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    Un nuevo testimonio militar detalla las torturas a los presos políticos durante la dictadura: picana y hasta tres días de plantón

    Organizaciones de derechos humanos creen que se abre una “brecha a la impunidad” con los nuevos testimonios

    Luego de décadas de silencio en torno a las violaciones a los derechos humanos que se cometieron durante la dictadura (1973-1985), poco a poco algunos militares retirados comienzan a dar detalles del trato al que eran sometidos los presos políticos en los cuarteles, lo que es considerado como una “brecha a la impunidad” por parte de algunos activistas en derechos humanos.

    Primero fue Asencio Lucero, quien en la década de los 70 ocupó como capitán el puesto de S2 —uno de los encargados de la Inteligencia— en el Regimiento de Caballería Nº 9. Lucero reconoció sin ambages las torturas a las que eran sometidos los prisioneros: plantones, submarino seco y mojado, picana eléctrica y, en el caso de las mujeres, desnudo, eran las técnicas más utilizadas por los militares para doblegar a los detenidos (Búsqueda Nº 1.785).

    “Muy sentida”.

    Pocos días después y motivado por ese testimonio, el cabo retirado Luciano José González detalló los tormentos que se aplicaban a los detenidos en el Batallón de Infantería Nº 5 en Mercedes (Soriano). El testimonio de González se produjo en una audiencia en el marco de la Comisión Especial creada por la ley 18.596 para reparar a las víctimas de la dictadura. Los miembros de esa comisión se quedaron impactados con la declaración del militar retirado, quien aseveró que debió pedir la baja en la década de los 70 porque no soportó lo que estaba presenciando.

    Consultada por Búsqueda María del Carmen Martínez, representante en la comisión del grupo de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, dijo que si bien esa organización aún no realizó una evaluación del testimonio de González, personalmente le parece “muy importante” para el reconocimiento de las violaciones a los derechos humanos que se cometieron en esa época. “Lo hizo de una forma muy sentida, sin soberbia y eso es valioso”, señaló. “Es relevante que no solo las víctimas brinden su testimonio, sino que los militares también se animen a decir qué fue lo que pasó”, añadió.

    Otros integrantes de organizaciones sociales que trabajan para esclarecer lo que sucedió en esos años pero que prefirieron no identificarse fueron aún más lejos. Dijeron que perciben que se está abriendo una “brecha a la impunidad” porque luego de un período de negación, ahora son los propios militares quienes comienzan a detallar las torturas que se aplicaban.

    “Por ser de izquierda”.

    La audiencia a la que compareció González se llevó a cabo el 1º de octubre y además de él y Martínez estuvieron presentes la abogada Valeria da Trindade, quien se desempeña como asesora de la Comisión Especial y los abogados Marcos Álvarez y Gabriel Rehermann, representantes de los Ministerios de Economía y de Salud, respectivamente.

    Al inicio se le preguntó a González si conoció a una detenida que estuvo recluida en el Batallón Nº 5 y que gestiona una reparación porque a causa de las torturas quedó con severas secuelas de salud. “Sí, la conozco desde hace cuarenta años. Estudiaba y era deportista. Después la conocí en el cuartel porque yo era cabo de segunda y cuando ella estaba detenida como la conocía, la cuidé”, afirmó.

    Señaló que se desempeñó como cabo durante siete años en esa unidad pero que terminó desertando. “Yo me fui porque en esa época se perseguía mucho a los de izquierda (...) me fui de baja porque no me gustó la forma en que se trataba a la gente, no fui partidario de eso y me fui de baja”, agregó.

    “Todos recibieron un castigo por ser de izquierda”, reafirmó. Y de inmediato detalló las torturas que se les aplicaban a los presos: “El teléfono, el submarino, el plantón y comer cuando se les antojaba darles de comer”. El teléfono es una técnica de tortura que implica golpear ambos oídos simultáneamente produciendo un gran dolor, desorientación, indefensión absoluta y pérdida de conciencia momentánea.

    “Después de un tiempo dejaban entrar a algún pariente, pero no tenían nada más que lo puesto. Si estaban mojados quedaban así, los primeros meses fue terrible para todos”, detalló.

    Vio personalmente cómo los presos eran dejados durante días parados a la intemperie luego de las sesiones de tortura a las que eran sometidos por personal de S2. “Los ponían de plantón, había una cancha de pelota de mano, se le llamaba frontón y ahí ponían a los que venían de la tortura. Tenían que estar parados ahí, mojados desde la tortura que se les hacía, los dejaban ahí”, declaró.

    “¿Sabe qué tiempo estaban ahí parados luego de la tortura?”, le preguntaron. “Y, días, una detenida estuvo tres días”, respondió.

    Le preguntaron si le consta que la mujer que realiza el reclamo para ser reparada estuvo “de plantón”.

    “Sí, me consta porque lo vi, yo estaba de guardia”, señaló. Incluso aseveró que ese tratamiento “se repetía” hasta que lograban hacer al preso “declarar lo que ellos querían”.

    “¿Cómo venían las personas luego de ese tratamiento?”, inquirieron los miembros de la comisión. “Imagínese, mal venían, a veces ni caminaban, los tiraban en un colchón”, relató.

    “A otras las soltaron si no les comprobaban ser comunistas o tupamaras, o que no habían estado en nada delictivo”, añadió. Indicó, por ejemplo, que la ex prisionera que inició el trámite debió presentarse “como dos años” más “a firmar” después de que salió en libertad.

    “¿Está en condiciones de decir si la señora sufría alguna patología durante ese tiempo?”, preguntaron. “No vi que tuviera ninguna patología, yo la tenía como una persona sana, deportista”, señaló.

    Más adelante, le pidieron que detalle con más precisión la tortura a la que se refirió como “el tacho”.

    “Bueno, el tacho es un medio tanque que está lleno de agua, se sumerge la cabeza de la persona en el agua, se la saca y se la vuelve a introducir para que la persona hable. Si no habla, o es muy fuerte o no soporta eso”, dijo.

    “Lo mismo pasa con el teléfono, el frontón y la picana. Le hacen el tratamiento para que hable, para ablandarlos”, expresó. De ese modo los militares iban “haciendo las averiguaciones” que consistían en preguntarle “si conoce a fulano”.

    “Ahí tirado”.

    “¿Luego de esas torturas, mojados, o como quedaban, van a los plantones al frontón?”, volvió a preguntar un miembro de la comisión. “Sí, sí”, respondió sin dudar González. “¿Usted vio a la señora en ese plantón mojada a la intemperie?”, repreguntó. “Sí, sí”, dijo otra vez González.

    Lo consultaron si esta situación se extendió durante los 10 meses en los que estuvo recluida la mujer y el militar retirado dijo que no, que las torturas sistemáticas que describió se prolongaron durante el primer mes. “Luego estuvo ahí presa”, complementó. Describió la prisión como estar “ahí tirado”.

    “Camina, se levanta, come. Tiene una hora libre dentro del cuartel, pero están ahí en su celda”, describió.