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Siempre hay algún tontuelo que anuncia la inminente muerte del tango. Bobadas. Pocas veces como ahora se han visto, en Montevideo y en Buenos Aires, tantos jóvenes proyectando su obra renovadora para revitalizar con savia nueva, sin olvidar lo clásico, la música popular ciudadana del Río de la Plata.
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Hay, por ejemplo, un guitarrista treintañero que, noche a noche, recorriendo boliches y barrios, saca sonidos inéditos del histórico instrumento y se ha convertido en un referente para los porteños.
Caso raro. Adolescente, autodidacta, comenzó con el folclore, el que no ha abandonado, luego de despertarse durante años con las chacareras que salían los domingos de la radio de su padre; luego descubrió la obra de Alfredo Zitarrosa, su gran admiración:
—Me dije “qué lindo sería hacer en el tango los acordes del folclore”. Qué ignorante, ¿no? Y, sin embargo, buceando en el aporte campero, criollo, al tango, advertí que podía intentarlo; mal no me ha ido, dicen.
Maximiliano Ángel Luna, popularmente conocido como Moscato Luna, nació en Villa Corina, barrio de Lanús, en 1983. Ni él sabe quién le puso ese apodo, aunque supone que le quedó de su primer intento artístico folclórico: el trío Moscato, Pizza y Fainá, que no llegó a debutar:
—Por razones etílicas, no; yo, con el escabio, nada.
Moscato Luna, que admira a Los Indios Tacunau, reconoce a Ruben Díaz como su máxima influencia; fue él quien le hizo lugar para su primera presentación en San Telmo, acompañando cantores. Cuando llegó al mítico Café Homero sobraban tangueros y no había folcloristas; se las tuvo que arreglar. Fue guitarrista de los veteranos Nelly Omar, Jorge Vidal, la uruguaya Nina Miranda, Oscar Ferrari, Nelly Vázquez, Reinaldo Martín, Abel Córdoba, Enrique Dumas, Guillermo Fernández y últimamente —además de armar un cuarteto de cuerdas para instrumentales— de Cucuza Castiello, Chino Laborde, Ariel Ardit, Leonardo Mazza, Jesús Hidalgo, Noelia Moncada y la multifacética Karina Beorlegui, muy buenos embajadores del nuevo tango.
Moscato, que también canta, participó en la obra La vida de Alfonsina Storni, en Teatro Itinerante, junto a Amelia Bence, e hizo giras por Brasil, Chile, Francia, España y El Salvador —donde tocó con la filarmónica de ese país—, y fue parte del Festival de Tango de Buenos Aires, ediciones 2010 y 2013. Actualmente regentea el bar El Faro, en Villa Urquiza, junto a su amigo Cucuza Castiello, mientras recorre provincias y toca en todos los festivales; su discografía compartida incluye El tango vuelve al barrio, Cantor Nacional, Guitarra Negra, Milongas de la A a la Z, y Haciendo pie en Buenos Aires. En 2014 presentó su primer disco solista, en el que a los tangos agrega temas folclóricos, milongas y boleros.
Cucuza lo define con gracia: —Necesitaba un guitarrista y me lo nombraron. Era en un boliche atorrantón… Y el tipo llega todo de negro, porque venía de un cumpleaños y cuando se sienta se ve que… ¡tenía calzoncillos largos! Ahí dije: este loco tiene que ser mi guitarrista. Claro, era casi la madrugada y hacía un frío de cagarse…
—Lo mío es raro… —confiesa Moscato—. El primer cantor que acompañé me pidió algo de Gardel. Yo tenía diecisiete años y creía que Mano a mano era una cueca; le dije que sí, pero no tenía la menor idea. Supongo que salió bien porque me siguieron llamando. Luna, que compuso varios tangos —Tibieza es el más elogiado— hizo un paréntesis inusual en un músico. Dejó la guitarra dos años para jugar al fútbol en Aldosivi, Tigre y Argentinos Juniors, hasta que se convenció de que no era lo suyo. Incluso tuvo su pasaje por el rock y el pop, pero los abandonó. Por suerte para el tango llegó el momento en que solo pasó a dedicarse a esa, su música, y a su guitarra: —En El Faro nos anima el deseo de mantener vivo y renovado el tango. La guitarra es una compañera de fierro, una salvadora que me ha sacado de lugares duros: todo se lo debo a ella. Al ser joven y haber estado con tantos tipos grosos, músicos y cantores, siempre con mis orejitas paradas, creo haber logrado un ensamble distinto que gusta, porque no pierde el aroma de lo clásico e incorpora otros sabores.
¿Vivir del tango en estos tiempos?
—Y… no es fácil. Cucuza no se revuelve solo con el boliche. Es protésico dental. Y siempre dice: “¿Artista? No confundir, che, artista fue Leonardo da Vinci. Yo meto pernos y coronas. Y cuando puedo, canto”. Yo estoy del todo jugado a mi enamorada, la guitarra. Y a que El Faro no se apague por la noche.