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    Una oportunidad desperdiciada

    Sr. Director:

    En la sección Cartas al director del número próximo pasado del semanario de su digna dirección, se publicó con el título Una oportunidad desperdiciada un interesante análisis del lector Carlos Pareja. En este, esta persona —a quien no conozco ni directa ni indirectamente— desarrolla un muy cuidado estudio de la entrevista que le realizara el periodista Gabriel Pereyra al abogado Dr. Hoenir Sarhou en el programa televisivo En la mira. Dado que lo allí expresado despertó mi interés, vi la grabación de tal programa tras una rápida búsqueda en Internet. Ello disparó mi alarma.

    Quiero dejar establecido que cualquiera de los dos protagonistas hasta ayer habían generado en mí una suerte de admiración. Sin necesariamente coincidir siempre con las opiniones de fondo de Sarthou, estas le habían procurado una muy bien ganada reputación de persona que se asomaba a un debate armado de argumentos razonables y bien articulados. Pereyra, por su parte, siempre se caracterizó por realizar sus entrevistas munido de impecable información y con una actitud periodística profesionalmente agresiva que no dejaba libre a su entrevistado si este entraba en contradicciones o evitaba responder de modo directo a una pregunta no menos directa.

    Los que creo —humildemente— que son errores de Sarthou son varios. Por ejemplo, a partir del minuto 2:20 de la grabación, el entrevistado dice: “Mi impresión, como primera cosa, es que la decisión de declarar la pandemia y de vacunar nacieron juntas”. Pero de inmediato se corrige y, doblando la apuesta, expresa: “Tal vez la idea de vacunar fue el motivo para la declaración de la pandemia”. Bien, supongamos por un momento que, efectivamente, hay en marcha una gran conspiración mundial basada en el contubernio entre las autoridades sanitarias de los países más poderosos y las grandes corporaciones farmacéuticas internacionales productoras de las diferentes vacunas. ¿Serían todas ellas tan tontas como para, en ese maquiavélico plan que urdieron con tanto esmero e involucrando a tanta gente, quedar al descubierto por un error infantil en el timing? En el minuto 3:35 Sarthou hace mención al llamado a comparecer ante el Congreso de EE.UU. del Dr. Anthony Fauci, quien preside el Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas desde 1984, “para investigarlo sobre el origen del virus, porque, aparentemente, hubo financiación con fondos públicos de EE.UU. al laboratorio de Wuhan”. Esto seguramente hace referencia al esfuerzo de la derecha estadounidense —liderada por el ultraconservador senador por Texas Ted Cruz— por involucrar a Fauci en una supuesta financiación de los institutos nacionales de salud a la empresa privada EcoHealth Alliance, la que habría costeado la creación del virus en el laboratorio virológico de la provincia china de Wuhan a través de experimentos de la clase conocida como gain of function, por la que se crean nuevas combinaciones génicas con el propósito de estudiar el comportamiento biológico de entidades virales aún no existentes en la naturaleza. Todo esto a efectos de conocer más acerca de un posible mecanismo de salto biológico de murciélagos a humanos en la dispersión del coronavirus. Extremo que, al menos hasta ahora, ha mostrado no ser más que una maniobra de política doméstica ideada por el ala republicana más conservadora para intentar poner en aprietos al gobierno de Biden. Entonces, un clásico procedimiento de la izquierda internacional según el cual casi cualquier falta ocurrida en un país del bloque socialista cabe ser atribuida al “imperio”, paradojalmente, se sostiene en otro originado en la derecha estadounidense. En fin, quedan algunos ejemplos más derivados de la entrevista, pero describirlos alargaría demasiado esta carta.

