• Cotizaciones
    miércoles 22 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Una ópera en el Solís

    La ópera, la vida y la muerte. No hace falta subrayar que la ópera, tras haber sido considerada entre las dos guerras como la más discutida de las artes del espectáculo y luego de parecer, que entraría en la era de los museos, conoce hoy un interés renovado y atrae un público nuevo.

    Este hecho, en nuestro querido y valorado teatro Solís, se ha confundido.

    1er. Acto: Comprar una localidad. La pantalla de la Red UTS —que vende las entradas— muestra un teatro completo para las tres primeras funciones. Viento en popa, ciertos lugares sueltos e irregulares para la última función. Me refiero al día jueves 21 de agosto próximo pasado.

    Ante tan triste escenario, me resuelvo por una pobre silla de primera fila, situada en un palco, que sería compartido. Digo pobre, porque parecía por poco, una butaca despreciada en aquel tumulto de sala desbordada. Su precio rondaba los cien dólares.

    Con la ilusión de presenciar la “Manon Lescaut” que abría la décima temporada de ópera del teatro Solís, imagino un merecido homenaje al compositor Giacomo Puccini, desde todo punto de vista.

    ¿Ingenuidad?¿Pretensión?

    Lejos de ese ensueño comienza el espactáculo, antes de que se habrá el telón.

    2do. Acto: Invade la platea —asimismo los palcos — una concurrencia que lejos de tener un mínimo de respeto por el esfuerzo que hay detrás de la presentación, a juzgar por sus comportamientos, atropellos y discusiones por determinados lugares, negocia cambios de butaca y molesta con sus impertinencias a quienes compraron la suya, lejos de recibirla de regalo. Reabrir el teatro Solís, hace ya una década, fue una tarea titánica que parece desconocer esta concurrencia. Sí, realmente titánica desde el punto de vista arquitectónico, artístico y económico. No tiene la misma característica que el cemento de un estadio y merece otro trato.

    Músicos, cantantes, director de orquesta, régisseur, iluminadora y todo el elenco, entre sudor y lágrimas, han dejado horas de preparación del trabajo a presentar en agotadores ensayos, tras los que revelarán la categoría de tal esfuerzo.

    3er. Acto: El público en gran número, está vestido como para salir a correr al sol de aquel veranillo. Los hay también de los que con la misma indumentaria que han cumplido tal ritual en la mañana, muestran en determinadas T-shirts, su ya fatigado corolario. Son las 20 horas. No faltan los jóvenes, que tampoco creyeron necesario un aseo despúes del eventual gimnasio. Continúan con calzas rotas y el cabello algo engrasado, dejando al pasar, un aroma pesado que no logran detener ni con los chicles mentolados que hacen explotar con ruido. Pretenden desde la platea hablar por señas y aullidos, con amigas que han quedado en las alturas de otras graderías. Se ponen de pie o arremeten para salir del centro de la platea, pisoteando a gente que se muestra desconcertada. Toman fotografías hacia todos lados. Llegada la hora, ya sosegadas de tanto ilógico trajín, retornan a las butacas que han conseguido “de garrón”, según ellas mismas comentan.

    Me siento sumamente acompañada. El palco donde me ha tocado aquella “pobre silla”, se ha colmado de gente que no deja de hablar. Comentan, entre otras variables, que una tía recibió entradas pero, como no le gusta la ópera, le ha pasado la posta. Este comentario viene acompañado de un sacudón arrítmico de la pierna que pega contra mi silla. Abrigos de gruesas lanas, bufandas y mochilas se amontonan en la separación de un palco y otro. Inevitablemente y ya comenzada la función, se desploman en el palco vecino. Con los ruidos molestos que se derivan de tal desacierto y solicitudes de “con permiso” para bucear en el piso entre los lindantes, el murmullo es insoportable. Ya se ha perdido la necesaria concentración.

    Este fenómeno encubre muchas ambigüedades y se presta a múltiples confusiones.

    Sin embargo, toda esa magia del espectáculo —perdida por un entorno que desvaloriza con su desprecio lo que sucede en escena— parece insignificante cuando la voz del tenor, que representa al siempre amado “Des Grieux”, declara, torpemente berreado, su amor a Manon.

    Ante esta novedad, la falta de respeto al espectáculo de los asistentes, pierde algo de trascendencia.

    4to. Acto: Un personaje tosco, sin actuación actoral suficiente y sin noción fuida del personaje que se le escapa desde todo ángulo —sobre todo desde su voz— muestra a las claras, que alguien ha fallado en esta elección. Sin lugar a dudas, el tenor brasileño procedente de Porto Alegre, no está preparado para cantar en ese elenco. Lejos de disimular sus desaciertos, los ubica sobre todo en evidencia. Cantó una vez la “Manon Lescaut” durante el festival Amazonas de ópera de su país. Si bien ha sido maestro invitado en festivales de música de Pelotas, se castiga al público uruguayo de esta forma. También, al elenco que debió circundarlo.

    Traer de Italia a la soprano uruguaya María José Siri, cuyo prestigio sobrepasa largamente el del tenor con quien le cae en desgracia cantar, es un desaire que carece de adjetivación. Esta soprano, dirigida en Europa por el maestro Plácido Domingo para cantar precisamente una “Manon Lescaut”, muestra en su senda artística otro nivel de estudios y de éxitos. Teatro de La Scala con Zeffirelli, Baremboim, Zubin Mehta o Neil Shicoff en San Petersburgo, por citar algo. Sin embargo, Siri actuó junto al tenor Vieira, con esa capacidad de los grandes, desplegando todo su contenido y brindando lo mejor de sí.

    Considerar la ópera como logro de la expresión teatral en su totalidad, no es gratuito.

    Señoras y señores directores del teatro Solís, existen otras formas de ofrecer butacas sin costo para una ópera, que además del marco ya detallado, mostrará un elenco desnivelado.

    Una función gratuita, ante cada estreno, sería lo ecuánime para todos.

    Perdón Giacomo Puccini.

    María Celia Ferrés Sayago