• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Un ex embajador de España en Congo relata su dramático rescate por militares uruguayos cuya eficiencia y profesionalismo “impresiona”

    Habitual es que Uruguay sea reconocido por el fútbol, Punta del Este, Jorge Drexler o la carne vacuna, pero es inusual lo que surge de un reciente libro de un ex embajador de España en el Congo: “No se les escapa ni un solo detalle. Desaparecen rápidamente. Nos dejan. Los que formaron el perímetro de seguridad se repliegan rápidamente al edificio. Los pierdo de vista. Desaparecen para mí. Ha sido una maniobra rápida, concisa, cirugía militar conservadora: no han disparado un solo tiro. ¡Chapeau, Uruguay!”.

    El libro, que será presentado hoy jueves 15 y a cuyo adelante accedió Búsqueda, se titula “49 horas en Kinshasa” y su autor es el español Miguel Fernández Palacios, quien ejercía como embajador de su país en la capital de la República Democrática del Congo en 2007, cuando estalló una de las peores crisis de la última década con un amago de guerra civil que en dos días produjo más de 600 muertos.

    En pocas horas Kinshasa se convirtió en un infierno: era el 22 de marzo del 2007 y el ex vicepresidente Jean Pierre Bemba se negaba a cumplir una resolución presidencial que le ordenaba desmantelar su ejército personal -algo cuya existencia es difícil de entender en democracias consolidadas pero es factible en el inestable Congo-.

    Las calles del barrio La Gombe, cerca del río Congo y donde se encuentran buena parte de las sedes diplomáticas extranjeras, oficinas de organismos internacionales y otros centros de toma de decisiones, se convirtieron en campo de batalla con cientos de hombres con fusiles de asalto, morteros, lanzacohetes y hasta tanques de guerra. La embajada de España quedó en medio del fuego cruzado y las 21 personas que allí estaban no podían hacer más que agacharse, resguardarse contra paredes y esperar el cese de hostilidades mientras los vidrios y paredes exteriores eran destrozados, uno tras otro.

    Por orden del embajador se racionó la comida y la bebida. Estaban en el cuarto piso de un edificio de siete niveles y un rescate se hacía imposible al menos por unas cuantas horas dada la intensidad del fuego. Con el paso del tiempo empiezan a aparecer los datos de muertos y heridos por ensordecedores balas y cohetes que devastan otros pisos del edificio, donde también se encuentra la oficina de Unicef y de la embajada de Grecia.

    Cuando el embajador decidió llamar al coronel del Ejército uruguayo Ricardo Fernández tenía motivos: “En pocos meses he logrado construir una relación de simpatía, afecto y confianza con Fernández y con gran parte de la oficialidad uruguaya”. Precisamente en Congo se encuentra uno de los dos mayores contingentes militares uruguayos que cumplen Operaciones de Mantenimiento de Paz de Naciones Unidas.

    “El fuego es intenso y estos malditos no levantan el dedo del gatillo. Estense quietos. Que no se mueva nadie. Que nadie salga de la embajada. Ahora mismo solo podemos esperar. Tenemos tres columnas de blindados Cóndor preparadas para hacer incursiones puntuales y proceder a la extracción del personas de Naciones Unidas, pero por el momento hay que esperar”, le explica el oficial uruguayo, a quien el embajador describe en su libro como “un militar serio, formado e inteligente, aunque parco en las palabras”.

    El calor agobiante y se sumaba al pánico y la incertidumbre.

    La situación se tornó más crítica aún cuando combatientes de alguno de los dos grupos en pugna tomó la azotea del edificio para disparar desde allí, y Fernández volvió a llamar con un pedido desesperado. “Mi coronel, soy el embajador de España. Creemos que un tirador se ha apostado con una ametralladora pesada -intuyo que sea una 12.70 o algo así- en la azotea de nuestro edificio. Dispara sin cesar. El martilleo es constante. Es evidente que nos acabamos de convertir en objetivo militar y, por extensión, el edificio desde donde dispara. Tienes que sacarnos de aquí. No quiero pedirle oficialmente al jefe militar de la misión de Naciones Unidas una evacuación, ya que empezaría con tecnicismos y seguiría con protocolos de actuación para concluir diciéndome que todos los funcionarios de Naciones Unidas tienen prioridad sobre nosotros”, pidió el diplomático.

    “Me hago cargo de la situación. No se preocupe, embajador. Estén preparados. En cuanto tengamos una ventana de oportunidad, entramos. Entraremos con uno o dos blindados más de los previstos y les sacamos junto a los de Unicef. No se preocupe, que Uruguay no se olvida de la madre patria, pero no quiero engañarle: estén preparados para la extracción, pero no sé si podremos extraerles en media hora, en dos o en tres. Estos morochos tendrán que cansarse de disparar, pero no sé cuándo se cansarán. Mi gente ya está preparada”, fue la respuesta del coronel.

