar mucha gente anónima que hace cosas que benefician a la sociedad, la gente de la Facultad de Ciencias, del Latu o del Instituto Pasteur, que tienen mucho que contar. Apliquemos de este lado de la página lo que aprendimos con Fattoruso en la página siguiente.
Álvaro García