Gracias a la ayuda de un hada, un niño entiende que su cuerpo es suyo y de nadie más. De esta premisa parte el libro Aprende a cuidar tu cuerpo, que ofrece herramientas para prevenir el abuso sexual infantil.
El libro de Aurelia Kooper y Daniela Gómez busca, mediante una historia sencilla, educar a los niños para prevenir el abuso sexual infantil
Gracias a la ayuda de un hada, un niño entiende que su cuerpo es suyo y de nadie más. De esta premisa parte el libro Aprende a cuidar tu cuerpo, que ofrece herramientas para prevenir el abuso sexual infantil.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl niño entiende también que ser dueño de su cuerpo significa decir que no cuando no quiere dar un beso o dejarse abrazar por alguien que se lo pida. Que nadie más que él mismo debe tocar sus genitales. Que si alguien lo hace, debe alejarse de esa persona y contárselo a su mamá, a su papá, a una tía, a una maestra o a cualquier otro adulto de confianza, sin importar cuánto tiempo pase. El niño quiere a toda costa compartir el aprendizaje con su amiga Isabel, una niña de ojos tristes que no entiende el motivo de su tristeza.

Publicado hace unas semanas, Aprende a cuidar tu cuerpo es un libro escrito por la guionista y directora de cine Lucía Nieto Salazar, quien firma bajo el nombre artístico Aurelia Kooper, con la colaboración de la psicóloga Daniela Gómez. En 51 páginas, aborda un tema tan delicado como silenciado, el abuso sexual infantil, a través de una sencilla historia que tiene como protagonista a una niña que fue abusada sexualmente y que logra liberarse de la tristeza con la ayuda de su amigo y un hada.
A pesar de ser la más grave de las formas de violencia sexual hacia niños y niñas, el abuso sexual infantil es mucho más frecuente de lo que se cree. “Siempre me llamó mucho la atención la cantidad de casos que hay. Conozco muchos casos cercanos, y en todos ellos la víctima nunca supo bien qué era lo que estaba sucediendo, porque cuando sos muy chiquito y no te enseñan, y como generalmente sucede con un familiar cercano, podés hasta pensar que es un juego”, dice Nieto Salazar, en entrevista con Galería junto con Gómez, su socia en este proyecto.
Según un informe elaborado en 2016 por la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco niñas y uno de cada cinco varones declararon haber sufrido abuso sexual durante su infancia. Y sus consecuencias psíquicas, lejos de extinguirse una vez finalizado el abuso, pueden persistir a lo largo de toda la vida.
Teniendo en cuenta que es un tipo de abuso difícil de identificar, perpetrado en la mayoría de los casos por familiares de los que muchas veces nadie sospecharía, la prevención aparece como una de las herramientas más poderosas para combatirlo. Este es, justamente, el objetivo del libro. “Pensé que si todos estos niños hubiesen tenido herramientas de autoprotección, si hubiesen sabido que sus partes privadas nadie las podía tocar, posiblemente se hubiese podido prevenir el abuso. Sentí la necesidad de hacer algo. El abuso sexual infantil es una de las cosas más terribles que puede hacer el ser humano”, dice la autora del libro.
Crear un libro que fuera entretenido y atractivo para niños sobre un tema tan delicado como el abuso sexual infantil parece un desafío complejo. ¿Cómo lo lograron?
Lucía Nieto Salazar: Lo primero que hice cuando tuve esta idea fue buscar referencias de libros. No quería que fuese un manual. Quería armar una minihistoria en la que pasara algo, darle un pequeño misterio y también quería hacer un personaje entrañable, con el que los niños se sintieran empatizados. Me imaginé poner un hada, una protectora de los niños, y que ellos puedan interpretar quién es su hada en la vida. Queríamos que cualquier niño que hubiese sido abusado y que leyera la historia no se sintiera más culpable. La idea de incluir a la niña fue esa, incluir a esos niños que hubiesen pasado por algo así y animarlos a hablar, decirles que no se sientan culpables. El hada les explica que hay veces que en el momento capaz que no lo contás y no está mal. No importa cuánto tiempo pase. Luego contacté a Dani, que es mi amiga, le conté del proyecto, le mostré la historia. Su opinión fue muy importante para el libro; hizo que el libro se convirtiera en lo que es.
