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Montevideo, 15 de octubre de 2020. (De nuestras agencias). A pocos días de las elecciones nacionales, el presidente Tabaré Vázquez dio cumplimiento a una de las realizaciones más destacadas de su segundo mandato presidencial: la inauguración de la Base Militar Norteamericana “Lucy Topolanski” emplazada en Laguna del Sauce, Depto. de Maldonado.
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El acto contó con la presencia del Comandante en Jefe del Ejército norteamericano, General George Wefuckedyou, la embajadora de los EEUU Reynissa Julioso, el cuerpo diplomático acreditado en Uruguay y el gabinete ministerial en pleno. Se encontraba presente asimismo la ex primera dama Lucía Topolansky Saavedra de Mujica Cordano, con cuyo nombre se distinguió a este emplazamiento militar norteamericano en territorio uruguayo, en homenaje al apoyo que le dio a su esposo, el ex presidente don José Mujica Cordano en ocasión de otro importante episodio de aproximación entre el Uruguay y los EEUU al que referiremos más adelante en esta nota.
Como nuestros lectores sin duda recuerdan, el estrecho y fraternal contacto entre los gobiernos de izquierda uruguayos y el gobierno de los Estados Unidos comenzó durante la primera presidencia del Dr. Tabaré Vázquez, en ocasión del deterioro de las relaciones que se había producido entre Uruguay y Argentina, cuando estaba en construcción la planta de la papelera UPM, entonces Botnia. En esa ocasión, Uruguay y EEUU firmaron el llamado “Pacto de Ayuda Mutua”, en virtud del cual, si Argentina atacaba a Uruguay, la sexta flota de los EEUU se apostaría en el Río Uruguay junto al puente San Martín, mientras cazas-drones no tripulados de la Fuerza Aérea norteamericana bombardearían la Casa Rosada y la residencia presidencial de Olivos. En el mismo documento se estableció que en caso que la Argentina atacara a los EEUU, Uruguay se comprometía a defender al agredido, de manera de mantener la reciprocidad de los compromisos asumidos por las partes.
Este curioso acuerdo se conoce asimismo en forma extraoficial como “El Desliz del Opus Dei”, ya que la existencia del mismo fue revelada en forma sorpresiva por el ya ex presidente Vázquez (durante la presidencia de Mujica) en una charla que el ex mandatario brindó a un grupo de alumnos en una institución educativa de la mencionada obra religiosa.
Los acercamientos entre los gobiernos de ambos países continuaron, y, como se anunció más arriba, tuvieron un punto alto durante la presidencia de José Mujica cuando este, por sí y ante sí, de manera absolutamente sorpresiva, desconcertó al país (incluyendo a su propia fuerza política, que se enteró por la prensa) informando del arreglo al que había llegado con el presidente norteamericano Barack Obama, en virtud del cual el Uruguay recibiría cinco musulmanes (cuatro sirios y un palestino) hasta entonces prisioneros en la cárcel de Guantánamo.
Estos personajes, cuyos impronunciables nombres siempre fueron escritos de manera diferente por los medios (razón por la cual omitimos nombrarlos aquí), tenían asimismo una nebulosa que envolvía sus antecedentes. Los mismos habían sido relevados por la CIA en el territorio pakistaní dominado por Al Qaeda, donde estos muchachos o bien se entrenaban como terroristas especializados en ataques suicidas, o bien plantaban lechugas, escarola, perejil y tomates en las quintas en las que se producían los alimentos para los que se entrenaban allí.
Al recibir a los cinco musulmanes en el aeropuerto de Carrasco, en el que llegaron en un vuelo charter contratado por el gobierno de los EEUU, ya que no fue posible que alguna aerolínea comercial los aceptara como pasajeros, el entonces presidente Mujica dijo a la prensa que “sheguramente la hipóteshi é la shegunda, porque a mí el preshidente Obama que dijo que ejto muchacho shon tranquilo, shon, incapashe diasherle danio a nadies, ashí que me los viá llevá de arranque pa la chacra, pa que tengan la primera changa revolviéndome la tierra pa plantá lo gladiolo, pa plantá”.
Efectivamente el señor Mujica se llevó a los recién llegados para su chacra, donde llegaron a estar apenas una semana, luego de lo cual desaparecieron sin dejar rastros. Mujica dijo entonces, a requerimiento de la prensa, que “lojmuchacho she rajaron porque ejte é un paí libre, y eyoshestán en nuejtro territorio pandar por donde she les cante, ashí que no me carguen má con ejtashistoria, que eyo tan libre y andá a shaber adónde she metieron ¿tamo?”
A los pocos días guardias aduaneros de la zona del Chuy detectaron a uno de los musulmanes comandando un grupo de contrabandistas que introducían un cargamento de pólvora y municiones desde el Brasil. Los integrantes de la banda fueron detenidos, pero el “refugiado” de Guantánamo se esfumó como por arte de magia. Días más tarde, el guardia de seguridad de la sucursal del BROU que fue asaltada por tres sujetos que portaban túnica y turbante reconoció que se trataba de otros tres inmigrantes de los llegados al amparo del acuerdo secreto entre Mujica y Obama. Huyeron con el botín y no fueron apresados.
—“Yo no puedo andá detrá dejto muchacho como shi fuera el tutó o el vigilante, me tienen pajpao con ejta conclushione que ujtede shacan nada má que pa ponerme paloshenlarueda, ¡aflojame el pedaleo, papá!” —dijo el entonces presidente Mujica a la prensa, antes de embarcarse para ir a visitar al presidente Obama, quien lo recibió con honores en la Casa Blanca, para agradecerle el generoso gesto de refugiar a los cinco presuntos terroristas (o agricultores) en el Uruguay. Obama le dijo a Mujica que todavía le quedaban 23 prisioneros más en Guantánamo, y si Albania y Montenegro le decían que no, los mandaría al Uruguay, a lo que Mujica respondió afirmativamente, diciendo que “shiempre que puédamo ayudarlo lo haremo, fielesha nuejtra tradishión de tierra de amparo y libertá”.
Ahora, con la inauguración de la Base de Laguna del Sauce se logra otro jalón en esta positiva relación entre Uruguay y los EEUU. Entre los edificios que la componen se encuentra uno con puertas y ventanas enrejadas, que obra como prisión del complejo militar norteamericano. La misma fue inaugurada de manera anticipada y forzosa hace una semana, cuando cinco musulmanes ingresaron de noche con bombas adosadas a sus cuerpos, para hacer estallar las instalaciones, siendo detenidos y desarmados a tiempo por los “marines” que estaban de guardia.