Heber Galli tiene todo preparado. Se sienta con su laptop y un montón de carpetas y hojas de papel donde tiene anotados sus argumentos para sostener que la situación del régimen previsional no es algo alarmante. “¿Cómo anda la seguridad social? Con miedo de andar mejor”, dice. Y no hay ni un dejo de ironía en esa frase. Se apoya en un montón de gráficas que tiene impresas para mostrar que los puestos cotizantes están en su máximo (más de 1.400.000), y que nunca antes hubo tanta cobertura. Tampoco ve como un problema el financiamiento de la institución que preside, el Banco de Previsión Social (BPS). Por eso reacciona con algo de descreimiento cuando oye hablar de “reforma” de la seguridad social, porque le parece que así “no se va a hacer nada” y aspira a que lo que se haga en ese sentido en el futuro tenga “cierto gradualismo”.
—A veces uso esa frase. ¿Cómo anda la seguridad social? Con miedo de andar mejor. Porque nunca hubo tantos puestos cotizantes registrados, nunca hubo tantos beneficiarios, nunca se avanzó tanto en un período de tiempo relativamente corto en cuanto a la suficiencia de las prestaciones, y nunca hubo tanta cobertura. Entonces es difícil decir que hay problemas con la seguridad social.
—No, tampoco. Sigo pidiendo que venga alguien que me traiga tres períodos de gobierno seguidos con menos asistencia financiera neta a la seguridad social. No existe. También es cierto que hasta en los medios hay un manejo de dar la noticia negra y no la blanca. Si ves todos los días que todos los medios dicen “qué horrible la seguridad social”, te terminás convenciendo, pero no es así. En realidad, hay un problema global.
—Lo que más se repite es el tema del déficit que tiene el BPS.
—Sí, pero hay mucho déficit por ahí también. Se habla menos del de la “caja militar” y, en proporción, ¿cuántas veces más es que el déficit del BPS? Porque también hay que ver qué se cubre, y estamos a US$ 100 millones creo. Nosotros tuvimos US$ 600 millones de asistencia neta el año pasado y la “caja militar” US$ 500 millones. Entonces, ¿de qué estamos hablando?
—¿Pero el déficit actual no es un factor de preocupación para el Directorio del BPS?
—No es que no preocupe. Digo que no es para que se le dé el tono de alarma que se le da. ¿Qué tiene de raro que, al cabo del tiempo, si yo estoy más que triplicando las jubilaciones mínimas tenga un determinado gasto por esa acción que tomé? También les pregunto si no lo hubiesen gastado porque “qué horrible el déficit”, ¿qué pasaría con la gente? Ahí hay diversos componentes. Tenemos algunos puestos de trabajo menos, algunos puestos cotizantes menos, pero la recaudación del BPS no ha tenido ni una sola situación puntual de baja en términos reales. Siempre viene mejorando, un puntito, medio puntito.
—¿Cuáles son las proyecciones financieras del BPS para los próximos años?
—Yo digo que una forma de medir la salud de la seguridad social que administra el BPS es ver la asistencia financiera, que va a estar en el entorno de lo que está ahora hasta la década de los 40.
Lo que nosotros decimos es que lo mejor que podés hacer, de cara a un nuevo gobierno, es comprometerte a sentarte a discutir entre todos qué hay que hacer. ¿Por qué? El Banco Mundial lo llama “ventana de oportunidad”, porque hay riesgos en el horizonte. Riesgos ciertos, mil veces dichos: envejecimiento y revolución tecnológica. Con esas cosas arriba de la mesa, entiendo que hay que sentarse a discutir. ¿Qué urge? Sentarse a discutir, no los resultados.
—¿Considera que no es tan urgente una reforma?
—No, no. Que dé resultados. Porque las reformas bien hechas en seguridad social tienen que estar dotadas del necesario gradualismo. No solo hay gente con derechos o próxima a adquirir derechos en materia jubilatoria, sino que hay elementos que llevan a que uno tenga que analizar la perspectiva general. Porque la otra cosa que digo, además de que hay que sentarse a discutir, producir y ver, tendiendo a que sea gradual, es discutir el sistema. No jugar más al solitario y, como pasó, que atrás de hablar de que habría que hacer una reforma de la seguridad social se empezó a hablar del aumento de edad. Estuve 18 meses diciendo que eso no mueve la vara. Llevás la edad mínima a 65... La gente se jubila, en realidad, con 63 o 64, ni en el mediano ni en el largo plazo vas a cambiar los grandes números del banco. Hay que ver las tasas de reemplazo, hay que ver incentivos y desincentivos.
—¿Por dónde debería ir la discusión?
—Que no quede ninguna carta afuera de la mesa, sin excepción. Tienen que estar las cajas paraestatales, la militar, la policial. También tiene que estar el ahorro individual en el modelo que se aplica acá de las jubilaciones de la parte privada. Evito decir el tema de las AFAP, porque para mí son un instrumento. En realidad, es ahorro individual sí o no, o de qué manera, más que el tema de AFAP sí o no. Y también el financiamiento.
—En Crónicas criticó al presidente de República AFAP, Luis Costa, porque según usted, plantea una visión “catastrofista” al afirmar que las jubilaciones en el futuro serán cada vez peores. Dado como está planteado el régimen, ¿no es así?
—Si se encara así, se encara mal. Las cosas requieren equilibrio. Una reforma, cualquiera sea ella, requiere los debidos equilibrios entre el nivel de cobertura –yo no quiero bajar del 98%–, el nivel de suficiencia –porque yo puedo hacer una reforma bárbara y que se jubile el 100% pero con $ 500 y no hay calidad de vida–, y la sostenibilidad financiera. ¿Qué abastece esta ecuación? Le he agregado, con el tiempo, sostenibilidad social.
—¿A qué se refiere?
—A que tiene que ser producto de grandes acuerdos, porque las reformas de seguridad social son para generaciones. A mí, cuando me ponen el cartel luminoso “reforma”, me parece que no se va a hacer nada. En realidad, desde el año 95, con la ley 16.713 hasta ahora, se han hecho decenas de cambios, y no le pusieron el luminoso de “reforma”.
—¿Qué expectativa le produce la posibilidad de que con el próximo gobierno se produzcan más avances en seguridad social?
—Depende. Me han preguntado infinidad de veces en el último año qué cosas habría que hacer. Y yo no digo ninguna. Yo no creo en las fórmulas mágicas. Si creemos que tiene que surgir del diálogo, cada uno llevará a la mesa la receta que le parezca. Si la pelea va a ser quién se queda con la razón, estamos en el horno.
No se puede pensar en reforma de seguridad social como algo inmediato. Si vos querés hacer una reforma en poco tiempo, decime cuántos cadáveres querés contar. Porque a alguien vas a matar.
Se habla de la jubilación parcial, se habla de la compatibilidad entre trabajo y jubilación. Las bases de esas cosas existen ya, hay que perfeccionarlas; no han funcionado mucho. A mi juicio, tienen demasiados requisitos.
—¿Qué le cambiaría?
— No le voy a decir cuáles porque si no, estoy haciendo la fórmula. No presento fórmulas. ¿Por qué? Porque no quiero que mañana le digan “la reforma Galli”. Sería odioso que tuviera nombre y apellido. O la reforma del Partido Nacional o del Frente Amplio. No tiene que tener dueño; es la única forma de que sea de todos. Todos tienen que ganar. Si hay ganadores y perdedores, tenemos un lío.
Recuadro de la entrevista
? El “mordisco” de las AFAP y el régimen que “no está maduro”