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    Tres apellidos vascos

    El trío Kalakan llega a El Galpón

    Euskal Herría o Euskadi en España. Lparralde o Bascoat al otro lado de los Pirineos, donde ocupan apenas la mitad de uno de los 101 departamentos de la República Francesa, con algo menos de 400.000 habitantes. De ese pueblo sin Estado pero con una de las culturas más añejas y arraigadas de Europa —idioma propio incluido— provienen Thierry Biscary, Jamixel Bereau y Xan Errotabehere, quienes forman Kalakan, una formación nada frecuente en el mundo de la música: tres voces y tres tambores. Nada más… ni nada menos, dada la poderosa energía que generan. Cantan casi siempre a capela y bailan músicas originarias de su tierra con textos ancestrales en euskera. “Somos tres cantantes que usamos la percusión vasca para dotar de mayor ritmo y potencia nuestra música”, dijo Bereau, de 41 años, en charla telefónica con Búsqueda, pocos días antes del primer concierto del grupo en Montevideo, el miércoles 9 a las 21 en El Galpón (entradas en Tickantel de $ 1.000 a 1.600), en el marco de su Elementuak Tour que los llevará también a Buenos Aires y el interior argentino.

    Kalakan —charlando, en euskera— surgió en 2009 y alcanzó renombre internacional luego de versionar el Bolero de Ravel junto a dos pianistas clásicas, y tras acompañar a Madonna en 80 conciertos de su gira mundial MDNA. La Reina del Pop los conoció en un show privado en la costa francesa y los convocó para armar un número que unía bajo los tambores del trío su éxito Open Your Heart To Me y Sagarra Jo!, de los vascos, uno de los mejores pasajes de aquel show que llegó a Buenos Aires en diciembre de 2012. “El vínculo con Madonna siempre fue muy profesional. No hubo muchas oportunidades de conocerla en profundidad. Pero es lo de menos, nos dio una gran oportunidad”.

    A Bereau no le gusta la palabra folclore. “La imagen que me viene es gente vestida con trajes típicos bailando para los turistas. Hay algo de eso, por supuesto, porque el País Vasco es una región muy turística. No tenemos Estado pero somos un pueblo con una historia milenaria, con tradiciones que vienen desde muy lejos, y una conexión con este mundo viejo y una unión muy fuerte con nuestra tierra. Vivimos en una esquizofrenia permanente entre nuestras raíces vascas y el mundo moderno de los franceses y españoles a nuestro alrededor. A veces se hace difícil”. Para el músico, la clave de la vigencia de la cultura vasca radica en que en los últimos años los jóvenes han redoblado el interés en esas costumbres. “Los mismos que bailan para los turistas luego se van a un taller a crear en vasco y a bailar lo mismo pero en sus bares con sus amigos. Quieren aportar a este río de la tradición vasca, que está viva. No es solo folclorismo y museo para los que vienen de afuera”.

    Jamixel lo subraya: “La tradición de hoy fue la creación de ayer. Lo que cantamos o bailamos hoy y desde hace 300 años, hubo un día en que fue nuevo. Para que siga vivo, hay que seguir creando”. La formación de Kalakan no es habitual en la música vasca, sino que es una innovación basada en las tradiciones. “Lo que lo vuelve tradicional o no, es la gente al transmitírselo a sus hijos. Solo hacen falta dos o tres generaciones y ya”.

    En su disco debut homónimo, de 2010, y Elementuak, de 2015, que presentan en esta gira, Kalakan aborda viejas tonadas y textos vascos con un encare libre y contemporáneo: adaptan las letras al formato estrofa-estribillo, se acercan a la sonoridad del pop y el rock con una puesta muy actual de luces y vestuario. “Solemos tomar una melodía tradicional y cambiarle la letra. Tenemos muchos libros que recopilan poesías y crónicas de siglos atrás. No tendré suficiente vida como para cantar todo eso que hay ahí, ¡joder!”. El trío aborda varias formas de percusión vasca como los tambores gordos, la pandereta y la txalaparta (batería de tablas y troncos de madera que se golpean entre sí). Y agrega la percusión corporal al estilo de los brasileños Barbatuques. “La txalaparta es un estilo de percusión que estuvo al borde de extinguirse. Solo quedaban dos parejas de viejos. Por suerte, al final del franquismo fue salvada, se recuperó la técnica y hoy ha vuelto a ser un ícono vasco”.

    Una canción de Elementuak se llama Montebideoko berriak (Noticias de Montevideo), y no trata sobre los sucesos del hospital Filtro sino de crónicas de emigrantes vascos en Uruguay en el siglo XIX. “Nos gustó mucho porque habla de los vascos que iban a hacer pasta y que si no volvían ricos, vivían la vergüenza del fracaso”. Bereau enlaza esa preservación patrimonial con un recuerdo fresco: “Cuando estuvimos en Chile con Madonna­ comprendí algo que me dio vuelta: por primera vez me vi como el hijo de puta, el hombre blanco conquistador y también me descubrí como un indígena europeo en mi tierra. Entonces pude ver desde otro lugar nuestro sentimiento nacionalista”.

    Bereau cree que lo que hace Kalakan está conectado con el origen de la humanidad: “Cantar y golpear un tambor a un ritmo es una expresión universal que nos vuelve a conectar con Amalur, que es la madre tierra en euskera. Estamos un poco enfermos y necesitamos recuperar nuestras cabezas y nuestros corazones. Creo que todo el mundo necesita esa conexión con la tierra vieja”.