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    Una masacre en un club gay agita el temor y la política en EEUU

    En las pistas de baile de Pulse, un boliche gay en la ciudad estadounidense de Orlando, sonaba música reggae y latina cuando Omar Mateen entró sobre las 02:00 horas del domingo 12. Iba armado con un fusil AR-15, una pistola y abundante munición. Abrió fuego casi de inmediato, resuelto a matar a la mayor cantidad posible de gente. En medio del caos, de personas que caían alcanzadas por las balas y otras que buscaban deses­peradamente salvarse, la discoteca publicó un alerta en Facebook: “Todos salgan de Pulse y sigan corriendo”. Algunos lo lograron, pero para muchos ya era demasiado tarde. Cuando todo acabó tres horas después, Mateen había asesinado a 49 personas y herido a otras 53 antes de morir, enfrentado a la Policía. Fue el peor tiroteo masivo de la historia reciente de Estados Unidos, una masacre que incrementó la preocupación sobre la seguridad interna en ese país y calentó la campaña para las elecciones presidenciales a un grado inimaginable poco tiempo atrás.

    Qué llevó al atacante de 29 años a realizar semejante matanza es una pregunta de respuesta aún incierta. Una posibilidad es que a Mateen lo haya movido el extremismo islámico: nacido en Nueva York de padres afganos, ya había sido investigado previamente por presuntos vínculos con el autoproclamado Estado Islámico, un grupo fundamentalista al cual expresó lealtad en una llamada telefónica a la Policía durante el tiroteo y que posteriormente reivindicó el ataque. Pero los investigadores del FBI no habían conseguido probar esa conexión y el presidente estadounidense, Barack Obama, negó que hubiera evidencia clara de contactos entre Mateen y una red específica, calificando lo ocurrido como un ejemplo de “extremismo doméstico” inspirado vía Internet.

    El atacante también pudo haber actuado por odio a los homosexuales. Eso fue lo que sugirió su padre, Seddique Mateen, quien descartó la motivación religiosa y relató un episodio en que su hijo se molestó al ver a dos hombres besándose en Miami. Sin embargo, la propia orientación sexual del asesino ha generado dudas: algunos testigos aseguran que solía visitar el club nocturno de Orlando donde cometió la matanza, usaba aplicaciones para encuentros gay y compartía su foto en algunos sitios. Esto, a su vez, abrió especulaciones sobre si Mateen desató su ira contra el público de Pulse intentando reprimir sus propios impulsos homosexuales.

    Otra hipótesis es que su principal blanco hayan sido los latinos. La gran mayoría de quienes estaban esa noche en la discoteca y 90% de los que murieron eran de origen o ascendencia hispana: 23 de Puerto Rico y los demás de países como México, Colombia o República Dominicana. Un ex compañero de trabajo en la empresa privada de seguridad donde el atacante era empleado desde 2007 lo definió en medios estadounidenses como alguien “muy racista, muy sexista, antijudío, antihomosexual”.

    Quizá Mateen haya estado motivado por una combinación de varios de esos factores, a los que pueden añadirse rasgos psíquicos de violencia e inestabilidad emocional. Su ex esposa, Sitora Yusufiy, declaró que durante la corta convivencia que ambos tuvieron él solía golpearla con frecuencia, hasta que ella prácticamente huyó de casa en 2009 con ayuda de sus padres. “Estaba mentalmente inestable (y) enfermo, es la única explicación que puedo dar”, dijo Yusufiy a la prensa el mismo domingo. “Estaba obviamente trastornado”.

    Lo cierto es que el sangriento episodio protagonizado por Mateen provocó en la sociedad estadounidense un shock como ningún otro desde los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Y la onda expansiva se desplazó en varias direcciones.

    Por un lado, hubo la natural sensación de luto y temor que ocasiona un episodio de ese tipo. Los detalles que han surgido desde el domingo indican que, luego de intercambiar tiros con un guardia próximo a una entrada del boliche y con policías que llegaron enseguida, Mateen se refugió en uno de los baños dentro del local, con varios rehenes. Al mismo tiempo, en otro baño lindero había una veintena de personas en estado de pánico. Se supo, por ejemplo, que un joven envió mensajes de texto a su madre clamando por ayuda: “Llama a la Policía”, escribió a las 02:08 horas, “llámalos, mami”, insistió a las 02:39, “voy a morir”. Se llamaba Eddie Jamoldroy Justice, tenía 30 años y fue una de las 49 víctimas.

