—“Amado, firmame acá y ya está listo” –le dijo al presidente interino el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación Carlos (“El Chino”) Zannini.
—“Amado, firmame acá y ya está listo” –le dijo al presidente interino el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación Carlos (“El Chino”) Zannini.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—“Gracias, Chino, todo bien” —replicó el primer mandatario, rubricando el documento y palmeando amistosamente el hombro de su influyente colaborador, quien se retiró raudo del despacho presidencial de la Casa Rosada.
En el Decreto Presidencial que acababa de firmar, el presidente Amado Boudou había resuelto destituir al juez Norberto Oyarbide, designando en su lugar al Dr. Braulio Tehago Lagamba, viejo amigo del presidente (interino, pero presidente al fin), compañero de juergas, consocio del Club Harley Davidson con el que compartían periódicos paseos en moto, acompañados de bellas señoritas, y frecuentes visitas a boliches de moda, también acompañados de bellas señoritas.
Tomó el teléfono y marcó un número que sabía de memoria.
—“Braulio, ya está. Ahora, ni bien tomés posesión del cargo, me archivás el caso Ciccone, me declarás inocente, y hacés una rueda de prensa informando que todo fue un error de procedimiento, y que yo nunca tuve nada que ver. Y después de eso, lo llamás directamente al Teddy Banknote, que ya está sobre aviso, y que él ya reabra la Imprenta Cochine, que ahí somos socios los tres, él, vos y yo, y yo ya les adjudico la licitación para imprimir los billetes y vamoarriba, ¿me entendés? Y no seás forro y te me duermas, que esto es urgente porque andá a saber cuándo se nos corta este chorro de felicidad fruto del hematoma, macho, ¿sabés? Que parece que la vieja se va a mejorar en poco tiempo, así que metele, viejo, ¡metele!” —concluyó, despidiéndose de su íntimo amigo y socio.
Acto seguido el presidente Boudou tomó algunas otras resoluciones de importancia.
Clausuró los periódicos “Clarín” y “La Nación”, expropiándolos por razones de interés nacional, aludiendo a que los balances de ambas empresas daban unas pérdidas tan grandes que las sociedades que los dirigían se debían disolver automáticamente en virtud de lo dispuesto en el Código de Comercio, envió a todo el personal al seguro de desempleo, y le vendió los inmuebles por un importe menor al 50% del valor de tasación a la “Fundación Lautaro Boudou”, que lleva el nombre de su abuelo, y que alberga a jovencitas descarriadas a las que se les enseñan valores morales y buenas costumbres.
Decretó un aumento del 10% sobre las retenciones oficiales a las exportaciones de soja, trigo y cebada, destinándolo a la nueva cuenta “Obras Sociales de la Presidencia de la Nación”, que él maneja directamente.
Decidió la compra, con cargo a fondos públicos de Rentas Generales de un avión Boeing 757 para destinarlo al traslado del presidente y sus acompañantes en viajes oficiales fuera de la Argentina. En los considerandos del Decreto se dice que “la adquisición deberá hacerse a nombre de una persona física no ligada al gobierno, de manera de evitar que la aeronave sea incautada, embargada o retenida al aterrizar en territorio extranjero en virtud de las deudas que la Nación pueda tener con acreedores extranjeros propietarios de fondos buitres”. El avión se puso a nombre de la señorita Marcela Lapís Pireta, argentina, soltera de 25 años, DNI 223 334 445, persona de la absoluta confianza de primer mandatario.
Tras esta adquisición, el presidente Boudou llamó por teléfono al papa Francisco, informándole que el viaje inaugural del nuevo avión presidencial sería al Vaticano, adonde concurriría él mismo a saludar y tomar unos mates con el Sumo Pontífice, para intercambiar ideas acerca de la paz mundial y la solución pacífica de los conflictos, y rezar juntos por el futuro de la Argentina y la pronta recuperación de doña Cristina Fernández de Kirchner.
Luego llamó a Susana Giménez anunciándole que asistiría de sorpresa a su show televisivo, recomendándole que le preguntara acerca de sus planes de gobierno, entre los cuales está la adquisición de una mansión en Punta del Este, para destinarla al descanso estival de los niños de las escuelas públicas ubicadas en zonas desfavorecidas en diversas regiones del territorio argentino, los cuales serían elegidos por los directores de esas escuelas, y luego aprobados por él. Y que mientras él hacía la selección, tendría derecho asimismo a usar esa casa para su descanso personal. Le dijo a Susana que la compra de una casa en territorio uruguayo era todo un símbolo para mostrar al pueblo oriental su deseo de mejorar las tensas relaciones existentes entre ambos gobiernos, y que no se olvidara también de preguntarle acerca de este tema.
Luego fue al baño, y, tras lavarse las manos, se miró en el espejo, sacudió su abundante melena y se dijo a sí mismo “¡soy un león! ¡soy un grande! ¡qué oportunidades te da la vida, Amado! ¡que demore en volver la vieja terca, como dice el Pepe Mujica! ¡Que se tome su tiempo, hasta que le cicatrice la trepanación, macho!”
—“¡Amado, vo, dale de una vez!” —dijo una voz que le resultaba familiar.
—“¿Quién me llama? ¿Quién osa sacudir mis presidenciales hombros?” dijo el presidente, abriendo grandes los ojos, y encontrándose con el Chino Zanetti a su lado, que lo zamarreaba con energía.
—“¡Dale, boludo, te quedaste dormido! Firmá acá que te notificás de la resolución de Cristina que dice que no podés decidir nada durante el interinato. ¡Dale, que estoy apurado!” —le gritó el Chino.