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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDoce meses parece mucho tiempo, pero depende de qué estemos analizando en ese lapso. Para estar enfermos es mucho, para gobernar es poco, para evaluar quizá también, pero hay que hacerlo. Siguiendo el hilo del tiempo, tuvieron que pasar 100 años para volver a vivir una pandemia, aquella de 1918 conocida como la gripe española que se llevó 50 millones de vidas. Un par de semanas tan solo habían transcurrido cuando al nuevo gobierno le explotó en las manos el Covid-19. Todo cambió, absolutamente todo. Combatir el coronavirus pasó a ser una “política de Estado” y por algunas semanas todos estuvimos juntos y de acuerdo con una serie de medidas solicitadas por el Ejecutivo y que el Parlamento votó en forma inmediata. Pero duró poco la unidad y comenzaron las diferencias. El gobierno apostó a la libertad y a la solidaridad de la ciudadanía, la oposición a la cuarentena obligatoria y plata para todo el mundo. Se conformó el GACH (Grupo Asesor Científico Honorario), ollas populares, subsidios especiales por desempleo, aumento de partidas desde el Mides, preparación de los CTI y todas las medidas anunciadas prolijamente en conferencias de prensa. Durante varios meses los números le daban la razón al gobierno y, aunque parezca insólito, muchos confiaban en que al final todo se iba a desmadrar y Lacalle Pou con su equipo podrían ser defenestrados y culpados del fracaso.
En medio de la pandemia se presentó la Ley de Urgente Consideración con sus más de 500 artículos. La oposición decía que no era el momento, el gobierno retrucaba con que había que cumplir lo prometido y, avalado por los buenos resultados, ponía a consideración sus reformas. El debate a lo largo de tres meses terminó con la aprobación de la ley e incluso con el apoyo del FA a más de la mitad de los artículos, cosa poco creíble después de escuchar tanto argumento en contra. El Presupuesto quinquenal es una obligación por ley y con o sin pandemia se debe votar. Otra vez largas discusiones hasta arribar a la votación final con importantes disminuciones en los gastos, mayores controles y sobre todo una mejoría en la gestión de los recursos asignados. Por lo menos esa es la intención, es adonde apunta el gobierno de coalición y es adonde el FA espera no se llegue.
Sobre fin de año se nos vino la segunda ola del coronavirus y amenazó con barrer todo. Nuevas medidas, más rígidas como el cierre de fronteras y prohibir las aglomeraciones, pero siempre basado en la libertad y confiando en la postura solidaria de la gente. Cabe destacar que muchos renunciaron a colaborar y actuaron como si nada pasara, fiestas clandestinas, manifestaciones de protesta, actos políticos para llamar a un referéndum, fallas en lugares de trabajo y un largo collar de negligencias incentivadas desde algunos sectores radicales que solo piensan en que las cosas deben salir mal para que a ellos les vaya bien. La famosa renta básica que, según el economista Olesker no superaría los 250 millones de dólares en tres meses, hoy nos costaría cerca de 1.000 millones de dólares y ya se estarían planteando argumentos de cómo vamos a pagar esa deuda.
Y arrancamos el 2021 con un objetivo claro: las vacunas. El gobierno haciendo negociaciones y la oposición planteando que estamos muy demorados. Sobre fines de enero, otra vez en conferencia de prensa, se anuncia la llegada de vacunas para los primeros días de marzo y quizá fines de febrero. Por ahora las elegidas son de Pfizer (americana) y Sinovac (china) para vacunar a más de un millón de personas. Y mientras los pregoneros del holocausto se relamían, ya que no había noticias de las vacunas, llegó el avión el 25 de febrero con 192.000 dosis de Sinovac y se anunció que el 8 de marzo llegan las de Pfizer. El sistema de salud ya estaba pronto, la logística armada con los vacunatorios acondicionados y el 1° de marzo, a un año de asumir el gobierno, se comenzó la anhelada inoculación que nos puede devolver la normalidad.
