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    lunes 17 de junio de 2024

    Un cabildo cada vez más abierto

    Nº 2255 - 14 al 20 de Diciembre de 2023

    Que algo pasa con Cabildo Abierto y con su líder, el senador y general retirado Guido Manini Ríos, no es novedad. Visto con el diario del lunes, fue la sorpresa más ruidosa de las últimas elecciones nacionales y desde entonces son pocos los meses en los que no ha estado en los primeros lugares de la agenda pública. Sea para recibir halagos o críticas, por declaraciones explosivas o maniobras dudosas, por idas y venidas, por muchos y muy distintos aspectos, Manini siempre es noticia. Su subida al escenario principal después de la excelente votación de 2019 no ha pasado desapercibida.

    Pero ahora está ocurriendo algo nuevo como Manini y con su partido político. Es probable que sea por la cercanía de los tiempos electorales y por lo que están mostrando las encuestas. No porque Cabildo Abierto esté especialmente bien posicionado en ellas. Al contrario. Ni una sola le otorga una intención de voto mayor o similar a la cantidad de sufragios que obtuvo en las últimas elecciones.

    El tema es otro. Se trata de que parece que la próxima será una instancia electoral muy pareja y que es posible que ninguna de las dos mitades cuente con la mayoría suficiente como para poder gobernar sin alianzas, gane quien gane. Los sondeos de opinión muestran que la elección se define entre los candidatos presidenciales del Frente Amplio y del Partido Nacional y que —principalmente la segunda opción pero también la primera— están lejos del 50%. Entonces, los partidos más pequeños pasan a ser fundamentales. Y Cabildo Abierto es uno de ellos, uno que de un tiempo a esta parte se muestra cada vez más cabildante y cada vez más abierto.

    Eso quizá sirva para justificar algunas cosas un tanto sorprendentes que están ocurriendo. Por ejemplo que Manini reconozca que cuando era comandante en jefe del Ejército durante el segundo gobierno de Tabaré Vázquez ya estaba preparando su salto a la política y hasta tenía pensada toda la estrategia y el nombre del que luego sería su partido. Que relate —y con lujo de detalles— que desde uno de los cargos más importantes de las Fuerzas Amadas haya planificado cuál era la mejor forma de captar la atención pública para después sumar votos, por más que la Constitución de la República se lo prohibiera de forma expresa. Que lo haga además a conciencia, preguntándole a Fernando Amado —que estaba preparando un libro sobre él— si lo estaba grabando en el momento en el que hacía esas revelaciones. Que después de publicado el libro (Manini Ríos: el comandante sin jefe) y difundida esta clara violación a la Constitución Manini no se retractara. Al contrario, que confirmara sus desvíos constitucionales. Y que nadie, absolutamente nadie, hiciera nada ni en el Parlamento ni en ningún otro ámbito para exigir explicaciones o buscar algún tipo de consecuencias políticas para el líder de Cabildo Abierto.

    O que en las entrevistas que dio para ese mismo libro hable con total soltura de que no siente ningún tipo de afinidad con su socio en el gobierno, el presidente Luis Lacalle Pou, y que lo describa como alguien preocupado principalmente por sus votos y con poco conocimiento de historia. Que en una gira por el interior uruguayo unos días después ponga en duda que Lacalle Pou realmente quiera que el oficialismo gane las próximas elecciones. Y que nadie dentro de los principales aliados de Lacalle Pou haga nada como para intentar derrumbar o al menos cuestionar esas reflexiones tan duras e hirientes hacia el presidente.

    O que en actos cabildantes que tuvieron lugar en Montevideo en los últimos días algunos dirigentes de primera línea hayan sostenido que la disyuntiva en las próximas elecciones es entre la patria y el comunismo, como si todavía estuviéramos en plena guerra fría. Que el propio Manini siga hablando de militares retirados como “presos políticos” y víctimas de un Poder Judicial que entiende como vengativo, militante político y totalmente flechado a favor de la izquierda y que ninguna, absolutamente ninguna, de las principales figuras del Frente Amplio le responda.

    Esos son solo algunos ejemplos pero hay más. Los dos dirigentes que inician la carrera electoral como favoritos son el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, por el oficialismo, y el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, por la oposición. Así concluyen los principales analistas políticos y directores de empresas encuestadoras. No hay uno solo que piense distinto. Y los dos mantienen muy buen diálogo con Manini.

    Es probable que Orsi no tenga en sus planes sellar una coalición con Cabildo Abierto si le toca ser presidente. Hay algunas cuestiones, en especial relacionadas con el pasado reciente, que los ubican a ambos en veredas opuestas. Pero hay otras que no y es probable que sí puedan lograr acuerdos puntuales. Diálogo y cercanía mantienen. Algunas instancias se hacen o se hicieron públicas y otras no. Así que los lazos ya están sólidos.

    Si gana Delgado seguirá teniendo como uno de sus socios principales a Manini y a Cabildo. Entre otras cosas porque Cabildo no se va a ir de la coalición republicana. Está jugando cada vez más al límite pero eso parece ser parte de su estrategia electoral. De hecho, la última semana los legisladores cabildantes votaron en el Parlamento para levantar un veto presidencial impuesto a una ley vinculada a los extrabajadores de Casa de Galicia. Lacalle Pou quedó muy molesto con esa actitud y se lo hizo saber a los dos ministros que integran el gabinete en representación de Cabildo pero no les pidió la renuncia. Cada cual hizo lo suyo, asumió el papel que más le conviene, y todo sigue como está. Así parece que será hasta el último día de este gobierno y también si vuelve a triunfar el oficialismo.

    Quizá por eso ya casi nadie habla de los campos en Artigas que poseen Manini, su esposa Irene Moreira y su suegro y que varios informes técnicos concluyeron que pertenecen al Instituto de Colonización. El directorio de ese organismo falló en una votación dividida a favor de la familia Manini y el tema parece haber quedado enterrado. También son pocos los que se refieren a las viviendas entregadas durante la gestión de Moreira en el Ministerio de Vivienda, en especial a algunas que terminaron provocando su renuncia ante el pedido de Lacalle Pou. Ambos temas quedaron como muy laterales porque no están dentro de las prioridades ni del oficialismo ni de la oposición.

    También ocurre algo similar con los asuntos espinosos mencionados al principio de esta columna y es probable que así sea con otros que vendrán. Por algo será.