—¿Cómo se explica que ahora vuelvan las mismas recetas, con recortes de impuestos a sectores de altos ingresos en EE.UU.?
—Se hizo algo realmente estúpido el año pasado con un corte de impuestos tremendo, cuando la economía estaba yéndose para arriba. La deuda de EE.UU. aumentó, y no debía hacerlo, como resultado de este recorte idiota que no parece tener ningún propósito macroeconómico, excepto una redistribución desde los pobres a los ricos, una suerte de Robin Hood a la inversa.
Una de las cosas que más me preocupa de esta administración es la completa ausencia de economistas serios; los asesores son básicamente amateurs. Quien está en el área de economía internacional, Peter Navarro, es un economista de mercados financieros, pero no de economía internacional. Lo único que sabe de economía internacional es que odia China.
—¿Estamos, como se dice, frente a una nueva revolución industrial con la inteligencia artificial?
—Hemos estado viviendo en una revolución industrial por los últimos 200 años. En las décadas de 1950 y 1960 hubo un montón de cambios tecnológicos, y también los hubo en los noventa y 2000. Y van a continuar y se van a acelerar. Incluso, la revolución actual no tiene tanto de industrial —que se ha ido mecanizando hace mucho tiempo, ahora las máquinas se ven más sofisticadas y las llamamos robots, pero básicamente no remplazan el trabajo humano— sino más bien sobre el sector servicios, medicina, transporte, comunicación. La agricultura por ejemplo, tal vez ha tenido la revolución más importante desde la británica, porque vamos hacia productos diseñados. En los próximos 50 años, la agricultura va a tener una revolución espectacular, porque ahora tenemos una mucho mejor capacidad de entender cómo generar cambios genéticos.
Ahora, si ves el cambio que ha generado esta máquina (señala el celular) ¡es increíble! Hoy en el avión miraba alrededor y todos estaban usando el suyo. La gente ahora lo da por descontado al celular, pero ha revolucionado la vida de todos y lo ha hecho de una forma transversal a la economía.
—¿Cómo entran los países subdesarrollados en este modelo económico mundial donde los avances tecnológicos surgen en los países más avanzados?
—Cuando uno observa Latinoamérica, asoman solo tres o cuatro países que son realmente exitosos en el sentido de que tienen instituciones fuertes, buenos gobiernos, buenos sistemas educativos: Costa Rica, Chile y Uruguay. Antes del chavismo estaba Venezuela, pero ahora la vaciaron. Mi regla es que buenos gobiernos no hacen a los países ricos, pero malos gobiernos los hacen pobres. Eso pasa en todo el mundo.
Países como Uruguay nunca van a estar a la vanguardia en el desarrollo tecnológico, pero tienen una fantástica oportunidad para aprovechar el nicho de los servicios. Por ejemplo, tienen muy buen clima, al revés del hemisferio norte, por lo que la gente en Canadá querría escapar de su invierno viniendo aquí; si se provee con más cosas interesantes para hacer, como restaurantes de alto nivel y actividades interesantes para los turistas, es realmente posible construir una economía en torno a eso. Marruecos, por ejemplo, se basa en el turismo.
—Uno de los candidatos presidenciales dijo que no quiere un país basado en el turismo…
—Yo no veo por qué ser un país dependiente del turismo es tan malo, a menos que sea demasiado exitoso para tu propio bien, como Venecia o Florencia. Pero si los turistas dejaran de ir a Italia, colapsaría.
La otra cosa en la que muchos pequeños países han tenido éxito es aprovechando otros nichos de mercado, por ejemplo construyendo excelentes universidades para estudiantes extranjeros. O la salud. En México por ejemplo tienen excelentes dentistas y los californianos van al dentista en Tijuana, porque en EE.UU. es muy caro. O se van a la India por una operación de cadera, porque es impagable en EE.UU.
Tener un buen clima es una gran ventaja y hay que rodear eso de servicios. Ahí pondría yo mis recursos, no tanto en la carne, porque la gente está yendo hacia otro lado. Pero sí en la comida, por ejemplo.
—¿El ascenso al gobierno de presidentes como Tump, que reniegan del cambio tecnológico, que pregonan volver a trabajos manuales con poco valor agregado educativo, es una reacción social frente a cambios de fondo que se dan a distintas velocidades?
