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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSi hay algo que siempre se hace recurrente en lo concerniente al Uruguay marítimo, es la constante aparición de hechos vinculados al acorazado alemán Graf Spee, suceso que en este mes de diciembre estaría cumpliendo 81 años; hoy lo vemos con el tema de la venta del “águila”, pieza ornamental que nuevamente se hace presente en la opinión pública, algo que parece ser indefinido, siendo lógico que la cifra que se cobraría brindaría al Estado (un 50%) una buena cantidad para por ejemplo volcarla al Fondo Coronavirus. Pero existen otras historias a las que hay que asomarse, y ello se da sobre el gran rubro mediático de los siniestros en la mar con sus cinematográficas escenas. En este caso, en el nada grato rubro de cobrarse vidas y bienes en naufragios, siniestros y accidentes, nuestro Río de la Plata nada tiene que temer al cabo Hatteras, al mítico Triangulo de Bermudas y ni siquiera al proceloso Cantábrico con sus “costas de la muerte”. Ello lo indican las cifras que conservan nuestros archivos —oficiales o privados— que pautan lo anterior en forma contundente. En estos elementos no solo buques de todo tipo y tamaño se ha llevado el río, pues desde Solís a la fecha los registros prosiguen enhiestos y el naufragio o la encalladura parecen ser constantes, sino que también se han vivido caídas de aeronaves como se ha dado con la pérdida del avión de Air Class y asimismo la tragedia del barreminas Valiente. Y aquí sobresale la entidad que posee esta tan dolorosa nómina en nuestra historia, pues tanto la aviación comercial como asimismo la militar tienen sus víctimas. En tan trágica lista se hallan nombres como los del teniente de navío Mario Botto y el alférez de navío Clemente Pradines, hoy recordados por la nomenclatura urbana, que el 5 de enero de 1935 cayeron con su avión a las aguas de la bahía de Montevideo, nombres que deben sumarse a los de los capitanes de corbeta Carlos Curbelo y Mayo Villagrán, junto a muchos otros, víctimas de luctuosos episodios que en su momento enlutaron a nuestra sociedad. En suma, muchos incidentes de este u otro tenor guardan las crónicas platenses, ya que el cruce de sus aguas es una constante en aras de las comunicaciones entre ambas orillas del río. Así lo fue desde el inicio de la conquista.
Siguiendo en esta línea tenemos al frente un poco nombrado accidente aéreo que tuvo como colofón la muerte de varias personas y la caída en aguas cercanas a Punta Carretas de un gran hidroavión cuatrimotor del modelo Sikorski S-44, perteneciente a una empresa local denominada con la sigla TACI. Este aparato era de un modelo del que solo se habían construido cuatro en total, por lo que hoy el Plata posee sumergido en su seno uno de estos gigantes del aire. El accidente ocurrió en la noche del viernes al sábado 16 de agosto de 1947, cuando el hidro intentaba acuatizar en el medio de una situación climática muy desfavorable con una cerrada neblina, momento que negó a sus pilotos la visión referencial de las luces de los faros del Cerro y la propia Punta Carretas, cosa que los obligó a tomar una errática travesía que supuso que la máquina efectuara varios pasajes sobre las cercanías del canal del entrada al puerto montevideano, sobrevolando los cascos urbanos y causando la natural alarma de la población. Es de creer, dado que las informaciones recabadas en aquel momento siguen siendo muy difusas, que el avión intentaba amerizar fuera de la bahía, donde en realidad se hallaba su estación, buscando dicha contingencia aguas afuera por lo que, merced a una mala maniobra o a una falla en sus cálculos de altitud, al iniciar la maniobra de descenso su pesada estructura pegó contra las rocas que existen en ese paraje, que emergen a media agua, deshaciéndose el aparato contra las restingas de la otrora justicieramente denominada Punta Brava.
