En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Principio por aclarar que tengo gran respeto y simpatía por la personalidad de Mario Vargas Llosa. Trátase de uno de los grandes escritores contemporáneos, que se ha ganado con su obra —no solo la literaria— y su polifacética trayectoria el derecho de proclamar, como Terencio, que “Nada de lo humano me es ajeno”.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Por ello leo siempre con interés los artículos que publica en Búsqueda sobre variados temas de la actualidad mundial, aunque de vez en cuando discrepo con sus agudos enfoques. Lo que no obsta, por supuesto, a que disienta de punta a punta, radicalmente, con el que leí en la última edición de vuestro semanario, titulado “La marihuana sale del armario”.
“Hay que aplaudir —sentencia el celebrado Premio Nobel— la valerosa decisión del gobierno del Uruguay y de su presidente, José Mujica, de proponer al Parlamento una ley legalizando el cultivo y la venta de marihuana”. Y anuncia, jubiloso, que su aprobación sería segura, incluso con votos blancos y colorados. Ignora, el señor Vargas Llosa, que lo más probable es lo contrario, dado los varios obstáculos —de hecho y de Derecho— que debiera superar el gobierno para que su iniciativa llegue a buen puerto, así como que la propuesta incluye la extravagancia impracticable de que sea el propio Estado el productor y vendedor de la temible droga, al parecer en régimen de monopolio.
En primer lugar, la ocurrencia ha recibido bastante más críticas que palmas. Algunas de las primeras, muy ácidas, provenientes de médicos que han alertado que la marihuana es mucho más dañina que el tabaco, entre otras razones porque contiene cuarenta sustancias cancerígenas.
En tales condiciones, la propuesta se da de bruces con el artículo 44 de la Constitución, a cuyo tenor “El Estado legislará en todas las cuestiones relacionadas con la salud, procurando el perfeccionamiento físico, moral y social de todos los habitantes del país”. El que no se va a lograr, ciertamente, legalizando la producción y el consumo de esta droga nefasta.
Por otra parte, una y otro están prohibidos por la Convención de Naciones Unidas —de 1988— sobre tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, de la cual Uruguay es parte (Ley Nº 16.579, de 7.07.1994). Esta obliga a los Estados Partes a tipificar como delitos, en su derecho interno, “La producción, la fabricación, la extracción, la preparación, la oferta, la oferta para la venta, la distribución, la venta…”, etc. etc., “…de cualquier estupefaciente o sustancia psicotrópica en contra de lo dispuesto en la Convención de 1961…” (de Viena).
Como lo sostuvo el Prof. Dr. Edison González Lapeyre, la iniciativa también es inviable porque colide con dicha norma de Derecho Internacional, que nuestro país está obligado a respetar. Y su cumplimiento no puede eludirse con el pueril argumento gubernamental —seguramente ignorado por el señor Vargas Llosa— de que por esta vía, es decir por una especie de mágica carambola a cinco bandas, se va a lograr el éxito, o poco menos, en la lucha contra el consumo de pasta base.
Es como si para combatir el cáncer se propusiera eliminar las vacunas o facilitar que la gente se enferme de tifoidea o de tuberculosis. Aparte de que es archisabido que fumar marihuana incrementa el riesgo de caer en la adicción a drogas más pesadas.
Puedo asegurarle a don Mario Vargas Llosa que tal proyecto de ley, si es que llegara al Parlamento y sin incursionar en otros obstáculos constitucionales, no sería aprobado. Alrededor de 75.000 consumidores de marihuana hay en el país, según datos oficiales. Setenta y cinco mil graves problemas significa, pues, ese hecho real, para decenas de miles de padres y madres, abuelos y abuelas. ¿Cuántos de ellos ocupan escaños parlamentarios? ¿O los legisladores no integran la sociedad uruguaya?
Pero lo peor de “La marihuana sale del armario” no es su encendida defensa de la venta libre de los “porros”. Es la conclusión con que finaliza el infeliz artículo, tras señalar su “gran simpatía por el Uruguay, desde el año 1966, en que fui a Montevideo por primera vez”, recuerda su autor. Lo peor es este juicio final, tras una referencia lateral a la dictadura militar.
“Pero la vieja tradición democrática le ha permitido recuperarse más pronto que otros países y hoy, quién lo hubiera dicho, bajo un gobierno de un Frente Amplio que parecía tan radical y un presidente de 77 años que fue guerrillero, es otra vez un modelo de legalidad, libertad, progreso y creatividad, un ejemplo que los demás países latinoamericanos deberían seguir.
Lo subrayado me ha dejado entre molesto y perplejo, sobre todo porque lo ha escrito el señor Vargas Llosa a partir de una desinformación mayúscula sobre la realidad que vive nuestro Uruguay bajo el gobierno del presidente Mujica y compañía, el cual no luce por su creatividad sino por su inoperancia y por su subordinación a los intereses corporativistas del aparato sindical.
Cierto es que Venezuela y Argentina, entre otros países sudamericanos, enfrentan problemas más graves que los que afligen a los uruguayos. Pero tan cierto como ello es que nunca nuestro país ha tenido problemas y carencias tan serias como las que hoy padece en las áreas claves de la seguridad perdida, la educación en declive vertiginoso, la salud pública y la crónica crisis energética.
Nada tan lejos de la realidad como atribuir al Uruguay actual ser “un modelo de legalidad”, siendo que nuestro Estado de derecho, salvo durante la dictadura, nunca estuvo tan torcido. Libertad hay, sí, pero amenazada por anuncios gubernamentales de controlar el contenido de lo que los medios informan a la población.
Créame, señor Vargas Llosa, que la enorme mayoría de los lectores de Búsqueda disienten frontalmente con su infortunado artículo. ¿Lee usted este prestigioso semanario? En la misma edición en que abogó por sacar del armario a la marihuana, sus principales columnistas dieron en el clavo. Principalmente su director, Claudio Paolillo, en su valiente y brillante descripción del desbarajuste mercosuriano y del prepotente ataque perpetrado contra la soberanía del Paraguay en la “cumbre” —bien pequeña— de Mendoza, en violación flagrante del Tratado de Asunción. Bueno sería que el señor Vargas Llosa dedicara algo de su valioso tiempo a leer ese artículo, que no tiene desperdicio.