N° 1973 - 14 al 20 de Junio de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas Fake News (noticias falsas o simulación de noticias), tan populares en estos días, son sin lugar a dudas un problema real, que de a poco va horadando nuestro estilo de vida. Un estudio reciente del Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicado en la revista Science de marzo asegura que en la redes sociales —el trabajo hizo un seguimiento de Twitter durante 11 años— este tipo de noticias circulan en una proporción muy superior y más rápida que la información verdadera. Por eso, sostiene la investigación, tienen un efecto dramático en nuestras democracias, en la forma en que elegimos a nuestros políticos, afectan el combate contra el terrorismo y hasta pueden perjudicar nuestra salud.
Lo más inquietante del estudio de los profesores Soroush Vosoughi, Sinan Aral y Deb Roy es que el hecho de que las noticias falsas tengan mucho mayor alcance que las verdaderas, es responsabilidad de los usuarios de esas redes y no de los llamados “bot”, un diminutivo de robot que se refiere a programas informáticos que hacen repeticiones automáticas.
En pocas palabras: la verdad no interesa demasiado en las redes sociales; en cambio, la falsedad tiene una enorme difusión. Por ejemplo, es 70 % más probable que una noticia falsa sea retuiteada antes que una verdadera, que fue comprobada y chequeada. Cuando una noticia se convierte en una cascada, se repite de 10 a 20 veces más rápido si es engañosa. Si bien los estudios revelan que esta desproporción va en aumento, hay dudas sobre si esto no es simplemente consecuencia de una mayor observación. Cuando se mira este efecto de las Fake News por categoría, se ve que en política el crecimiento es aún mayor.
Si queremos responsabilizar a los robots de la informática —ejercicio que todos hacemos con demasiada frecuencia: echarles la culpa a todos menos a nosotros—, el estudio revela que los “bots” repiten en una misma proporción lo verdadero y lo falso. Somos nosotros entonces los verdaderos responsables de propagar lo falso y no la información veraz. Según el trabajo del MIT, muchas veces quienes primero lanzan las Fake News actúan con cierta malicia y luego la gente retuitea sin intención de causar daño, pero sin comprobar el origen de la noticia.
El estudio se explaya sobre la razones que pueden llevar a que las personas actúen de esa manera, como por ejemplo, que se sientan más motivadas por las mentiras o los chimentos, por la novelería de la noticia o por tener más seguidores. Todas esas posibilidades se pueden deducir si conocemos un poco del comportamiento humano, arrastrado por la velocidad de los cambios. Simplemente, es mas fácil manejar la información más ruidosa, sin el esfuerzo de ponerse a comprobar su origen.
En función de esto, ante la pregunta de si hay una solución tecnológica para contrarrestar un fenómeno creciente y tan negativo, la respuesta de los estudiosos es que podría haberla pero solo solucionaría una parte menor del problema. El mayor inconveniente es el comportamiento humano que se potencia mediante los nuevos instrumentos de nuestros tiempos. Es cierto que el análisis fue sobre Twitter, pero los propios expertos señalan que los mismos comportamientos se pueden registrar en Facebook y en otras redes, solo que no hay mediciones.
Y aquí es que se hace cada vez más imprescindible la reivindicación de valores que empiezan a atenuarse, como la información responsable, comprobada, que clarifica y no confunde. En definitiva: la información de calidad. Pues bien, en esta cruzada con los históricos valores del periodismo como escudo es que nos encontramos muchos medios de prensa.
Hoy los facilismos están al alcance de la mano. Por eso, para quienes apostamos a la información de calidad y a realizar periodismo en serio, los desafíos son cada vez más fuertes.
Según los estudios recién citados, parece bastante claro que lo que hacemos no es lo más atractivo en estos tiempos, pero sí entendemos que es muy necesario. Siempre hará falta la noticia estudiada, comprobada en varias puntas y con alguien dispuesto a asumir la responsabilidad legal que la sociedad tiene derecho a requerir, como muy bien sostiene el comunicado de los medios de prensa difundido la semana pasada. Ese es nuestro camino, aunque no sea el más popular. Porque seguimos creyendo que, al final, es el profesionalismo el que merece la pena.