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    Uruguay debe salir a vender la energía “excedente” que instaló previendo la demanda de Aratirí, dice el presidente de UTE

    “Estamos empezando a recorrer con el maletín y el gorro de vendedor. Nos estamos posicionando como proveedores (...) en la región. Si nos va bien, nos vamos a haber quedado cortos”, sostuvo Gonzalo Casaravilla

    En el año 2000 un equipo de la Facultad de Ingeniería instaló en el Cerro de los Caracoles un aerogenerador de 150 kilovatios, el primero de Uruguay, con el objetivo de estudiar el potencial de esa fuente renovable. Uno de los ingenieros que estaban a cargo del proyecto era el docente Gonzalo Casaravilla, del Instituto de Ingeniería Eléctrica.

    Catorce años después le tocó a Casaravilla, ahora como presidente de la empresa eléctrica estatal UTE, inaugurar los primeros parques eólicos privados de gran porte de Uruguay que forman parte de los 1.200 megavatios de energía eólica que el gobierno espera tener instalados para 2016.

    Casaravilla sostiene que la eólica será “la clave” para una matriz energética de mínimo costo en el futuro pero reconoce que el potencial que instaló Uruguay supera sus necesidades. El motivo es que se planificó teniendo en cuenta el proyecto minero Aratirí, que ahora es incierto. Por eso dice que UTE tiene que salir a vender en el exterior los excedentes de energía que habrá. Pero confía en que va a poder colocarlos en la región.

    “Estamos empezando a recorrer con el m?aletín y el gorro de vendedor. Nos estamos posicionando como proveedores de energía en la región. Si nos va bien, nos vamos a haber quedado cortos”, dijo Casaravilla en una entrevista con Búsqueda. “Puede ser que algo diseñado en forma autárquica y conservadora se nos transforme en el mejor negocio de la historia del Uruguay”.

    —¿Se están cumpliendo los objetivos que se había planteado UTE respecto a la incorporación de energías renovables?

    —Decidimos hacer una planificación con algunos ejes bien definidos: garantizar el abastecimiento en las mejores condiciones económicas y no tener un nivel de dependencia energética que nos impida desarrollarnos como país. Ningún país se desarrolla si no tiene energía, garantía de abastecimiento y soberanía energética.

    En Uruguay lo podemos hacer con recursos autóctonos y amigables con el medioambiente. Tenemos un fuerte componente hidráulico, casi el 97% del potencial está aprovechado. En el pasado veníamos complementando el crecimiento de la demanda con recursos térmicos a partir de combustibles líquidos pero la incorporación de las renovables, en particular la eólica, da la clave para tener una matriz de mínimo costo.

    El óptimo de Uruguay incluye el uso de la hidráulica, la fuerte incorporación de renovables, en particular eólica, seguir con la biomasa y algo de fotovoltaica para iniciar la curva de aprendizaje. El restante 10% asociado a centrales térmicas eficientes que son flexibles, pero también en un régimen térmico intenso si se da una situación de sequía. Ahí está el ciclo combinado, con dos turbinas de gas y una de vapor.

    El plan en el que estamos es el que se diseñó, no ha cambiado el objetivo. Uno tiene que ir pilotando cuánto de eólica o de renovables va a ir entrando en función de cómo va creciendo la demanda. Cuando en 2010 hacíamos la optimización no estaba en el horizonte un proyecto como Aratirí. Ya en 2012, cuando estábamos haciendo la planificación, era inminente que en un par de años más estuviera el proyecto. Hoy ese proyecto está en revisión y la información es que aparentemente por un par de años más por lo menos no va a estar.

    —¿Entonces ahora deben adaptarse a un escenario sin Aratirí?

    —Tomamos las decisiones pensando en que Aratirí estaba. Hoy Aratirí no está, se está verificando aquello del costo del arrepentimiento. Uno diseña pensando que ciertas cosas van a pasar. Lo peor que puede pasar es que después te quedes corto. Eso Uruguay ya lo ha pagado con muchos millones de dólares.