    Poco después, el embajador se contacta vía telefónica con el vicecanciller de España. “El subsecretario no ha terminado su frase cuando una potente explosión me lanza un par de metros hacia adelante. La onda expansiva hace que salga disparado y caiga detrás de la mesa de mi secretaria. Pierdo gafas y zapatos. El teléfono sale volando. Me doy cuenta de lo que ha pasado: me doy cuenta de que estoy bien”, recuerda en su libro.

    “Impresionan”.

    Tras varias horas de tiroteos y estallidos sin pausa que el embajador relata en detalle, llega el momento en que los militares uruguayos comienzan la evacuación del edificio, algo que tendrán que hacer en diferentes turnos en virtud de la capacidad de transporte de personas de sus blindados.

    Fernández Palacios logra observar la llegada de las tanquetas desde una ventana: “No imaginaba que pudieran ser tan rápidos. Antes de que nos demos cuenta se sitúan delante —a unos 50 metros— de nuestro edificio: una tras otra con unos diez metros de separación entre cada una de ellas. De las escotillas superiores de los Cóndor sale medio cuerpo de un soldado: es el artillero con su chaleco antibalas y su equipo de combate al completo. Me llama la atención la fuerza que transmite el casco azul celeste de naciones Unidas. Los tres agarran con firmeza la ametralladora pesada que llevan anclada a la parte superior del blindado. Cada uno de ellos controla un flanco distinto en esta tarde calor espeso: el primero apunta hacia delante; el del medio, hacia el lado contrario a la fachada; y el del último blindado, hacia atrás. Controlan todos los movimientos. Impresionan. Los portones de los Cóndor se abren prácticamente a la vez y de ellos salen, como si de convictos liberados se tratara, unos seis u ocho soldados”.

    “De repente —continúa— veo como los soldados que habían entrado en el edificio vuelven a salir. Forman un triángulo en el que un vértice se encuentra en nuestro edificio y la base en la línea que forman los Cóndor uruguayos. Rodilla en el suelo y fusil de asalto en ristre. Permanecen quietos: es como si se hubieran quedado congelados, en una atmósfera agobiante. Una mujer, solo una, sale del edificio corriendo, en zigzag, no se para, no mira atrás, no se detiene. Entra en la primera de las tanquetas. Una vez adentro, la sigue una segunda. Y así sucesivamente. (...) No se le escapa ni un solo detalle. Desaparecen rápidamente. Nos dejan. Los que formaron el perímetro de seguridad se repliegan rápidamente al edificio. Los pierdo de vista. Desaparecen para mí. Ha sido una maniobra rápida, concisa, cirugía militar conservadora: no han disparado ni un solo tiro. ¡Chapeau Uruguay!”.

    Poco después les llega el turno. Vuelven los uruguayos y los españoles los esperan en el zótano del edificio listos para ser rescatados de ese “infierno”. El procedimiento se repite y todos van ingresando de a uno en los blindados, donde los espera el “nauseabundo” olor de la gente apretada, el aceite quemado y el calor insoportable. A toda velocidad, entre ráfagas de ametralladora y con “violentas” curvas, los blindados comienzan a escapar de la zona donde se producen los combates más feroces.

    Corren camino hacia la sede de la misión de Naciones Unidas en Kinshasa, donde deben estacionar 150 metros antes y, por lo tanto, deben correr en zona de combate. “Hay que correr mucho, no hay que pararse bajo ningún concepto. Las puertas del Cuartel General estarán abiertas esperándoles. Mis fusileros marcarán el camino y tomarán posiciones. No se asusten por los tiros. No son contra nosotros. Se disparan entre ellos. Ustedes limítense a correr, que nosotros les cubriremos”, les indica un capitán uruguayo.

    Fueron 49 horas en una capital que, una vez más en su historia, se había convertido en tierra de nadie. Tiempo después el propio rey de España condecoró a los oficiales uruguayos que participaron en la operación de rescate y felicitó y agradeció vía telefónica al entonces presidente Tabaré Vázquez.

    “¡Qué suerte he tenido encontrándome al batallón uruguayo y a un tipo como Fernández en una situación como esta!”, recuerda el embajador en su libro.

    Las fuerzas leales al gobierno derrotaron a la milicia de Bemba, quien en la actualidad está detenido a la espera del fallo de la Corte de La Haya, acusado de crímenes contra la humanidad. Y aunque en Kinshasa la violencia no ha vuelto, en el este del Congo la inestabilidad y las balas siguen siendo lo normal.

    // Leer el objeto desde localStorage