N° 1835 - 01 al 07 de Octubre de 2015
N° 1835 - 01 al 07 de Octubre de 2015
Accedé a artículos gratuitos y newsletters de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáExisten varios indicadores internacionales (serios y bien fundamentados) que miden el grado de competitividad de un país. Pero el mejor indicador está en nuestros bolsillos: basta darse una vuelta por el supermercado, largarse hasta la frontera o visitar las páginas de Amazon, para darnos cuenta de que estamos caros. Muy caros.
En el último Reporte de Competitividad Global 2015-2016 que elabora el Foro Económico Mundial, Uruguay se ubicó en el lugar 73 entre 140 países; bien a mitad de tabla. Ese lugar donde los uruguayos nos sentimos particularmente cómodos, no siendo ni chicha ni limonada. Ojo. De tanto jugar “al medio”, podemos terminar siendo unos “mediocres”. ¿O ya lo logramos?
Este indicador evalúa a los países en 12 pilares básicos (con un puntaje de 1 a 7), donde Uruguay ocupa estas posiciones: Instituciones (4,7 puntos y 30° a escala mundial), Educación Superior y Entrenamiento (4,7 y 48°), Preparación Tecnológica (4,8 y 40°), Infraestructura (4,4 y 52°), Salud y Educación Primaria (5,9 y 57°) y Eficiencia del Mercado de Bienes (4,4 y 59°), Desarrollo del Mercado Financiero (3,9 y 69°), Ambiente Macroeconómico (4,3 y 99°), Tamaño del Mercado (3,3 puntos y puesto 89°).
Para poder competir en cualquier ámbito (deporte, ciencias, empresas, agro, etc.), se requieren dos componentes: uno personal y otro organizacional. A nivel de cada persona (sea una persona física o una persona jurídica) debe existir, primero, el deseo de competir, de superarse, de hacer las cosas mejor, más rápido o más barato. Sin ese deseo interior, nada sucederá en el exterior.
Pero también es necesario un entorno organizacional, una cultura, un ambiente o clima que rodea a esa persona, que le facilite el camino hacia sus metas y no le ponga obstáculos en el camino. Y así, personas y entorno, se retroalimentan unos con otros.
La peor combinación de todas es cuando tenemos gente que no quiere superarse y el entorno se lo celebra. Se da cuando el alumno no estudia, pero igual le dan un “pase social”. Cuando el obrero haragán cobra lo mismo que el productivo. O cuando para el empresario es más negocio conseguir un favor del Estado que mejorar la calidad de sus servicios.
Y la mejor combinación es cuando la gente quiere superarse y los sistemas que la rodean la estimulan a ser, hacer y tener más. Es el alumno sobresaliente, al que le dan una beca. Es el obrero destacado, el que es ascendido. Y es el empresario que mejora sus productos y los consumidores lo premian con su preferencia.
Cada ineficiencia, cada obstáculo, cada costo extra e innecesario que debemos pagar, nos aleja más de los mercados y de las oportunidades para nosotros y para nuestros hijos. No tenemos una buena infraestructura vial, pero nos dilapidamos millones en una fábrica de portland innecesaria. No tenemos un buen tamaño de mercado, pero nos damos el lujo de rechazar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos o nos escapamos del TiSA por la banderola del baño de servicio. O preferimos cargar en la mochila de nuestro esfuerzo el peso muerto de los Mides, la educación inútil para los educandos o la rigidez laboral, que no hacen otra cosa que generar individuos más dependientes, menos inteligentes y menos empleables. En definitiva, individuos menos competitivos.
Y así, seguiremos chapoteando en este charco de agua turbia, mientras nos quieren hacer creer que nadamos en un océano. Pero es solo un charco. Y es de agua turbia.