    Algunos sobrevivientes han relatado que el atacante mantuvo la calma mientras disparaba metódicamente a sus víctimas, en distintos puntos del club. Varias fueron alcanzadas directamente en la cabeza. Ángel Colón, herido de tres disparos en la cadera, una pierna y una mano, relató a la prensa en el hospital que vio morir una mujer a su lado y pensó que le había llegado la hora, por lo que simuló estar muerto para evitar que siguiera disparándole. También hubo relatos de actos heroicos de personas que ayudaron a otras a escapar o a detener la hemorragia de sus heridas.

    La pesadilla acabó cuando la Policía abrió un agujero en una pared del boliche utilizando un vehículo blindado, sobre las 05:00 horas del domingo. Entre los rehenes apareció Mateen, disparando contra los efectivos hasta ser abatido. Las autoridades indicaron que tardaron en actuar por advertencias de que el atacante podía usar explosivos.

    A las inquietantes sospechas de que Mateen actuó como un “lobo solitario”, sin seguir órdenes de alguna organización, y los cuestionamientos sobre si el FBI pudo haber hecho algo para arrestarlo antes, se sumó un nuevo capítulo del debate sobre la facilidad para comprar armas en Estados Unidos. Los tiroteos masivos se han vuelto cada vez más frecuentes en ese país, al punto que el emblemático caso de Columbine en 1999 está hoy en sexto lugar de la lista por muertos y heridos. Y la tasa de muertes por armas de fuego supera ampliamente la de otras naciones desarrolladas.

    Pese a las sospechas que recaían sobre él desde 2013, Mateen adquirió sus armas de acuerdo con las reglas de la Florida. La venta del fusil AR-15 que empleó estuvo prohibida hasta 2004, pero se liberó por presión de la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés) y se estima que llegó a cerca de 1,5 millones de unidades comercializadas en los últimos cinco años en todo el país. Es un arma que ha sido utilizada en diversas masacres recientes. Tras el tiroteo del domingo, Obama reiteró que es necesario establecer mayores límites a la venta de armas, pero es probable que sus palabras vuelvan a caer en saco roto como otras veces.

    El virtual candidato presidencial republicano, Donald Trump, indicó que se reuniría con la NRA para discutir cómo evitar que sospechosos de terrorismo compren armas. El magnate es un firme defensor del derecho a la tenencia de armas para protección personal, pero su anuncio fue interpretado como una posible concesión en medio de la conmoción por la matanza de Pulse.

    El efecto que todo esto puede tener para las elecciones presidenciales de este año es otra incógnita abierta. Trump pidió la renuncia de Obama por evitar usar la expresión “terrorismo islámico” al referirse a los hechos de Orlando. El aspirante opositor, que en el pasado ha generado polémica por comentarios contra los inmigrantes hispanos y musulmanes, acusó el lunes a su presunta rival demócrata, Hillary Clinton, de apoyar políticas migratorias que permiten el ingreso de extremistas islámicos en Estados Unidos. “La única razón por la que el asesino estaba en América en primer lugar fue porque le permitimos a su familia venir”, sostuvo.

    Clinton acusó a Trump de elaborar un discurso “vergonzoso” y lleno de “mentiras” tras la masacre de Orlando. Pero la principal denuncia contra el republicano partió del propio Obama, quien se lanzó de lleno a la campaña calificando de “peligrosa” la retórica de su opositor, evitando nombrarlo. “Escuchamos un lenguaje que distingue a los inmigrantes y sugiere que comunidades religiosas enteras son cómplices de la violencia”, indicó el presidente. “¿Vamos a empezar a tratar a todos los musulmanes estadounidenses de manera diferente? ¿Vamos a empezar a someterlos a una vigilancia especial?”, preguntó. “¿Los funcionarios republicanos están realmente de acuerdo con esto? Porque esa no es la América que queremos —no refleja nuestros ideales democráticos. No nos hará más seguros. Nos hará menos seguros”.

    Fuera de Fronteras
    2016-06-16T00:00:00