¿Por qué el abuso sexual infantil es una temática que ha sido tan silenciada?
Daniela Gómez: Entendemos que hay situaciones abusivas que se han silenciado por años, que vienen de generación en generación. Estos temas en general no se hablaban. La mayoría de los abusos sexuales son intrafamiliares, entonces todo solía quedar silenciado, teniendo costos después para las víctimas en todas sus áreas, con sintomatologías diversas de las que no se entendía el motivo. Entendemos que hay un cambio de paradigma de la sociedad; ya sabemos que si esto no se habla, no se repara y no se termina, que es un cambio que se está dando progresivamente. Y Lucía tuvo una buena lectura de ese vacío, ese silencio que también estaba en la literatura, y pudo crear una historia que también es algo bien distinto, no es algo que tenga que ver con la mera educación sexual o con la sexualidad infantil. Desarrollar una historia sobre un tema tan complejo era un doble desafío.
N. S.: Estamos convencidas de que la información cuida. El hecho de poner una niña abusada en el libro era muy jugado. Cualquier padre que viera el libro podía decir: uy, no, hay una niña a la que le tocaron sus partes, no quiero que esto lo vea mi hijo. O cuando decidimos también poner las partes privadas de los adultos. Tuvimos que tomar decisiones en las que nos la jugamos. ¿Nos exponemos a que los niños vean dos adultos desnudos? Dijimos que sí, porque el abusador puede pedirle al niño que lo toque a él, entonces nos parecía importante.
¿Se encontraron con algún otro hallazgo después de publicar el libro?
N. S.: Por la cantidad de mujeres que me están escribiendo, realmente mi alerta se hizo más grande, porque me doy cuenta de que la mayoría de las mujeres vivimos algún tipo de abuso en nuestra vida. Si vos desde niña aprendés a decir que no, eso no solo puede evitar el abuso sexual infantil, sino el abuso que luego puede ejercer tu propia pareja o cuando salís a bailar. Creo que educar esto en la infancia colabora a que luego como mujer adulta puedas también poner límites.
Parece inevitable pensar en los varones como perpetradores y en las niñas como víctimas.
G.: Las cifras dan que la mayoría de los abusadores son hombres, en general padres, padrastros, tíos, abuelos. Hay algo que es claro, que tiene que ver con los números. En el libro se hace foco intencionalmente en que el posible agresor o el posible peligro está en el hombre. En este momento es así.
¿Cómo recomiendan a padres y educadores acercar este libro a los niños?
G.: Hemos visto que produce curiosidad. Están las partes del cuerpo, y los personajes e ilustraciones captan la atención del niño. Hay también una parte destinada a los padres, porque entendemos que las dificultades las tenemos los adultos en la espontaneidad que perdemos a medida que crecemos y el hermetismo que genera la adultez. Proponemos que este libro sea un encuentro, que no tiene por qué implicar la lectura de todo el libro, sino un encuentro con ese hijo o hija que puede ser en varias veces, un ratito, de una página. Cada niño es diferente y lo puede recibir de acuerdo a su edad. Cómo se dé ese encuentro también va a depender del padre, de la madre y del niño, pero entendemos que en realidad es una herramienta para el adulto, porque la curiosidad del niño siempre está, porque quiere saber, porque quiere aprender. Es una ayuda a los adultos para poner el tema sobre la mesa, y lo que hemos visto hasta ahora es que después de la lectura del libro, el niño se va formando preguntas o situaciones. Es un libro que va más allá de ese simple encuentro y que fortalece el vínculo con los hijos. Mientras más información tengan los adultos para abordar el tema y más autoconocimiento, más herramientas van a poder dar a sus hijos. Apostamos al autoconocimiento tanto de los niños como de los adultos.
