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Las empresas que más usan el régimen de seguro de desempleo suelen ser de reducida dimensión, más antiguas, tener estructuras salariales menos desiguales y una relativamente baja rotación en el empleo. Son sobre todo de la industria, la construcción, y del sector de transporte y almacenamiento. Sin embargo, dentro de cada rama una alta proporción de empresas nunca emplearon este programa sino que su uso se concentra en un grupo pequeño de firmas.
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Esos hallazgos surgen de un estudio, fechado en junio, realizado por el economista Andrés Dean para la Oficina de Montevideo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
El autor define el programa de “seguro de paro” como “pequeño” si se consideran los recursos utilizados: entre 1,3% y 3,7% de los gastos del BPS y entre el 0,14% y 0,49% del Producto Bruto Interno uruguayo. Además, tiene una “baja cobertura”, que en investigaciones anteriores fue cuantificada en no más de 6% de los desempleados. Ello obedece a las propias características del mercado laboral (como el “alto” nivel de trabajo no registrado) y al propio diseño del régimen (“relativamente exigente” en sus requisitos), señala.
Ser hombre aumenta las probabilidades de que el trabajador sea enviado al “seguro de paro” por despido, pero la variable de género no sería significativa en las otras modalidades del subsidio (por suspensión y reducción horaria). Ser joven, tener mayor antigüedad en el puesto y cobrar un sueldo relativamente alto, reduce la probabilidad.
El estudio fue realizado con los microdatos de la totalidad de los beneficiarios de seguro de desempleo del Banco de Previsión Social (BPS) entre 2000 y 2014, y de las historias laborales de ese instituto (del 20% de las empresas de “tipo capitalista” registradas en ese instituto).
Para acceder al beneficio por pérdida del empleo o reducción de al menos 25% de las horas o días laborales, la persona debe haber trabajado formalmente al menos seis meses en el último año. Para la situación más común, tras la reforma de 2009 el subsidio tiene un esquema decreciente, que se inicia con un monto equivalente a 66% del salario en actividad y baja hasta 40% a los seis meses.
Según el estudio, los beneficiarios son mayoritariamente de edad mediana (más de 50% tiene entre 30 y 49 años) y hombres (en el entorno de 70%). La mayoría tiene familia a cargo, porcentaje que tendió a aumentar en el período analizado y llegó a 67,2% en 2013.
En cuanto a la duración del subsidio, el porcentaje de los que lo cobran por dos meses o menos aumentó a 26% en 2013, posiblemente por el esquema de pago decreciente que se introdujo para incentivar la búsqueda de empleo.
Indicadores.
Para evaluar el uso que le dan las empresas al seguro de desempleo Dean construyó varios indicadores. Uno mostró que el porcentaje de firmas que recurrieron a este programa se incrementó hasta 2002 (cuando tuvo un pico cercano a 23%), luego bajó (a 10 % en 2004) y después tendió a crecer hasta el final del período (salvo una baja coyuntural de 2011), cuando llegó a 17% de las empresas.
Otro indicador analizó la intensidad en el uso del “seguro de paro” a través de la proporción de trabajadores de la empresa que se encuentra cobrando el beneficio. El porcentaje subió de 2% al inicio del período a 8% en 2002; en 2003 cayó, pero en los años siguientes llegó a 3%.
Un tercer indicador mostró que las 116.557 empresas incluidas en la base de datos tuvieron al menos a un trabajador en el “seguro de paro” durante 20,4 % del total de meses en que se observan registros en las historias laborales.