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Es alemán, tiene 27 años, se dedica a diseñar, construir y reparar uno de los instrumentos más complejos que existen y es dueño de una fábrica artesanal en su país, que produce 25 unidades por año de este particular artefacto sonoro. En mayo de este año Stefan Fuhrich se convirtió en el primer lutier de bandoneones en impartir un curso sobre su especialidad en la historia uruguaya. Durante tres semanas, este joven maestro en fuelles entrenó a varios lutieres uruguayos en dos áreas: la lutería y la enseñanza de la lutería de este instrumento en el que han brillado uruguayos como Luis Di Matteo, Enrique Tellería y Néstor Vaz. Uno de los alumnos, José Mangini, reconocido lutier de acordeones uruguayo, fue elegido como el docente que formará a los 22 alumnos del curso que inició en junio y que concluirá en diciembre de este año.
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El Proyecto Bandoneón, este inédito programa académico de dos años —con financiación presupuestada que va desde julio de 2021 a mayo de 2023—, fue impulsado por la Fundación Cienarte, una institución comprometida con el tango desde hace décadas, responsable desde hace 15 años de la Orquesta Escuela Destaoriya, que fundó y dirigió hasta su muerte (en 2021) el maestro bandoneonista uruguayo Raúl Jaurena, cuya figura será homenajeada el lunes 14 en el Solís. Y fue posible gracias a la conjunción de esfuerzos y apoyos de varias instituciones. A saber: Comisión del Patrimonio de la Nación, Comisión Nacional de Unesco en Uruguay, Comisión Interministerial de Apoyo al Tango y al Candombe (Ciatyc) y Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU). El proyecto funciona con apoyo financiero de la Unesco, a través de su Fondo de Patrimonio Cultural Inmaterial, y de la Embajada de Alemania en Uruguay.
Según explicó a Búsqueda Sofía Antonaz, gestora cultural del Proyecto Bandoneón, este está dividido en tres áreas: la enseñanza, la creación de un inventario de bandoneones (a cargo de la Comisión de Patrimonio) y la puesta en valor del instrumento. En lo que respecta a la enseñanza, en 2021 comenzó a funcionar la Escuela del Bandoneón, que imparte clases de interpretación del instrumento en Montevideo, Maldonado, Río Negro y Tacuarembó y que tiene en este momento 50 estudiantes activos. A ella se suma ahora el curso de lutería de bandoneón, que se dicta en la Escuela Pedro Figari de la UTU, situada en la peatonal Sarandí.
Antonaz contó que durante sus tres semanas de estadía en Uruguay Fuhrich puso en marcha un “entrenamiento de entrenadores” que consistió en formar potenciales profesores. “Enseñó dos cosas: lutería y enseñar lutería, que es algo muy complejo”. La gestora aclaró que el curso no está orientado hacia la construcción de nuevos bandoneones sino a “reconstruir, arreglar y afinar” los existentes, “que son muchísimos en Uruguay”. Y ahondó en el problema de la escasez de materiales específicos: “Stefan trajo los cueros para reponer los fuelles, un material que no existe ni acá ni en Argentina, y además trajo sus propias herramientas construidas en su fábrica, en Alemania, que aquí no se pueden comprar. Hay que fabricarlas”. Agregó que todo el equipo se concentró en resolver y superar esas dificultades pero que la construcción de bandoneones “implica otros desafíos logísticos y económicos que hoy no están a nuestro alcance”.
Entrevistado por Búsqueda, Fuhrich señaló los “serios problemas” para conseguir insumos y explicó que salvo raras excepciones todos los bandoneones que hay en el país fueron producidos en Alemania décadas atrás. “Aquí no existió nunca ese conocimiento, la única forma de que exista es a través de la práctica, ensayo y error”. Antonaz agregó que la idea a futuro es establecer un vínculo con la fábrica del lutier alemán para asegurar un stock permanente de materiales y luego desarrollar la obtención de esos materiales aquí en Uruguay, para que la tarea sea económicamente más accesible.
En su fábrica artesanal, en la que trabaja junto con un asistente, Fuhrich produce entre 15 y 25 bandoneones nuevos por año. Cada uno le lleva entre dos y tres semanas de trabajo. El alemán afirmó con seguridad que todos los bandoneones que ha visto en Uruguay tienen algo para reparar, la mayoría por el desgaste natural. Sin embargo, dice que en Alemania muchos de ellos se tirarían porque “es más barato fabricar uno nuevo”. Las marcas más frecuentes de los ejemplares existentes en el país son Hohner y ELA (Ernst Louis Arnold), dos de las grifas más populares en Alemania. Fuhrich asegura: “Ustedes aquí necesitan reparar todos los que se puedan. En Uruguay hay muy buenos bandoneones, incluso algunos en buen estado pueden recuperar su valor económico”.
No hay músicos profesionales en la familia de Fuhrich, solo su madre es aficionada al acordeón. El joven comenzó su romance con el bandoneón hace cinco años, cuando después de haber estudiado la interpretación de acordeón, armónica y flauta, entre otros instrumentos, y de tocar en varias orquestas sin lograr apasionarse demasiado se inscribió en una carrera de lutería de instrumentos de fuelle (bandoneón, acordeón y concertina, un predecesor del bandoneón). Extrañamente (o no), Fuhrich no es intérprete de bandoneón. La explicación es simple: “Es tan complejo aprender a tocar el bandoneón e insume tanto tiempo que, si me hubiera dedicado a aprender su ejecución, nunca me hubiera inscrito en el curso de lutería. Me gustaría aprender a tocarlo bien, pero necesito tiempo”.
Durante el primer año de clases, uno de los profesores, interesado en sus evidentes habilidades, lo invitó a trabajar tres horas diarias en su propia fábrica de bandoneones, donde intensificó su aprendizaje. Después de su graduación pasó a tiempo completo en ese establecimiento, y luego de un año, el docente, ya veterano, se retiró del oficio y le regaló la fábrica a su joven discípulo. “Así es que ahora fabrico mis bandoneones en mi propia fábrica”, dice orondo.
A sus diferencias morfológicas con los acordeones, los bandoneones suman otra gran cantidad de diferencias internas. Según explica Fuhrich, el 90% de los componentes del bandoneón son de madera y en el acordeón hay mucho aluminio y plástico y otros materiales. “Cada bandoneón tiene maderas de cuatro árboles diferentes. Cuando construís un nuevo bandoneón aprendés cosas nuevas porque siempre es una sorpresa. Cada bandoneón está hecho a mano, y tiene un sonido único”.
Tributo a Jaurena
En el área de “puesta en valor del instrumento” del Proyecto Bandoneón, se están realizando presentaciones en escuelas y liceos y reconocimientos a bandoneonistas y a personalidades vinculadas con el bandoneón. En esa línea es que el lunes 13 a las 20.30 se realizará un homenaje a Raúl Jaurena, quien falleció a causa del Covid en enero de 2021, en el que participarán más de 20 artistas uruguayos. Entre ellos estarán los guitarristas Julio Cobelli, Toto Méndez, el pianista Álvaro Hagopián, la cantante Estefanía Melonio, el contrabajista Carlos Weiske, el violinista Matías Craciun y la flautista Julia Nudelman.