El libro puede llevar al niño a hacer muchas preguntas luego de la lectura. ¿Cómo abordarlas?
G.: A veces no hay que dar tantas explicaciones. El niño te va a marcar lo que necesita y no es necesario a veces agregar más información, porque también los niños pueden recibir información acorde a su edad. Hay información que ellos por más que nosotros se las demos, no la van a poder entender, porque justamente lo complejo del abuso sexual es que ellos no tienen conocimiento. Un niño no puede inventar una situación abusiva sexualmente porque no está dentro del conocimiento en su desarrollo, entonces a veces nosotros los adultos nos ponemos más nerviosos por lo que puede surgir que por lo que realmente surge, porque las preguntas generalmente tienen que ver con una curiosidad más desde el punto de vista del crecimiento, de conocer el cuerpo, de diferenciarse de los adultos, pero no van a tener preguntas demasiado elaboradas, salvo que se dé una situación de develamiento de abuso sexual, que ahí estamos hablando obviamente de otra situación.
¿Cuáles son las señales de que un niño puede estar siendo abusado?
G.: Eso es lo complejo del abuso sexual infantil. Hay indicadores específicos e inespecíficos. Y en la mayoría de los casos solo contamos con los inespecíficos. Podemos tener la posibilidad de que un niño nos cuente pero eso no es lo que suele pasar. Cuando no están las condiciones dadas, el niño no relata, porque a veces también están amenazados. En los casos más graves, cuando hay lesiones físicas, tenemos los indicadores específicos. Pero muchas veces contamos con una serie de indicadores inespecíficos que dan cuenta de un sufrimiento psíquico del niño. Lo complejo es que a veces eso también puede responder a otras situaciones vitales estresantes de los niños, entonces muchas veces cuando tienen enojos, llantos, o empiezan a tener dificultades en la escuela, o están más irritables, a veces los padres podemos pensar que responde a que nos mudamos, o nos separamos y en realidad podría —no necesariamente— responder a una situación de abuso sexual. Lo que nosotras recomendamos es que frente a cualquiera de estos indicadores, lo primero es entender que hay un sufrimiento, una pista que el niño nos está dando de que algo no está bien, que puede responder a abuso sexual infantil o a otras situaciones, y escuchar eso es lo primero para poder dar una respuesta.
No pasar por alto. Son las formas que los niños tienen de expresarse. No tienen todo el vocabulario ni las herramientas que nosotros tenemos. Pueden expresar sufrimiento a través de síntomas.
¿Es posible detectar a un abusador?
G.: No hay un perfil del agresor que nos lleve a darnos cuenta de que esa persona es un posible abusador. Por eso enfatizamos en que las situaciones de riesgo están, y que no las podemos ver con claridad; pueden estar en cualquier lado. Lo importante es brindarles herramientas a los niños para que puedan responder adecuadamente a esas situaciones de riesgo. Lo que los agresores crean son situaciones de poder sobre los niños, en general lo que se ve es que crean un vínculo de mucha confianza para poder desarrollar su conducta abusiva con ellos y lo hacen de forma progresiva. Entonces muchas veces son vínculos de mucho tiempo, de familiares cercanos que van haciendo un trabajo gradual para poder llevar a cabo su conducta. Muchas veces utilizan distintos mecanismos, como las amenazas, a veces bien vistas, en forma de regalos. Entonces el abuso pasa desapercibido. Tienen ese funcionamiento, que es lo que lo hace tan complejo, porque pasan por alguien muy amoroso y afectuoso.
¿Hay algo que los padres o educadores puedan hacer para habilitar a que el niño cuente si sufrió abuso?
