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    Una familia “de izquierda”

    Sr. Director:

    Omertá, un cuento para este verano… Faustino tenía claro que su decisión lo iba a separar de lo que quedaba de su familia y a destruir su partido político, pero era la única decisión que le permitía sentirse bien, ser coherente con lo que había luchado toda su vida, con lo aprendido de su padre…

    Rogelio César era un comunista convencido. Se hizo famoso en la huelga ferroviaria del año 1948, iniciada en el estado industrial más rico y que luego se extendería a todo el país. Huelga contra un gobierno que se autoproclamaba popular, que decía defender los derechos de los trabajadores.

    Austero, siempre con el mismo overol, que Aparecida, su esposa, se encargaba de tener siempre impecable, impecable como mantenía sus principios e ideas que lo guiaban siempre.

    Aparecida, primera y única novia, también logró que Rogelio César menguara su participación en la lucha social, los hijos fueron llegando y su primera responsabilidad era con ellos, criarlos, educarlos hacerlos gente derecha. Así se fue alejando de sus responsabilidades en el sindicato, no así de su compromiso con los de su clase.

    Para sus cuatro hijos ser de izquierda era su única opción. Dos mujeres y dos varones, así en ese orden.

    Teodolina la mayor, se casó muy joven con Marco Antonio, hijo de Paulo César, el gran amigo de su padre en el gremio ferroviario y luego su sucesor en el liderazgo del sindicato, liderazgo que heredó luego su hijo, el esposo de Teodolina.

    El rol de ella fue más bien de emperatriz del gremio de los ferroviarios…

    Xiomara, la que le sigue, siempre tuvo un espíritu más aventurero. Por tanto a nadie le llamó la atención cuando con sus amigos tomó las armas y formó una célula terrorista para cambiar el mundo.

    Entonces, para “hacer finanzas” para el movimiento, robaban bancos y grandes empresas o secuestraban millonarios solicitando el rescate. A veces, se les iba a mano y mataban a algún policía o a alguien que abría la boca de más. Eran las reglas… de “su” juego.

    Ella reclutó a Renato, su hermano que le seguía y juntos lograron que Xiomara perdiera la vida ante la violenta represión que sufrieron. Renato tuvo que exiliarse durante muchos años, luego de sufrir tristes años de cautiverio en condiciones infrahumanas.

    Faustino era el más chico de los cuatro, quien se había mantenido más tiempo junto a sus padres, y que por el tesón de Rogelio César y el propio, se había convertido en profesor de filosofía.

    No era fácil ser profesor en un país en dictadura, más siendo hijo y hermano de los nombrados. Menos fácil lo era, en la medida que Faustino también tenía su compromiso con valores, a los que defendía con la misma vara por los que luchaba, libertad, justicia, paz, derechos humanos. Por ellos también debió exiliarse. Una breve detención, imposibilitado de trabajar, recaló en un país europeo en el cual la evolución social congeniaba todas sus etapas anteriores, monarquía, democracia, derechos humanos, igualdad de oportunidades, todo en un ambiente de confianza como el logro superior del capital social. Allí terminó de valorar como bienes supremos de la democracia las elecciones periódicas, la separación e independencia de poderes, los derechos de las minorías, la libertad de prensa, los derechos de propiedad, la tolerancia por los que piensan diferente y el respeto de los bienes ajenos y de los bienes de todos, razones todas que sustentan el desarrollo social.

    El retorno a la democracia llegó con un Rogelio César ya muy anciano, pero le permitió reencontrarse con sus hijos que regresaron del exilio, el primero en volver fue Renato, que residía en la región y luego Faustino.

    Como catarsis por la muerte de Xiomara, todos alimentaron el sueño de fundar un nuevo partido que los reunía a todos ellos.

    Acumulación de fuerzas, paciencia, método, estrategia y táctica y por fin ese partido llega al poder, seis meses después que Rogelio César falleciera.

    Y con ese partido en el poder, llegaron grandes cambios sociales para bien de los más postergados. Los hermanos sentían que ese era el mejor homenaje a su padre y a su hermana asesinada.

    La democracia continuaba funcionando a pleno, libertad de prensa, separación e independencia de poderes.

    Fue precisamente esta última la que señaló los primeros nubarrones. En la gran empresa petrolera estatal, surgieron indicios de corrupción. Ahora para las “finanzas” para el movimiento se empleaban métodos más sutiles. Ya no se robaba y secuestraba, se estaba en el gobierno, se tenía poder y por tanto se disponía de discrecionalidad para nombrar gente en cargos, muchos de ellos en funciones innecesarias, generalmente en empresas “fantasmas” fuera de los ámbitos naturales de control, pero con muy buenos sueldos. Esos buenos sueldos se recibían con el compromiso de desviar la mayor parte para el movimiento, y ahí sí para financiar cargos de cuadros que cooptaban gremios y sindicatos, comisiones barriales, comisiones de padres, clubes deportivos, etc., etc., todo tipo de ámbito de participación social, con el objetivo de que respondieran al movimiento, independientemente que la gestión en los diferentes ámbitos fuera buena, mala, o regular. Aunque la cosa no funcionara, había un propósito “superior” que lo sustentaba y la gestión siempre estaba bien, aunque los resultados fueran catastróficos.

    Seguramente la creatividad de estos actores debe de haber originado otras múltiples formas corruptas de “hacer finanzas”, más allá de los clásicos sobreprecios en las inversiones y gastos. Que todas las inversiones, que todos los presupuestos costaran más del doble de lo proyectado, por lo menos ameritaba un tirón de orejas a los planificadores. Nada de eso pasó. Las cuentas se pagaron y se explicó poco y nada sobre el sorpresivo encarecimiento de los bienes y servicios adquiridos y las inversiones realizadas.

    Todas estas cosas le chirriaban a Faustino, a su espíritu democrático y justiciero. Sabía que sólo la ley es el verdadero escudo de los más débiles, que lo demás son excusas que terminan alimentando procederes impuros que terminan lastimando más a esos, a los que dicen defender.

    Sus hermanos ya no lucían el overol de su padre, más bien se jactaban de no usarlo, como logro de sus luchas anteriores.

    Esos pequeños procederes, y no tanto de lo que él podía enterarse, le daban la prueba de que habían perdido por lo que tanto lucharon.

    Y la “prueba del nueve” de que algo raro sucedía eran las múltiples e incoherentes explicaciones que se brindaban sobre los malos resultados, las febriles justificaciones, que apelaban a emociones, al vamos arriba, porque quienes las brindaban portaban el carnet de impolutos, por “mandato progresista”, mientras ya en el resto de la sociedad, eso dejaba de ser creíble y había más de una razón de porqué habían dejado de ser confiables.

    Faustino quería volver a las raíces, a ser como su padre, y por tanto estaba dispuesto a hablar sobre todo lo que sabía, de lo que veía, de última, quería volver a empezar y construir sobre la verdad, para volver a ser él.

    Y así fue que llamó a un integrante de ese Poder independiente…, para hablar.

    Rafael Rubio