Pasaron los griteríos porque el presidente practicaba surf, porque las auditorías son una caza de brujas, porque hay aumento de tarifas, porque hay pérdida salarial, porque falta empleo, porque reactivo un rubro y dejo otro, y tantos porque no dejan ver muy bien donde estamos hoy. Si logramos una vacunación de rebaño, debemos estar preparados para seguir caminando hacia una mejora económica y social. Y para esto fue fundamental el no habernos detenido nunca, con más o menos actividad, pero seguir andando, no detenernos. Y si hoy pasamos raya, nos guste o no, seamos de la ideología que nos parezca, el gobierno apostó a su idea de cómo combatir la pandemia, como votar la LUC y como conseguir un Presupuesto de acuerdo a sus creencias para mejorar al país. Pero también debemos pasar raya a la actuación de la oposición que representa la considerable suma de un 40% de la población (según la elección de octubre 2019). Acompañó las primeras medidas tomadas por el Ejecutivo y aportó sus ideas al respecto, que, si bien no fueron tomadas en cuenta, hizo su contribución. Luego comenzó a actuar en forma dispersa. La falta de un líder se extraña y mucho, nadie conduce el barco y cada vez que alguien pretende tomar el mando y dar un rumbo, otro le practica una zancadilla y vuelven a la deriva. No han podido aún, o no han querido, realizar un análisis profundo de su derrota para sacar enseñanzas. Si bien ha habido algunas excepciones que intentaron apretar el botón de “recalculando”, la mayoría eligió como la mejor manera de digerir la derrota hacerle la vida imposible al oficialismo y le están errando muy feo. Como ha ocurrido siempre, y seguirá ocurriendo, los sindicalistas y el Partido Comunista se oponen a todo lo que no nazca en su nido. No importa a qué costo hay que aumentar sueldos, subsidios, aportes sociales sin contrapartida, menos horas de trabajo y más y más beneficios. Un ejemplo son los ingresos que se asignaron en la intendencia por teletrabajo a trabajadores, como si hubieran incorporado en su casa una computadora, escritorio y demás enseres. Nadie hizo eso, el que no tenía con qué trabajar en la casa no lo hizo, y el que sí pudo no cambió nada y todavía ahorró en gastos de traslado. Muy buena demagogia por ambas partes. La recolección de firmas iniciada desde el PIT-CNT para derogar 135 artículos de la LUC es otro ejemplo de “no me importa la gente”. Solo juntan opositores porque sí, a nadie le explican lo falaz de sus argumentos y tampoco que están pretendiendo derogar artículos votados por ellos mismos. Siguen pidiendo una renta básica y en el fondo no les importa el costo país que tenga, hay que aprovechar la pandemia y gastar mucho más, pedir y pedir, total después pagamos solo intereses y seguimos aumentando nuestra dependencia económica. Durante 15 años lo hicieron así, pero si hoy el gobierno abriera las canillas a chorros enseguida saldrían los Bergara, los Núñez, los Olesker, los Ferreri a condenar el gasto indiscriminado y sin medir las consecuencias. Y también existe un grupo no menor que apuesta al fracaso total, a la anarquía descontrolada. No es grande en números, pero sí en su peso político y ejerce mucha presión. Son los que pese a que ya llegaron las vacunas siguen diciendo que lo hicieron en forma tardía, son los organizadores de todos los paros el primer día que comienzan las clases, son los que acusan a Lacalle Pou por ejercer su liderazgo con excesivo presidencialismo (porque ellos no lo tienen), son los que acusan a la prensa de casi todos los males, son lo que como no tienen un solo argumento consistente se esconden en las redes y reparten munición gruesa en 360 grados. Son los que deberían vivir en una isla, pues no merecen y desconocen las ventajas de nuestro paisito. Siempre suele analizarse la actuación del gobierno al cerrar su año calendario. Hemos intentado hacer, además, algo diferente y también analizar la actuación de la oposición. A la hora de redactar estas líneas aún no hemos escuchado el discurso presidencial en el Parlamento, se dice que en televisión el tiempo es tirano y sepan que la prensa escrita también. Lo dejamos para otra semana.
Como siempre, la última palabra la tiene la ciudadanía y ya ha comenzado a laudar de acuerdo a las últimas encuestas difundidas esta semana. Más de seis de cada 10 uruguayos aprueba la gestión gubernamental y solo uno de cada cuatro la desaprueba; y esto es positivo para todos pues hay una amplia mayoría que está conforme con la forma de administrar nuestro país. Con errores y aciertos, pero intentando cosas diferentes en la búsqueda del bienestar para los que están y los que vendrán. Ojalá los actores políticos de un lado y de otro sepan leer al pueblo en su totalidad.
Sergio Barrenechea Grimaldi
Egresado de la Escuela de Periodismo de Búsqueda,
primera generación 2017