    El sobrecosto por no llegar a cierto nivel de incorporación de energías renovables es muy alto y nos da mucha vulnerabilidad porque dependemos de los combustibles fósiles. Por sobreequiparse lo único que se está haciendo es adelantar inversiones. Son sobrecostos de segundo orden.

    El tema lo vamos a tener que ir siguiendo año a año en función de cómo evolucione la demanda y cómo evolucionen los proyectos. Además tenemos que tener en cuenta que cuando iniciamos una fuerte incorporación de eólica jugamos a una cantidad diferente de instrumentos como parte de una curva de aprendizaje. Ahora el mundo está mirando cómo lo hicimos. Ya teníamos de entrada la certeza de que algunas de esas líneas no iban a funcionar. Está dentro de lo que podía pasar y no es malo. Lo peor era que por ser conservadores después nos quedáramos cortos.

    Hicimos un diseño de matriz de abastecimiento autárquica, cerramos la frontera, garantizando el abastecimiento y suponiendo que el intercambio es pobre con la región. Vamos a ver cuál va a ser la realidad. Todo negocio que logremos hacer ahora a partir de los fierros que tenemos son beneficios para el sector eléctrico.

    En este momento estamos empezando a recorrer con el maletín y el gorro de vendedor. Nos estamos posicionando como proveedores de energía en la región. Si nos va bien, nos vamos a haber quedado cortos. En poco tiempo la regasificadora no va a alcanzar y vamos a estar pensando en un segundo barco. Puede ser que algo diseñado en forma autárquica y conservadora se nos transforme en el mejor negocio de la historia del Uruguay. Todo va a depender de cómo andemos en la región.

    La mejor noticia que tuvimos últimamente ha sido que Dilma ganó en Brasil. De todo lo que se venía hablando y negociando, tenemos una continuidad por delante, el intercambio con Brasil va a empezar a andar en los carriles que el presidente Mujica y Dilma definieron en su momento y que estamos transitando. Hay un montón de oportunidades ahí.

    —Hace poco Uruguay vendió energía a Argentina a precios bastante inferiores a los que cobra en Uruguay, y algunos grandes consumidores se quejaron. ¿Por qué la diferencia? ¿El maletín que llevarán por la región ofrecerá precios tan bajos?

    —A principio de año y hace dos semanas prendimos las térmicas porque Argentina nos pidió. Si viene un montón de agua, y yo suministro mi demanda y me quedan máquinas sin usar, tengo que abrir los vertederos. No turbinar esa agua en las turbinas que tengo paradas y pasarla por el costado es un crimen que nadie comete. Tenemos un acuerdo con Argentina según el cual en esas condiciones la energía de vertimiento la intercambiamos al semiprecio entre el mercado argentino y el uruguayo. A mí me sale cero. El precio en Argentina era bajo, unos 30 dólares, y de ahí salió 15 dólares. Hemos vendido entre 15 y 9 dólares. Eso es integración. Es estratégico para nosotros tener a Argentina y Brasil. A futuro voy a tener dos mercados para colocar energía. Vamos a buscar los mejores negocios. Cuando uno tiene energía puede pararse en la cancha y negociar en mejores condiciones.

    Insisto en que la optimización la hicimos pensando en fronteras cerradas garantizando el abastecimiento al mínimo costo. Con el diario del lunes, con otras hipótesis, el óptimo es otro. Diseñamos una matiz autárquica que claramente tiene excedentes y ahora vamos a salir a venderlos.

    —Entonces no prevé la posibilidad de una sobreoferta de energía…

    —Porque la vamos a colocar. Es muy difícil diseñar un óptimo cuando no sabés. En función de lo que tenés vas a optimizar con la gestión. El objetivo es ganar plata. Suministrar la demanda eléctrica con una clave de inclusión social, pero después que están los fierros hay que tratar de sacarles la máxima riqueza.

    —¿Cómo evolucionará la tarifa en este contexto?

    —Todo buen negocio que haga UTE va directamente a la tarifa de la gente. Cuanto mejores negocios haga la UTE, más barata va a ser la energía.

    —¿En qué situación están las obras de interconexión con Brasil? ¿Cuál es el balance de los sobrecostos que hubo?

