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    Un sector “importante” del oficialismo no entiende que necesita a la “burguesía” y a “los dueños de capital” para continuar su proyecto

    Para que Uruguay siga creciendo y mejore la inversión en la educación no alcanza con lo que hagan las empresas públicas, sino que se necesita al sector privado. El concepto no lo plantea un dirigente de los partidos fundacionales, sino un ex integrante del sindicato de la construcción y ex miembro del Partido Comunista. El diputado Óscar de los Santos, que gobernó durante dos periodos la Intendencia de Maldonado (2005-2015), opina que el Frente Amplio debe empezar a discutir cuál será el “proyecto nacional” que impulsará y en el que, dice, también serán necesarios los “dueños del capital”.

    De los Santos cree que la coalición de izquierda tiene que repensarse y quizás crear una nueva versión de lo que fue el Encuentro Progresista para representar a sectores de la sociedad que hoy están lejos, como la “burguesía nacional” y la “pequeña y mediana empresa”. Eso resultará clave si quiere mantenerse en el gobierno por cuarto período, dice el legislador a Búsqueda.

    El integrante del Frente Líber Seregni (FLS) afirma que en el Frente Amplio hay miedo a la autocrítica por lo hecho en estos años de gobierno, porque hay un “costo de relacionamiento humano”.

    —¿Cuál es su evaluación del Congreso del Frente Amplio y la discusión que se planteó en torno a la reforma constitucional?

    —En el Frente Amplio hay un problema de comprensión distinta —no quiere decir ni buena ni mala, sino distinta— del rol de la reforma constitucional. La Constitución no puede ser una suma de plataformas reivindicativas, debe ser un marco general de pacto social. Lo que quedó demostrado es que la gente que fue al Congreso había discutido el detalle de las propuestas de la comisión especial y que empezó a incorporarle elementos a la Constitución que yo inclusive dudo que sean de carácter constitucional.

    —¿Notó que en el Congreso hubo un empuje de llevar al Frente más a la izquierda?

    —No, puede haber sucedido en la discusión de algunos capítulos de la reforma constitucional, pero ni siquiera puede formularse como un esbozo de radicalización a la izquierda. No es por ahí. Creo que la discusión de la izquierda en términos de un giro a la izquierda habla de cómo el capital se ha acumulado en manos de sectores cada vez menores, que acuñan más capital. Hoy hay quienes en la izquierda piensan que es necesario meter mano a esa plusvalía acumulada para poder atender las necesidades de un país que no crece al ritmo que esperaba. El problema es que cuando te ponés en el escenario regional, te preguntás a dónde van a venir los inversores. Hay que ver si Uruguay puede transformarse en un lugar de pivot, de distribución, de logística, de infraestructura de bienes y servicios para la región y para eso precisás inversión privada. El problema es que hay una franja de izquierda importante, con capacidad de movilización, que plantea que un rol de las empresas públicas más activo y metiendo mano a esos elementos, o inclusive a las reservas, es el camino que la izquierda a la uruguaya debería seguir con las transformaciones. El problema es que estás en un mundo muy competitivo y donde definitivamente tenés otros mercados más atractivos que el nuestro. Ahí hay una discusión de fondo que no se ha dado.

    —¿Esa discusión está vinculada con la construcción de valores?

    —Alguien me había dicho que la izquierda y el campo progresista habían sometido culturalmente la construcción de valores. Pero creo que los últimos datos indican que hay una sociedad donde empieza a primar mucho más el individualismo que los intereses comunes y generales. Y creo que hay un avance de la derecha en términos ideológicos y culturales. Es más fácil pelear con una plataforma prometiendo resultado inmediato sobre la base de concentrarse en la seguridad, en el nacionalismo exacerbado, en el desarrollo del localismo y el caudillismo, antes que fomentar el planteo de proyectos políticos que tengan largo aliento. Hoy prima culturalmente lo que en algún momento fue “hacé la tuya y tomá 7 Up”. Si no nos metemos con ese cuño de ideas a debatir que no hay un país viable sobre eso, porque hay un 40% que queda afuera de ese país, los que se van a sentir más postergados son los sectores más jodidos. El país demostró que puede crecer y distribuir, y la gente que hoy se queja porque paga más impuesto gana más que lo que ganaba antes. Yo te genero condiciones para que vos estés mejor, pero si nosotros no atendemos a ese otro sector, ese sector te va a violentar mañana en el partido de fútbol, en tu vivienda, en tu propiedad. La pobreza es un elemento de reproducción de violencia y de falta democrática de resolver los conflictos y las tensiones.

    —¿Usted cree que el Frente Amplio puede perder las próximas elecciones?

    —Es posible perder una elección, en cualquier momento se puede perder. La elección es en un momento dado en un largo proceso de acumulación que puede dar los resultados que vos esperás o suceden hechos que lo modifican.

    —¿Ve que el Frente Amplio está trabajando para evitar que pase eso?