—El cambio tecnológico es bueno para el colectivo, pero no para cada individuo en particular. Siempre ha sido un gran problema, no hay una buena forma de decir que los ganadores son más que los perdedores, porque estos tienen la capacidad de poner políticos que detienen el progreso, ya que temen perder su identidad. Una forma de lidiar con ello, tal vez, es darle a la gente un entrenamiento que los haga más capaces de cambiar. No se puede intentar sustituir el trabajo que las máquinas hacen mejor por humanos que no tienen la misma precisión, hay que enseñarles a manejar esas máquinas. Realmente no me preocupa esa sustitución, siguen siendo fundamentales.
—¿Es el Brexit parte de esta pérdida de identidad?
—Es más que nada un voto de protesta; quienes votaron en el Reino Unido por esto fueron de zonas donde van a salir mayormente perjudicados por el Brexit. La gente no sabía qué estaba votando. Es el producto de algunos bastardos inescrupulosos como Boris Johnson, como Trump si quiere. Todo lo que dicen es mentira; la Unión Europea (UE) ha sido genial para todos los países que están dentro. Las encuestas dicen que si se hiciera de vuelta la votación, perdería. No hay un solo país que realmente quiera salirse, incluso Italia con sus nuevos gobernantes euroescépticos nunca se irían de la Unión. En Hungría lo mismo.
La gente se olvida cómo vivían antes: se disparaban entre todos, hubo dos guerras gigantes el siglo pasado y muchísimas más anteriormente, y hoy Europa es pacífica. La gente ha acordado en varias partes del mundo no resolver los conflictos políticos o económicos con las armas. Es exactamente por lo que Putin es tan peligroso, él no juega ese juego, tiene un enfoque zarista, ya ha usado la violencia, con Georgia, con Ucrania, la usaría con los bálticos si tuviera la chance.
—¿Por qué están entonces tomando tanta importancia los partidos de extrema derecha en Europa?
—La UE es un éxito político y económico, su población vive mejor que nunca. No confían en los políticos para que defiendan su situación actual, y así aparece un montón de gente que dice tener la capacidad de protegerlos de otros que no lucen igual que ellos, que no hablan como ellos, que no rezan como ellos. Esto no es la infelicidad de gente que perdió todo, sino de los que ganaron todo y tienen miedo de perderlo.
Marie Le Penn, Mateo Salvinni, estas figuras como Trump, todos quieren generar ese miedo, ¡pero al único al que realmente hay que temer en Europa es a Putin! Su economía es pobre, pero la forma que tiene de hacer las cosas… Esto lleva a que los europeos se sientan inseguros de sus democracias y Putin solo echa nafta al fuego.
—El expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo Enrique Iglesias se refirió días atrás a los “monstruos” que irrumpen en momentos de cambios. ¿Son estos políticos los “monstruos” que aparecieron previo a la Segunda Guerra Mundial?
—Parece ser un fenómeno mundial: la democracia ha estado instalada por tanto tiempo y ha sido tan exitosa que hoy en día la gente dejó de apreciarla y entonces surge que los políticos son corruptos e ineficientes y que se precisa un hombre firme. Están los casos de Orbán en Hungría, Erdogan en Turquía, Bolsonaro puede ser un caso también. Parece ser fácil para ellos acceder al poder en países con instituciones débiles.
Si aprendimos algo en el siglo XX es que cuando los criminales toman el control de los países y los ven como fuentes de ingresos personales, los arruinan. Esto es algo raro de encontrar más en el pasado, pero en el siglo XX tenemos varios casos de criminales, como Saddam Husseim por ejemplo. Y ahora hay algunos, como Nicolás Maduro; no es un idealista, es un criminal, un cocodrilo, está robando el país, lo está vaciando. Putin lo es en una megaescala. Putin no es Stalin, Stalin era un idealista; uno terrible, pero idealista, Putin roba todo lo que puede. Incluso el país en el que yo viví por 50 años, Israel, también está gobernado por criminales.
—¿También lo es Trump?
—Es un criminal con ideas políticas idiotas, muy primitivas, sin estudios, rodeado por millonarios que roban al país a ciegas. Él siempre fue eso.
Esto es una verdadera cleptocracia. La pregunta es si las instituciones son los suficientemente fuertes para sacar a esta gente del medio. Por eso es tan importante la investigación sobre la incidencia rusa en la campaña.
Economía
2019-01-03T00:00:00
2019-01-03T00:00:00