“El 80% del espacio público son las calles, no son las plazas ni los parques”. Con esa frase, la arquitecta Victoria de Álava, destacó la importancia que tiene esta infraestructura urbana en la vida de quienes habitan la ciudad y en las formas de movilidad. Al estudio de este tema dedicó su tesis de la Maestría en Ordenamiento Territorial y Urbano en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, investigación con la que ganó el Premio Nacional de Ordenamiento Territorial del Ministerio de Educación y Cultura (MEC).
En su trabajo creó un sistema de medición de caminabilidad y lo aplicó a cinco barrios de Montevideo: Ciudad Vieja, Cordón, Carrasco, Cerro y Pocitos. El método selecciona tramos de cada uno de ellos tomando cinco calles como referencia y mide variables, como los decibeles (dB) admitidos para la tolerancia de las personas, acceso a rampas, acceso al transporte público, ancho de las veredas y su estado, iluminación, abrigo o sombra que podían brindar los árboles, así como los atractivos visuales y espaciales al caminar.
“La evaluación de cada ítem que construye al índice es cuantitativa y opera bajo un sistema de puntuación de 3 óptimo a 0 insuficiente”, explica la tesis.
Ciudad Vieja obtuvo el índice promedio más alto, con 1,85, lo que determina una caminabilidad de “suficiente a buena”. El análisis destaca la dimensión de las manzanas, los diferentes usos del espacio. Dentro del barrio, Sarandí fue la calle con mejor índice (2,03), dentro de las cinco analizadas.
En contraste, Carrasco mostró peor nivel de caminabilidad, con un índice promedio de 1,15, considerado suficiente. El ancho de las veredas y el arbolado son el punto fuerte del barrio, en el que ninguna de las calles analizadas sobresale del promedio.
El Cerro fue el segundo peor evaluado. Obtuvo un índice de 1,57, una caminabilidad “de suficiente a buena”. En general destaca por el ancho de sus veredas, la dimensión de sus manzanas y el arbolado urbano. Grecia fue la calle con mejor índice dentro de la muestra: 1,98.
Finalmente, Pocitos tuvo un índice promedio de 1,83 y Cordón uno de 1,69. En Pocitos, la dimensión de las manzanas y el arbolado son los puntos fuertes, y 21 de Setiembre la calle mejor evaluada (2,06); en Cordón, en tanto, se destaca la dimensión de las manzanas y los comercios como atractivo visual; 18 de Julio sobresale con un índice de 2,17.
Problemas y un laboratorio
Carrasco y Cerro, barrios principalmente residenciales, registraron los peores índices de caminabilidad, aunque los motivos son diversos.
Carrasco, a diferencia del Cerro, tiene un alto nivel económico y el acceso a vehículos particulares es mayor. Como zona residencial, tiene problemas de conectividad con el transporte público y con la movilidad de peatones. Debido a las grandes manzanas, el tránsito circula a velocidades que superan los 45 kilómetros por hora y lo que lleva a los peatones a cruzar en mitad de la calle, lo que supone un riesgo.
En el Cerro las veredas son anchas. Sin embargo, en ocasiones la mitad está ocupada por contenedores de basura o canteros pertenecientes a casas, lo que reduce la seguridad y el espacio utilizado por el peatón. Al igual que Carrasco, en términos de comercios, actividades nocturnas o espacios de recreación, las opciones son reducidas, lo que disminuye el tránsito de personas.
A diferencia de los barrios de perfil más residencial, Ciudad Vieja tiene mejores índices de caminabilidad. De Álava dijo a Búsqueda que ve a esta zona como un “laboratorio ciudadano” que permite evaluar cómo puede funcionar la ciudad en armonía con el peatón, con una velocidad de tránsito que no supera los 30 kilómetros por hora, lo que disminuye el riesgo de siniestros para los transeúntes.
En Pocitos, el barrio más densamente poblado de la ciudad, el ancho de las veredas y la calidad de las manzanas mostraron niveles suficientes de caminabilidad. Los atractivos comerciales y algunas facilidades para los peatones se suman como puntos fuertes. Sin embargo, De Álava consideró que su evaluación es “frágil” y puede variar. La altas velocidades de los autos, el ensanche de las calles y proyectos inmobiliarios que no consideren a los peatones son parte de las amenazas latentes.
En Cordón, la autora de la investigación observó, a partir del censo de 2011, que este era el barrio con la población más envejecida dentro de la muestra. Una fuerte presencia de mujeres de más de 65 años, algunas con discapacidad motriz, incrementa la necesidad de veredas más anchas y mayor accesibilidad.
Aunque 18 de Julio tiene una buena accesibilidad, alto tránsito vehicular y peatonal por los comercios, museos y restaurantes de la zona, las paralelas a la principal avenida tienen mala iluminación, poca presencia de árboles y veredas estrechas que no dan seguridad al peatón. La calle Tacuarembó es la que se encuentra en peor estado, dentro del estudio.
Salud y productividad
La investigación destaca cómo el incremento de vehículos particulares empeora la salud de las personas. De Álava se apoyó en varias investigaciones que señalan que el efecto de las emisiones de dióxido de carbono generadas por los autos son perjudiciales. A su vez, menciona que un documento del Ministerio de Salud Pública (MSP) señaló que en 2019 en Montevideo el 10,2% de las defunciones fueron por enfermedades respiratorias, la cuarta causa de muerte ese año en la capital.
En la misma línea, la autora hace hincapié en que el sedentarismo y la inactividad física suponen “uno de los cuatro principales factores de riesgo que pueden causar enfermedades no transmisibles”. El sedentarismo, en particular, puede “determinar cambios metabólicos” que aumentan el riesgo de la aparición de “presión arterial elevada, sobrepeso/obesidad, glucemia elevada y grasas en sangre elevadas”.
La investigación plantea también que, desde los inicios, la distribución de la red vial fue pensada en clave de productividad. Esta lógica, por ejemplo, tiene poca consideración con la situación de mujeres con rutinas marcadas por tareas de cuidados de otras personas o abastecimiento del hogar.
La distribución del espacio público, según la investigación, determinó que un 50% correspondía a calzada —espacio utilizado para los autos— y otro 50% a acera. La autora recuerda que, según un informe del Ministerio de Transporte de 2019, solo el 42,5% de la población en Montevideo era dueña de un auto, por lo que el reparto no resulta equitativo.
Otro fenómeno abordado en el estudio es el uso de la iluminación del espacio público priorizando los cruces entre autos y peatones, en vez de un uso enfocado en la seguridad o disfrute de los que van a pie. Esto incide en la baja presencia de paseos nocturnos.