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    Terrorismo (IV)

    Sr. Director:

    Mahoma piensa instalarse en el Vaticano. Europa y sus “aborígenes” han sido en la historia del mundo y a través de los siglos, un incómodo y doloroso grano en el traste. No hay continentes en el planeta que no hayan sufrido la exportación de sus culturas, de sus “comercios”, de sus saqueos e introducción de sus vicios y pestes y las leyes de sus enfermizos reyezuelos de mente y físicos podridos, todos, aún los que hoy “reinan”.

    Muchos siglos de saqueos crearon una Europa rica y poderosa, terror de los mares y de los pueblos que vivían a su manera y cultura, quizá primitiva pero en relativa paz.

    Costó muchos siglos de colonialismo cruel, muy cruel e injusto, para sojuzgar a los pueblos del mundo con las virulentas violencias y pestes, con su cultura (¿) y sus artes, que nacieron como resultado de sociedades cómodas, revolcados en las burguesías colonialistas, de las cuales se sentían orgullosos, porque de allí provenían las riquezas que engordaban sus físicos y arcas, y cuando guerreaban entre ellos, se surtían de esclavos, alimentos y materias primas para matarse entre sí, y luego llevar su violencia guerrera al resto del planeta, para quitarles el oro, la plata, los alimentos y todos los minerales existentes en cada región.

    Todos los pueblos del mundo que no eran europeos tienen sus marcas: África, América, Asía y por donde fueron dejaron sus semillas de maldad.

    Pero gracias a sus grandes errores que han sido una constante en los siglos, el siglo 20 fue revelador de sus mentiras y conductas delictivas y la exportación de sus culturas creó en las mentes de los pueblos masacrados y prostituidos políticamente, las semillas del sentido de la justicia y entonces se crearon los “derechos humanos” y que ser europeo ya no significaba ser superior, sino seres soberbios y arrogantes, llenos de dignidades huecas.

    Y nació el orgullo en los pueblos prostituidos de ser ellos mismos y sus propias barbaries, descubrieron en las violencias de los europeos sus propias violencias, quizá menos civilizadas por el tinte rencoroso y vengativo. ¿Pero hubo alguna vez una violencia civilizada?

    Quizá por eso la invasión musulmana tiene la crueldad de su propia religión, que aparentemente es la fuerza espiritual que los lleva desatar, como dicen los propios europeos, una guerra en sus propios lares, ellos que siempre llevaron la crueldad de su colonialismo a todos los lugares fuera de Europa, hoy casi como que la tienen en las puertas de sus casas.

    Y me surge aquella vieja frase: “La violencia tarde o temprano se paga con más violencia”.

    ¿Acaso espera Europa que luego de centurias de saquear África, Asia, Oriente y América, despojando a todos de su cultura, sus riquezas, sus recursos humanos, e inyectarle su fiebre perniciosa del consumismo, pueda encarar este flamante siglo como una suerte de castillo artillado, donde en su interior todos son felices, mientras afuera cunde el hambre y la desesperación?

    ¿Esperan acaso que los africanos, por ejemplo, se queden padeciendo sus hambres y sus miserias en sus latrocinios, mientras los europeos disfrutan de altos estándares de vida?

    ¿Alguien puede creer que es tolerable que quien robó, asesinó y violó por siglos, venga a dar lecciones de moral y derechos humanos y con la otra mano, se lleve el petróleo y todos su minerales?

    ¿No recuerdan los ingleses las masacres de la India, Kenya y Rodhesia?

    ¿No recuerdan los franceses cuánto robaron de Dakar, Costa de Marfil, Indochina, Vietnam, etc., etc.?

    ¿No recuerdan los alemanes los campos de concentración de Namibia y del pueblo hebreo?

    ¿No recuerdan los belgas sus atrocidades en el Congo?

    ¿Y los crímenes y saqueos de España en América, que no perdonarán nunca los setenta millones de americanos?

    ¿No recuerdan los portugueses el oro de Angola y las cacerías de esclavos en Mozambique?

    Fue la codicia europea que regó de sangre de niños inocentes los diamantes de Sierra Leona.

    La silenciosa invasión de los musulmanes ya está. ¿Cómo detener a 60 millones de árabes resentidos y apoyados religiosamente por su Dios instalados en Europa?

    Alcides Segovia

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