Seis de las muertes que los enfermeros confesaron haber cometido con inyecciones de morfina y de aire se produjeron por causas naturales, según una pericia que un equipo de médicos forenses entregó a la jueza penal Dolores Sánchez.
Seis de las muertes que los enfermeros confesaron haber cometido con inyecciones de morfina y de aire se produjeron por causas naturales, según una pericia que un equipo de médicos forenses entregó a la jueza penal Dolores Sánchez.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa magistrada pasará en vista el expediente al fiscal, quien puede pedir más pruebas o disponer el sobreseimiento de los enfermeros. Teniendo en cuenta que los propios profesionales confesaron los hechos y la repercusión que en su momento tuvo el caso, fuentes del Ministerio Público dijeron a Búsqueda que posiblemente se cite a los médicos a declarar para que amplíen en la sede el contenido del informe.
Este caso estalló en marzo de 2012, cuando el juez Rolando Vomero —actualmente en un Tribunal de Apelaciones— procesó con prisión a dos enfermeros por haber reconocido el asesinato de al menos 10 pacientes en el Hospital Maciel y en la Asociación Española.
Una junta integrada por los médicos Domingo Mederos, Domingo Perona Rilo y Hugo Rodríguez concluyó que en seis de esos casos no existen pruebas de las maniobras de los enfermeros, según informó ayer miércoles “El País”.
Según esa pericia, el paciente Enrique Yerle de 58 años ingresó el 6 de julio de 2011 a la una de la mañana a la Emergencia del Hospital Maciel con un intenso dolor. Luego de una serie de tratamientos el paciente falleció el 8 de julio.
“Se trataba de un paciente portador de una patología cardiovascular grave descompensada (...), que falleció en momentos en que se le realizaba una maniobra invasiva como la colocación de un marcapaso por vía venosa central. La muerte durante este tipo de procedimientos es una complicación factible”, expresa la pericia.
Santiago Rodríguez era un paciente de 70 años que ingresó a la Asociación Española el 19 de agosto de 2010 con un diagnóstico de “infarto de tronco encefálico”. Falleció el 4 de setiembre de ese año. Según la pericia, “el paciente era portador de una gravísima lesión neurológica de causa vascular”. “La muerte ocurrió como desenlace natural esperable e inevitable del compromiso neurológico reseñado”, agrega.
Nivia Mendilaharzu, de 74 años, ingresó al Hospital Maciel el 8 de junio de 2011 con un diagnóstico de “trombolismo pulmonar masivo”. Falleció ese mismo día producto de “una muerte natural y esperable, sin que se hayan constatado otros factores”.
Por su parte, Nancy Alonso, de 41 años, ingresó a la Asociación Española el 13 de diciembre de 2011 con un grave traumatismo encefálico como consecuencia de una caída de 4 metros. Falleció el 23 de ese mes y de acuerdo con la pericia “se trató de una muerte violenta secundaria a un traumatismo con importante agravio encefálico”. “La muerte es un resultado esperable”, agrega.
En el caso de María Luisa Torrado, de 85 años, quien ingresó al Hospital Maciel el 27 de diciembre de 2011 con dolor en el tórax, náuseas y vómitos, y murió al día siguiente, “consta en la historia clínica que desde el ingreso se explicó a los familiares la gravedad del cuadro clínico y la probabilidad de muerte en un corto lapso”, señala el informe.
Por su parte, José Coll falleció el 11 de diciembre de 2011 y según la pericia se trataba de un “paciente portador de un pésimo terreno biológico por una cirrosis hepática”, lo que ocasionó una “muerte previsible”.
María Cuello de 75 años ingresó al Hospital Maciel a las 7 de la tarde del 8 de febrero de 2011 y falleció al poco tiempo de una “muerte natural”.