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    Una empresa ancla

    René Boretto trabajó en Turismo y Cultura en la Intendencia de Río Negro y estuvo detrás de las gestiones para convertir el predio del Frigorífico Anglo en patrimonio de la Unesco.

    Para llegar a este objetivo obtuvo el respaldo del entonces intendente Mario Carminatti, que buscó que el predio que perteneció al saladero, a la vieja planta alemana de Liebig y al Anglo pasara de la pesada y lejana estructura montevideana del Ministerio de Ganadería y quedara en manos de la Intendencia de Río Negro.

    “Hay que aprender de la historia”, sostiene Boretto, quien destaca que la fraybentina, como otras, es de las primeras sociedades que han visto pasar frente a sus ojos el proceso de industrialización, desarrollo y desindustrialización.

    Este fraybentino considera que a una industria como UPM hay que verla con realismo y evitar ser “fabricodependientes”, ya sea de alemanes, ingleses o finlandeses. “No estamos aprendiendo la cultura de los que vienen, que traen su dinero, pero también sus costumbres”.

    Respecto a los finlandeses, señala que “tienen un comportamiento diferente, un concepto de la economía y de la participación social interesante”.

    El maestro jubilado y frenteamplista independiente Américo Pereira considera que, probablemente, las cosas estarían peor sin UPM.

    Pereira y otros consideran que Fray Bentos está demasiado acostumbrada a esperar la salvación de un gran inversor.

    Hasta 1924 fue Liebig, hasta 1971 el Anglo, que llegó a emplear a 4.000 personas y distribuir dos kilos de carne diaria a cada uno, y luego, “durante años, la espera, al punto de que se creó una cultura del no trabajo”.

    Boretto opina que el desafío debería ser comprometer a la empresa para que afinque otros elementos que no dependan de la producción principal, como fabricar madera prensada con los sobrantes. En definitiva, resume, “tomar el dron y salir de la chacra y de la burbuja”.

    ?? Una universidad al borde del río