    Ahora bien, el núcleo duro del mayor error —en el que, inexplicablemente, Pereyra no insistió— consiste en aquello que Sarthou colige o sospecha a partir de su observación de la coincidencia en el tiempo entre el comienzo de la vacunación en Uruguay y el notorio aumento de los fallecimientos, unas 4 semanas más tarde, que se prolongó de fines de marzo a fines de julio. En el minuto 8:35, al ser interrogado por Pereyra sobre qué explicación tenía su entrevistado para la brusca disminución de la mortalidad a partir de agosto, este se niega a contestar a no ser que primero se le explique a él por qué aumentaron las muertes antes de disminuir. En realidad, la explicación no requiere de genio alguno y es relativamente simple. A esta altura todos hemos oído hablar de las dos dosis de la vacuna (a la que en muchos casos ya se ha agregado una tercera) y de la llamada inmunidad de rebaño. El 1o de marzo de 2021 se comenzó a vacunar a la población uruguaya (el personal de los vacunatorios lo hizo dos días antes) cuando el gobierno nacional logró hacerse de las primeras vacunas, luego de esperar infructuosamente las prometidas por organismos internacionales para distribución colectiva. Los técnicos del MSP sabían que no les quedaba mucho tiempo para que la pandemia explotara como efectivamente lo hizo. Todos recordamos que la 2ª dosis se administraba cuatro semanas después de la primera y luego se debía esperar otro par de semanas para que la respuesta inmunológica productora de anticuerpos alcanzara su óptimo. Es decir que aquellos individuos vacunados el primer día en que ello fue posible alcanzaron ese óptimo seis semanas más tarde, el 12 de abril de 2021. Pero esto a escala de los primeros vacunados. A fines de marzo, cuando la mortalidad comienza a arreciar, la enorme mayoría de los uruguayos aún permanecíamos sin haber desarrollado la respuesta inmunológica requerida. Para alcanzar la inmunidad de rebaño, esa en la que la proporción de vacunados a no vacunados determina que la mayor parte del tiempo cada no vacunado circula en medio de una población mayoritariamente vacunada, se debió acumular un número de vacunados que recién se alcanzó a mediados de junio y produjo suficientes inmunizados sobre fines de julio de 2021. ¡Y esa es la fórmula “mágica” por la que bajó súbitamente el número de fallecidos y la explicación de por qué los fallecidos se mantuvieron en tan alto número hasta entonces!

    Durante 2020 el relativo aislamiento de Uruguay y el cumplimiento bastante estricto del distanciamiento social, el lavarse las manos reiteradamente y el uso del tapabocas nos permitieron aguantar hasta que llegaran las primeras vacunas. El que se produjera un aumento notorio de la mortalidad unas 4 semanas luego del comienzo de la vacunación —cuando esta aún no proveía la inmunidad de rebaño— no fue más que una lamentable coincidencia. Digo lamentable porque de haber podido comenzar a vacunar antes muchos se hubieran salvado. Lo que resulta inexplicable, si las vacunas no tuvieran ningún efecto, o aún peor, si ellas promovieran los contagios, es el descenso de muertes a partir de fines de julio. Pero… justo cuando Pereyra parecía tener “apretado” a Sarthou con su pregunta acerca de exactamente esto, aquel dejó a este salirse del lazo al admitirle que exigiera que primero se le respondiera sobre la coincidencia de la vacunación y el aumento de las muertes. Implicando —sin decirlo de modo explícito— que podría haber una relación causa-efecto. O sea, el post hoc, ergo propter hoc que tan apropiadamente citó Pareja. Desafortunadamente, Pereyra no ensayó ninguna explicación para lo exigido por Sarthou y el corolario de ello se reflejó en la “triunfal” frase final de este: “Es falso que la vacunación bajó la mortalidad”. Y bien, hay que decirlo enfáticamente, la vacunación, efectivamente, sí bajó la mortalidad. Solo que no antes que aquella estuviera lo suficientemente extendida para lograrlo. Su efecto no fue instantáneo el 12 de abril de 2021. Era imposible que lo fuera, dado que, si bien los vacunados del primer día lograron entonces la plena inmunidad, la denominada de rebaño debió esperar 3,5 meses más para alcanzarse.

    Se le atribuye a Voltaire la frase “Aquellos que pueden hacerte creer cosas absurdas pueden hacerte cometer cosas atroces”. Me consta cuán fuerte es lo expresado en ella y, aunque sigo reconociendo en Sarthou una persona bien intencionada poseedora de una inteligencia superior, me resulta imposible hacer como que no me doy cuenta de que hubo, hay y habrá muertes evitables entre aquellos no vacunados. En esta evitabilidad está la atrocidad. Ocurriendo ante nuestros ojos y más allá de las buenas intenciones de quienes promueven esa no vacunación.

    Dr. Roberto B. García (médico)

    CI 1.053.261-3