G.: Habilitando. Tener esa disponibilidad. A veces no se pregunta para que el niño no se ponga mal. Pero alcanza con decir: “Yo estoy disponible para lo que sea, nada de lo que me digas va a hacer que yo me enoje”. Cuando el niño siente esa disponibilidad total sin ninguna consecuencia, como enojos, cuando el niño siente que ese referente es la persona que más lo va a cuidar, ahí ya están las condiciones dadas. La escucha atenta también es difícil, porque si un niño nos cuenta algo muy complejo, mantenernos tranquilos también es complejo, pero hay que integrar esto: las emociones están, y si un niño cuenta algo muy doloroso, es lógico ponerse triste, y no generás ningún daño en el niño por eso. Lo importante es que ese niño haya contado con el adulto. Todo lo demás se puede trabajar en los espacios que están establecidos para eso y se los va a poder acompañar. Los adultos también se integran y se trabaja con ellos.
Es común también que desde etapas tempranas los niños exploren entre ellos.
D.G.: Eso es la sexualidad infantil, es entre pares y se entiende que esa curiosidad de querer saber qué tiene el otro y qué no tengo yo es lo esperable en el desarrollo del niño. No estamos hablando de una situación abusiva porque no se desarrolla un abuso de poder, como sí se puede generar entre un adolescente y un niño de tres años. La sexualidad infantil y la curiosidad también se han silenciado mucho. Está presente, pero no se habla. Capaz es un paso previo como adultos, entender que la sexualidad infantil existe, tienen curiosidad, sensaciones corporales, quieren conocer su cuerpo, y es un tema que tampoco es tan sencillo de manejar para los padres. Los niños requieren también una enseñanza de lo que es íntimo, lo que no, y que tampoco se trata de penalizarlos porque quieran conocer su cuerpo. Tiene que ver con todo otro abordaje que es un paso previo para poder manejar bien la prevención del abuso infantil, porque primero está la sexualidad infantil.
N. S.: Igualmente la línea es muy delgada y es muy difícil. Por eso en el libro ponemos que tampoco podés tocar las partes privadas de otros. El niño capaz que no entiende que puede tocar las partes de un amigo de tres años pero no de uno de ocho. Lo ideal creo yo para prevenir es mejor enseñarles a que no toquen las partes privadas de otros.
Hay niños que, en su inocencia, abrazan o besan o quieren sentarse en la falda de un adulto aunque sea un extraño. ¿Cuál es la mejor forma de que el adulto le transmita el límite en esta situación?
G.: Para salir de estas situaciones de posibles riesgos, y pensando en el desarrollo del niño, buscamos que tenga su lugar en la medida que crece. Y creo que por ahí está el trabajo como adultos. A un niño que se quiere sentar en tu falda, en lugar de solo decirle que se siente en otro lado, se le puede decir: tú ya estás grande, acá te pongo tu silla, mirá qué lindo que seas un niño más grande. Que el niño tenga su lugar ayuda al crecimiento y al desarrollo, pero obviamente está el afecto y el amor entre hijos y padres, los abrazos y mimos. El abuso aparece cuando hay un aprovechamiento de la vulnerabilidad del niño para un beneficio propio.
El niño en nuestra cultura es a veces forzado a saludar con beso a los adultos que se lo pidan, muchas veces también por exigencia de sus padres, que no quieren que sus hijos pasen por “antipáticos”.
G.: Hay que buscar las formas. Un saludo no siempre es un beso; a veces los niños saludan de otra forma. Claro que buscamos que los niños sean educados, simpáticos y agradables, pero hay que salir un poco de esa rigidez de que todo tiene que ser con un beso. Capaz existe otra forma de saludo. Los niños necesitan sus límites, su rutina, su exigencia y eso los ordena, pero ahora estamos cuestionando el contacto físico y esos besos que recordamos como algo no tan grato de nuestra infancia. Estamos tratando de crear cambios ahí, y que los adultos también sepamos cómo acomodarnos a los niños. Antes la infancia estaba muy separada y no tenía el lugar que ahora sí tiene. Estos cambios se manifiestan en distintas conductas, también en el saludo.