    —Creo que el gobierno está en el camino correcto porque está tratando de forzar y de obligarnos a discutir en la izquierda cuál es el proyecto nacional que es viable y cuál es el país real que hoy tenemos. Tenemos un PBI en el orden de U$S 57.000 millones, incrementar un punto y medio para llegar al 6% para la educación implica U$S 800 millones, y para eso tenés que crecer a tasas de U$S 3.000 millones y vamos a crecer a medio punto, es decir U$S 250 millones, U$S 300 millones. O sea que la distancia es enorme. No puedo compartir que eso se hace exclusivamente con las inversiones de las empresas públicas. Tiene que venir el privado, necesitamos inversión privada. Necesitamos que las empresas públicas jueguen un rol como estímulo para la inversión privada. Ahora, transformar esa realidad, la izquierda no la puede hacer solo con su base social. Hay una base social de los trabajadores, los intelectuales, los más postergados que no tienen otra representación que la del Frente Amplio en términos programáticos, pero si no incorporamos a sectores de la pequeña y la mediana empresa de la ciudad, del campo, productores de bienes y servicios y hasta sectores de la burguesía nacional es muy difícil para que el Uruguay avance en ese sentido.

    —¿Cómo hace para atraerlos?

    —Hay que generar un gran abanico de fuerza que construye un proyecto nacional en el marco de las diferencias. Cuando hablo del Frente Amplio, estoy hablando de si nuestro discurso, si nuestro planteo político, si nuestra visión programática es capaz de abarcar un abanico tan amplio de sectores que, aun con las contradicciones de clase que existen, sean capaces de pactar hacia dónde debe ir Uruguay. Ese debate el gobierno lo está dando con el diálogo nacional, muy debilitado, pero la izquierda no lo está dando y corremos el riesgo de circunscribirnos a la base social histórica de acumulación que es el campo popular, el cooperativismo, el movimiento obrero. Nuestro partido es por los pobres, pero no me contamino al decir que quiero que los dueños de capital, de la burguesía nacional, sean capaces de invertir; los necesitamos con reglas de juego claras.

    —Usted decía que hay quienes plantean discutir si el gobierno debe utilizar las reservas para incentivar la economía.

    —Hay sectores que lo plantean. No creo que las reservas sean el camino, hay que buscar otras formas asociativas del Estado con el sector privado. Está comprobado que el Estado por sí solo no pudo resolver los problemas de mercado, se necesita capital y fundamentalmente conocimiento.

    —En la declaración final del Congreso no se vio una autocrítica y han tenido problemas como Ancap y Pluna. ¿Por qué no se habló de eso?

    No tenemos acuerdo en cuál es la base a la autocrítica y le tenemos miedo a la autocrítica. Yo le tengo miedo a la autocrítica.

    —¿Por qué?

    —No tengo claro si Pluna había que cerrarla, lo que es claro es que estábamos embargados y se iban a quedar con todo. Clausuramos e hicimos una empresa que no funcionó, que fue Alas U, y logramos que otras empresas cubrieran las líneas de cabotaje e intercontinentales. Nosotros necesitamos una empresa de bandera nacional y hoy la duda que me queda desde el punto de vista de la autocrítica, al margen de cómo se dio el proceso, es si en un sistema de transporte aéreo u otro sistema, el Estado no tiene que pensar en subsidiar. En Ancap está hecha la inversión, se empezó a reducir el déficit. Quiero discutir si precisamos una planta de portland, creo que la precisamos, pero también creo que no precisamos la de perfume.

    —¿El miedo a la autocrítica pasa por un tema de costo electoral?

    —No. Es el costo de relacionamiento humano. Hemos perdido la humanidad para tratar la autocrítica. En algunos casos hemos sido muy duros para poder comprender los procesos, y capaz que no todos nos hemos hecho cargo de la toma de decisiones. Al Frente Amplio también le falta un debate mucho más profundo del proceso histórico, porque no llegamos de casualidad acá. No creo que estemos maduros para ese proceso de autocrítica.

    —En 2017 van a volver a discutir el presupuesto y es el primero en el que el Frente Amplio no tendrá mayorías parlamentarias. ¿Cómo ve ese escenario? 

    —Vamos a ver qué pasa. Reafirmo que a Gonzalo Mujica lo sigo sintiendo un compañero, que tiene sus diferencias. A una persona de izquierda no le pueden tapar la cabeza las diferencias del otro. No hay que crucificarlo y matarlo por sus diferencias. Creo que el Frente Amplio tiene que ir a una política de alianzas más amplia. Creo que tenemos vigencia como partido político, pero no sé si hay que ir a la creación de un nuevo Encuentro Progresista, o un nuevo espacio político.

    —¿Lo pensó?

    —Sí. Si veo la actitud de Gonzalo Mujica, una de las cosas que nos reprocha es que no podemos utilizar la aplanadora. ¿No necesitará que la izquierda revise su política de alianzas? No para cerrarse más sino para generar un anillo más grande, para que el Frente Amplio con su unanimidad y su disciplina partidaria permita negociar con otros. Yo quisiera darle una formulación política, no solo electoral. Para mí, con el primero que hay que acordar es con Mujica. No creo que tengamos un aliado más cercano que Mujica. Hay que pensar en esa perspectiva de términos de que el Frente Amplio es capaz de aggionarse, de establecer un espacio más amplio porque no es capaz de contener el conjunto de contradicciones que hoy se manifiestan. Hay que ir a nuevos acuerdos, tenemos que complementarnos. No estoy hablando de que se termine el Frente Amplio, que mantendremos, pero tenemos que ir a buscar otros acuerdos.