    —Se están terminando las obras en Candiota por parte de Eletrosul, una subsidiaria de Eletrobras, que nos va a dar durante 30 años el servicio de operación y mantenimiento de la línea eléctrica que va entre la frontera y la estación de Candiota. En los próximos dos o tres meses se va a poner en funcionamiento la convertidora de Melo. En el primer semestre del año que viene va a estar operativa.

    Respecto a los sobrecostos, los que tuvo esta obra no son diferentes a los que tiene cualquier otra. Estamos hablando de 382 kilómetros de línea de 500 MW. Hacía muchos años que no se hacía una obra de esa envergadura en Uruguay, y son obras que requieren muchísima mano de obra, fue un año muy lluvioso, la conflictividad sindical no fue de las más bajas. Entonces tuvo las dificultades naturales. El sobrecosto que terminamos pagando fue menos del rubro imprevistos que estaba previsto. Terminamos negociando con la empresa a valores del contrato algo así como 15 millones de dólares en una obra de 140 millones de dólares. Hubo un problema de altimetrías pero en realidad con la altimetría correcta la cotización de la obra hubiese sido más plata, porque llevaba más torres. El costo final es el mismo. Nos dio más dolores de cabeza porque tuvimos que gestionar un acuerdo.

    —También hubo sobrecostos en la convertidora de Melo.

    —Asociados a que terminamos la convertidora antes que la línea, lo que también negociamos en función de retrasos que tuvo la propia empresa. Es muy difícil decir exactamente en este tipo de obras cuáles son los reales sobrecostos, la cuenta es bien compleja. Creo que esa es una obra que se gestionó bien. Nos complicó el tema del Focem, que nos retrasó muchísimo la línea eléctrica. Puso 82 millones de dólares, entonces claramente era buen negocio para Uruguay esperar. Pero haber terminado la convertidora y no tener la línea tuvo un sobrecosto de un millón y medio de dólares. Frente a 82 millones que tuvimos del Focem, creo que el balance es positivo.

    —Hay gente en UTE preocupada por que la empresa ponga el 90% del costo de la regasificadora pero no pueda vender el gas excedente.

    —¿Y quién lo impide? El proyecto de ley de marco regulatorio del gas que está en el Parlamento ¿en algún momento dice que UTE no lo puede hacer? No hay ningún impedimento. Es verdad que mucha gente tiene la aprensión de que a UTE no la dejen. ¿Pero dónde está escrito que UTE no lo pueda hacer? De hecho, estamos por firmar un convenio con Sulgas, que es la distribuidora de gas de Rio Grande do Sul, y estamos viendo de hacer ahí el negocio del small scale. El miércoles firmamos un convenio con YPF para analizar el tema de comercialización de regasificadora y gas. Lo que en el proyecto de ley está clarito que UTE no se mete en el sector de comercialización del gas en Uruguay, así como Ancap no se mete en el sector de la generación de energía eléctrica, más allá de algún negocio de cogeneración. Eso está bien que lo haga Ancap. Pero la generación la hace UTE, no hay ningún impedimento. En todo caso la crítica viene desde el punto de vista de que si hay alguien que es socio contigo en el 10% te permita optimizar el negocio. Y está bien la aprensión. ¿Vamos a poder vender gas? No veo ninguna razón por la cual no.

    —El director de UTE por la oposición cuestionó que puedan terminar financiando un negocio que favorece a Ancap.

    —El proyecto de regasificadora es un proyecto nacional. Para poder garantizar gas con soberanía energética para el sector no eléctrico, evidentemente el sector eléctrico fue llamado a tener una visión solidaria. Podríamos haber apostado a tener una regasificadora más pequeña. Si el sector eléctrico se queda sin gas una semana no pasa nada. Pero no te podés quedar una semana sin gas para el sector no eléctrico. Eso nos obliga a tener un almacenamiento mayor. Es verdad que el sector eléctrico tuvo que pensar en el país, en la soberanía energética, y buscar una infraestructura que quizá sea mayor que si uno lo viera mirándose solo el ombligo. Pero gracias a pensar de esa forma hoy tenemos una infraestructura que podemos convertir en toneladas de plata si nos movemos bien. Yo estoy convencido de que basta que tengamos el recurso y lo vamos a poder colocar en la región.

