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Río de Janeiro. (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). El pequeño jet Cessna 560XL debía aterrizar en el aeropuerto de Guarujá, estado de Sao Paulo, en la mañana del miércoles 13, pero el piloto lo evitó a último momento debido al mal tiempo y buscó ganar impulso y altura nuevamente. En ese momento perdió contacto con la torre de control y segundos después cayó sobre un barrio residencial de la ciudad de Santos. De puro azar solo hubo heridos entre quienes estaban en tierra cuando se estrelló el avión. En cambio, murieron las siete personas que iban a bordo, incluido Eduardo Campos, candidato presidencial del Partido Socialista Brasileño (PSB). Aún se investigan los motivos de lo que todos han coincidido en calificar como un accidente (la caja negra recuperada más tarde carecía de grabaciones de ese vuelo) pero ya hay algo seguro: la campaña para las elecciones de octubre en Brasil cambió radicalmente con esa tragedia y la irrupción de Marina Silva como candidata en lugar de Campos, complicando lo que parecía una segura reelección de la presidenta Dilma Rousseff.
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Silva, una ambientalista evangélica de 56 años, era la compañera de fórmula de Campos y ayer miércoles el PSB la nombró oficialmente su nueva presidenciable. Se trata de un reto especial para Rousseff, no solo porque durante décadas su rival fue militante del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y ministra de Medio Ambiente del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, sino sobre todo porque es una figura popular y carismática, que ya probó su fortaleza en los comicios de 2010, cuando contra todo pronóstico obtuvo casi 20 millones de votos o 19% del total como candidata del pequeño Partido Verde.
A diferencia de lo que pasaba con Campos, que aparecía tercero en todas las encuestas con cerca de 10% de las intenciones de voto, Silva figuró con 21% de apoyo en el primer sondeo divulgado esta semana tras la muerte del candidato, con un punto más que el postulante socialdemócrata Aécio Neves y 15 menos que la presidenta. Al estudiar lo que ocurriría en una eventual segunda vuelta entre las dos candidatas, la encuesta de Datafolha concluyó que Silva obtendría 47% de apoyo y Rousseff 43%. Aunque esta diferencia entra en el límite máximo del margen de error, nadie duda que plantea un riesgo real de derrota para la actual mandataria, impensable tan solo días atrás.
La campaña recién empieza (esta semana arrancaron los espacios de radio y TV concedidos por regla a cada partido, que suelen influir a muchos indecisos) y la nota dominante ha pasado a ser la incertidumbre. “El gran cambio es que sin duda vamos a tener segunda vuelta: se eliminó la posibilidad de que Dilma gane en el primer turno. Segundo, Marina Silva entró con tanta fuerza que puede dislocar a Aécio Neves e ir ella a la segunda vuelta. Y tercero, la encuesta mostró que tiene posibilidades de ganarle a Dilma en una segunda vuelta. Son tres diferencias muy grandes”, sostuvo David Fleischer, un experto en Ciencia Política basado en Brasilia, en diálogo con Búsqueda.
Votos y fe
Aunque militaron años en el mismo partido, Silva es en diferentes aspectos un rival antagónico para Rousseff. A menudo es vista como una persona fresca y carismática, mientras la presidenta lucha por quitarse la imagen de tecnócrata (en un aviso de TV apareció el martes cocinando pasta). Silva habla de cambiar la forma de hacer política y ejercer el poder en Brasil, mientras Rousseff representa al partido que gobierna desde hace más de una década, desgastado por una economía de magro crecimiento y escándalos de corrupción.
Sus diferencias están lejos de ser nuevas. Ya en la época del gobierno de Lula la prensa brasileña informaba sobre roces entre ambas ministras. Silva fue una de las primeras nominaciones que el entonces presidente hizo para su primer gabinete en 2003 y encabezó la cartera de Medio Ambiente hasta 2008. En ese período logró reducir el ritmo de deforestación de la Amazonia y delimitar un área récord de tierras preservadas, ganando credibilidad localmente y distinciones en el plano internacional.
Pero también tuvo derrotas dentro del gobierno, por ejemplo cuando Brasil aceptó el uso de semillas genéticamente modificadas o aprobó proyectos para construir carreteras y centrales hidroeléctricas que ella rechazaba. Un año después de renunciar al Ministerio, rompió con el PT y comenzó a preparar su candidatura “verde” para 2010. En esos comicios la vencedora en segunda vuelta fue Rousseff, una ex guerrillera elegida por Lula como su sucesora.
Algunos notan que la historia personal de Silva tiene varias similitudes con la trayectoria de Lula que tanto cautivó a brasileños y extranjeros. Ambos nacieron en familias humildes y enfrentaron enormes adversidades; ambos fueron sindicalistas antes que políticos. Silva es oriunda del estado de Acre, fronterizo con Bolivia y Perú. Su padre fue recolector de caucho y su madre falleció cuando ella era adolescente. Dos de sus hermanas también murieron enfermas. Aprendió a leer y escribir a los 16 años, tras mudarse a la ciudad de Río Branco para curarse de una hepatitis que amenazaba su vida. Allí trabajó como empleada doméstica y estudió hasta lograr un título universitario en historia. Se afilió al PT en la década de los 80 y fue electa senadora con 36 años.
Ocupando esa banca pasó a profesar el cristianismo evangélico, una fe que la caracteriza hasta hoy. Defiende posiciones conservadoras en temas sociales como el aborto, el matrimonio homosexual o la legalización de las drogas. Esto podría jugar tanto a favor como en contra de sus chances electorales. La suya es la religión que más crece en Brasil, pero el país es tradicionalmente católico y buena parte de su electorado potencial son jóvenes críticos del sistema político.
De hecho, la popularidad de Silva creció durante las manifestaciones masivas que sorprendieron a Brasil el año pasado. Simultáneamente se derrumbaba la imagen de Rousseff, aunque luego se recuperó. La encuesta de Datafolha sugirió que la nueva candidata está captando votos de indecisos, partidos menores y gente que pensaba votar en blanco o anulado.
Silva pensaba desde hace tiempo en postularse en estas elecciones, pero su plan original se vio frustrado cuando el partido que creó en los últimos años, Rede, fue impedido de competir por carecer de las adhesiones mínimas requeridas. Por eso se alió con Campos para ir como su vice. Pero el PSB tiene acuerdos locales con sectores a los que la actual candidata está enfrentada, por ejemplo grupos empresariales o del lobby rural. “Va a tener dificultades iniciales para conseguir unificar el partido (…) por ser una militante no orgánica”, sostuvo Carlos Pereira, profesor de Ciencia Política en la Fundación Getulio Vargas, una universidad de elite en Río de Janeiro.
El analista dijo que “puede ocurrir cualquier cosa” en las elecciones. Explicó que Neves –del PSDB, que integra el expresidente Fernando Henrique Cardoso– es un candidato competitivo que domina los dos principales colegios electorales del país: Sao Paulo y Minas Gerais; Silva tendría fuerza en otros grandes centros urbanos como Río de Janeiro o el Distrito Federal; y Rousseff en el norte y noreste de Brasil. “El país está muy dividido entre esas tres fuerzas y el resultado es muy incierto”, concluyó, “lo que es bueno para la democracia”.