Y aquí irrumpe la polémica dada la incertidumbre de tan poco ortodoxo acontecimiento que se daba dentro de un vuelo que surgía entre las tinieblas de la noche efectuado por una aeronave que parecía querer ocultarse a alguna mirada y que, como colofón, terminaba estrellándose contra el río con el cobro de nueve desaparecidos y solo tres de sus tripulantes con vida. Es que, hasta el mismo rescate de estos últimos náufragos había tenido sus bemoles, pues sus declaraciones no fueron claras y, como para encuadrar aún más la situación, en una línea muy extraña, las propias autoridades hicieron todo lo que pudieron como para que todo quedara lejano a la opinión pública. Y allí están los artículos de la prensa donde se dibujaba la presencia de un hecho de corte político y ciertamente diplomático, pues raudamente se hizo conocer en forma informal que el hidroavión había conducido un cargamento de armas al Paraguay y que la riesgosa aventura había fallado debiendo la aeronave retornar precipitadamente de tan agitado viaje culminando todo de la forma que explicitamos. La máquina pertenecía a la empresa TACI (Transportes Aéreos Comerciales Internacionales), que operaba con carga y pasaje con diversas frecuencias de vuelo con escalas y destinos varios, estos últimos quizás un tanto singulares, pues sus puntos de término se hallaban en el Cercano Oriente. Si bien esta compañía se embanderaba con nuestra enseña la mayoría de sus pilotos eran de nacionalidad estadounidense, cosa muy común en aquellos años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, puesto que abundaban los tripulantes desocupados, veteranos del conflicto. Empero, el rescate de estos tres individuos siguió mostrando singularidades, pues el mayor retirado de nuestro ejército Alcides Perdomo, un estadounidense de apellido Dinnen, ingeniero de vuelo, y un ciudadano paraguayo, el mayor Alejandro Sienra, fueron los sobrevivientes del siniestro. Entonces en cuanto tocó tierra Perdomo intentó, primero, pasar desapercibido y al no lograrlo, pese a la inusual colaboración que en este sentido le brindaron las autoridades de Prefectura y Policía, que virtualmente lo secuestraron de la vista pública, lanzó a luz una larga serie de informes que desnudaron el hecho de que la aeronave conducía un cargamento de armas hacia un punto de la geografía paraguaya donde en ese momento se desarrollaba un cruento levantamiento contra el gobierno dictatorial del general Higinio Morinigo, hecho que a la postre iba a costar miles de muertos en una contienda fratricida que tuvo como conclusión la victoria gubernamental.
Este conflicto intestino había estallado en el mes de enero y las facciones enfrentadas respondían a causas político-sociales de los más diversos signos de cara a la misma turbulenta historia del Paraguay. Morinigo conducía el país desde la muerte en un accidente aéreo del anterior presidente, el mariscal Feliz Estigarribia (héroe de la guerra del Chaco), en cuya administración había fungido de ministro de defensa y sin duda desde el inicio de su mandato hizo caso omiso de la constitución y gobernó con mano de hierro colocando a los partidos políticos de corte liberal por fuera de la ley. Asimismo, ubicó a mucha de la joven oficialidad del ejército en puestos de importancia, entre ellos a un coronel llamado Alfredo Stroessner.
En este sentido Morinigo obtuvo buenos dividendos y cierta paz social a causa, entre otras cosas propias a la cosmovisión guaraní, de que observó una conducta ambivalente durante la contienda mundial, ora albergando a un poderoso lobby germanófilo que hacía de las suyas, ora apoyando a los EE.UU. en estentóreas declamaciones públicas, una de estas ante el mismo Congreso estadounidense. Pero Morinigo culminó declarando la guerra al Eje recién en 1945 cuando Hitler y Mussolini ya se hallaban en las puertas del Averno. Las causas de la denominada “guerra civil del 47” son bastante complejas y responden a situaciones dimanadas de luchas internas de poder entre sectores diversos de los cuales el Partido Colorado paraguayo salió ganancioso, pues logró obtener el apoyo de las masas autóctonas del campesinado merced a la aplicación de una política populista. De tal forma, cuando estalló la contienda se formó una coalición antigubernamental que consistía en la alianza de los partidos Liberal, Febrerista y el diminuto Comunista, que, sumados a una muy pequeña fracción de las FF.AA. paraguayas, se enfrentaron a las fuerzas de Morinigo. La lucha fue encarnizada y todo se consumó cuando el gobierno logró conformar un contingente compuesto en su totalidad por los denominados pynandi (en lengua guaraní: “pies descalzos”), gentes de campo con cuyo abrumador apoyo se aniquiló cruentamente a la oposición. Y aquí comenzó el reinado absoluto de los colorados paraguayos hasta la victoria de Lugo en 2008.