    Futuros negocios eólicos “tendrán que pelear con nuevas condiciones”

    —UTE ha ofrecido comprar energía a los parques eólicos privados por precios bajos, en algunos casos en torno a 60 dólares, incluyendo el costo de distribución, algo inusual. ¿Cómo llega Uruguay a ofrecer estas condiciones?

    —Nosotros tuvimos nuestro propio camino y llegamos a esos números. Hicimos diferentes procesos competitivos de compra de energía. En 2009 teníamos valores de 90 dólares por megavatio hora, en 2011 tuvimos 63,5 de promedio. Apareció un incentivo muy fuerte que pusimos sobre la mesa: toda energía recibida hasta marzo de 2015 la pagamos a 110 dólares. Justificó la bajada del precio en ese momento. Después los precios internacionales siguieron mejorando y sin bono este número también cierra en un proyecto que tiene una rentabilidad. Ya firmamos por el parque de Florida con Polesine a 60,53.

    La eólica entró fuerte por cinco razones que hicieron que casi 2.300 millones de dólares de inversión se hicieran en tres años. Primero, Uruguay tiene grado inversor. Y un proyecto con 10% o 12% de rentabilidad es atractivo. Además, atrás de esto está la UTE. Generamos un montón de instrumentos, y la ley de promoción de inversiones es muy importante, es como un subsidio. Si no lo tenés no vienen. La ley de arrendamiento rural la cambiamos para proyectos eólicos, que pudiera haber arrendamiento a 30 años. Hubo adecuaciones del marco regulatorio y de las reglamentaciones ambientales. Tuvimos que ir construyendo criterio para que Dinama autorizara o no los parques. Fue una curva de aprendizaje muy dura.

    —Los controles de Dinama han generado demoras en proyectos eólicos.

    —Son los dolores de crecimiento. Hay que hacerlo lo mejor posible, tiene que ver con la credibilidad del país. Ese crecimiento nos agarró justo en un momento de toma de definiciones por parte de Dinama respecto a los criterios para autorizar los parques. La fuimos llevando.

    Los contratos los hicimos predecibles, transparentes y la palabra mágica es bancarizables. Con los organismos que prestan plata, como el BID, por decir uno, negociamos directamente los términos. Le buscamos la vuelta para los proyectos que tienen que solucionarse con el flujo de caja de lo que va a cobrar por el servicio que vende. Sumado a un riesgo claro y ubicable por parte de los inversores, es lo que hizo que las cosas pasaran. El tercer punto son las condiciones del mercado. Tuvimos una disponibilidad de dinero en el mundo a tasas muy interesantes además de tecnólogos con tecnología madura y ganas de vender. Se les trancó el mercado europeo y americano y nosotros estábamos con ganas de invertir y espectacularmente parados. El cuarto factor importante es el alineamiento de todos los actores.

    —¿Qué pasaría frente a posibles cambios en las tasas de interés u otros factores económicos?

    —Futuros negocios tendrán que pelear con nuevas condiciones. UTE se puso a desarrollar parques eólicos. Uno veía proyectos trancados. ¿Será que los números no cierran? Llegamos a la conclusión de que los números cerraban. Hubo apuestas y tiramos todas las líneas. Vamos a haber construido parques en varias modalidades: UTE compra molinos, UTE compra energía, UTE se asocia con Eletrobras y vende energía a UTE, UTE desarrolla parques eólicos y sale al mercado de valores, UTE hace una modalidad que no existía en el mundo —y estamos a punto de firmar contrato— que es el leasing, el arrendamiento de máquinas para convertir viento en energía eléctrica en Salto. Todos los instrumentos resultaron en algo.

    ¿Cuál va a ser el mejor? Lo veremos dentro de cinco o diez años. Seguro se van a escribir ríos de tinta. Lo importante es que nos alineamos para que todo esto pase en poco tiempo. Tenemos un montón de oportunidades para convertir eso en plata, ser un hub energético y vender energía.

    Información Nacional
    2014-11-27T00:00:00