Entonces, de cara a los hechos desarrollados con la caída de aquel hidroavión de la TACI es de asumir que luego de las explicitas declaraciones del mayor Perdomo todo quedó en evidencia, pues se trataba de una operación encubierta que fracasó totalmente dado que el giro de los hechos llevó a la derrota de los soliviantados contra el gobierno de Morinigo. El aparato desde suelo uruguayo habría volado hacia un sector cercano al sur paraguayo que parecía controlado por los alzados, pero hubo que afrontar una precipitada retirada, ya que las fuerzas gubernamentales se aproximaban peligrosamente a dicho punto y así la aeronave emprendió el regreso al Plata. De aquí las maniobras que tomó el avión, que en ese elusivo vuelo nocturno (por supuesto, sin permiso de la autoridad aérea regional) hasta fue ametrallado por la artillería antiaérea argentina a la altura del Delta y de la cercana isla de Martín García, cosa que le causó alguna avería no detallada que quizás inclinó la balanza a la hora de buscar su acuatizaje en el río. Entonces se debe tomar nota de la situación política regional que mostraba a un Morinigo apoyado férreamente por su colega Perón, que hasta envió buques de guerra en apoyo de su causa, cosa que nos va llevando hacia un esquema de entendimiento que señala un proceso de enfrentamiento que tuvo a muchos de sus involucrados muy por fuera de las fronteras paraguayas.
¿Qué rumbo tomó el gobierno uruguayo en esa hora, pues apenas a una semana de este suceso la cancillería paraguaya enviaba a su similar oriental una requisitoria donde hacía cargos concretos contra autoridades militares y policiales de Uruguay? Apenas días antes del hecho que revelamos, el 2 de agosto, había fallecido el presidente Tomás Berreta y sucedido por su vicepresidente Luis Batlle Berres y se hacía notar pesadamente que este era el primer gran problema que enfrentaba el novel mandatario, nada menos que una acusación de intervencionismo en asuntos de una nación extranjera, y si se leía los encabezados de la prensa paraguaya se hacían cargos de connivencia con los sublevados. La respuesta del canciller Daniel Castellanos se demoró hasta el 14 de setiembre, casi a un mes de la tragedia, por causa de las investigaciones que el presidente había ordenado al efecto, no solo para ver de contestar las afirmaciones paraguayas, sino de buscar una salida más afiatada a un situación muy enrevesada cuyas idas y vueltas en forma incontrastable demostraban que aquel avión que había culminado su vuelo de tan mala manera frente a la rambla montevideana, había colaborado con uno de los bandos de una guerra civil extranjera. Y ello se comprobó cuando fueron apareciendo sobre las riberas del Plata los cuerpos de los fallecidos, la mayoría de nacionalidad paraguaya, quienes fueron reconocidos como partícipes de la revolución contra Morinigo; la mayoría altos jefes militares de ejército y marina guaraníes.
En tamaño menester no había nada más que hacer y las farragosas explicaciones de nuestra Cancillería poco aportaron al efecto a pesar de las zonas oscuras que cubren hasta hoy mismo el acontecimiento que sucintamente relatamos; en efecto, la respuesta uruguaya solo logro atizar aún más las pesadas conclusiones que mostraban cómo desde territorio uruguayo se había orquestado una operación aérea de municionamiento a los rebeldes al gobierno paraguayo, que al fallar terminó siendo una maniobra de escape de parte de los jefes de dicha empresa armada. Y el cierre de todo este ríspido intercambio de notas se clausuró en junio de 1948 cuando en un golpe palaciego Morinigo fue desplazado del poder y reemplazado por el abogado Juan Manuel Frutos, quien habría de ocupar la silla presidencial por algo más de dos meses. El Paraguay habría de esperar a Stroessner hasta 1954. ¿Y el general Morinigo? Murió a los 90 y pico de años sumergido en la miseria y el olvido.
Conclusión: otro misterio guarda las aguas del Plata y lo único que restaría para cerrar esta crónica es que el mismo estaría formado por unos cuantos kilos de material de guerra que se hallarían allí mismo, frente a la cosmopolita Punta Carretas. Como para que tengan mucho y especial cuidado los abundantes rescatadores de tesoros que pueblan nuestra geografía urbana y que siempre buscan hacer su agosto.
Alejandro Nelson Bertocchi Moran
CI 1.213.521-1