Gonzalo Moratorio, Federico Baráibar, Gabriel Pereyra, Pablo Routin, Luciano Supervielle, Guillermo Lemos, Facundo Ponce de León, Mathías Silva, Andrés Scotti, Rafael Terra, Pablo Fabregat, Alejandro Sequeira, Jorge Bafico, Juan Ciapessoni, Tomás Bartesaghi, Diego Spinoglio, Pablo Marqués, Miguel Pastorino, Diego Hernández y Damián González: 19 padres, 19 formas de entender la paternidad.
Sí, la intención fue que los protagonistas tuvieran distintos perfiles, distintos oficios o profesiones pero que cada uno en su ámbito fuera de referencia. La mayoría son públicos pero otros no, y quizás ahí es donde se potencia la historia. Sin tener demasiada información previa, sabía que detrás de cada paternidad había una historia interesante. Distintas situaciones de padres, el viudo, al que le falleció un hijo, los que adoptaron, el que integra Familia Amiga —ese programa de INAU que busca a niños un hogar temporal. Eso me parecía de una enorme generosidad, volcar cariño, amor, cuidado, sabiendo que ese niño se va a ir. Y además, que después uno de sus propios hijos termina adoptando a un bebé que acogieron y el padre le dice que ése era el proyecto de sus padres y que no tiene por qué continuarlo. Ahora, me sigue pareciendo conmovedor. Esas eran las historias que quería mostrar. Me parecía importante poder contar cada historia de paternidad desde el lugar de los papás, y hay tantas formas de serlo. Como digo al final del libro, la paternidad se construye en el día a día y no hay una fórmula.
¿La idea de escribir este libro surgió a raíz de una necesidad propia de hablar del tema?
Tengo tres hijos, de 19, 16 y 11 años, y me di cuenta de que había una necesidad de poner en palabras un montón de sensaciones, sentimientos acerca de la paternidad, que los varones no compartimos con otros. El otro día justo decía que los varones papás no reflexionamos, pero me di cuenta de que sí hay una reflexión, lo que sucede es que no la compartimos. No nos damos ese espacio de compartir esto de ser papá, qué implica, qué emociones, qué dudas, qué miedos, qué modelo seguimos, a quiénes miramos como referencia; lo vamos haciendo en el momento.
Facundo Ponce de León: “A nosotros nos toca ser los padres más femeninos de la historia”.
Leo Barizzoni
Pero cuando nació tu primer hijo y no dormía, por ejemplo, ¿no lo comentabas con tu compañero de trabajo o tu mejor amigo?
Está bueno el punto, pero es algo más de lo cotidiano, pragmático y del hacer diario. A lo que yo apunto es a poner en palabras lo que sentimos los varones, porque cuando las mamás o un grupo de mujeres se reúnen es natural que pongan en palabras lo que sienten, sobre todo los temas de la maternidad; en los varones no pasa eso, terminamos hablando de otras cosas. Por eso digo, no es que no reflexionemos, es que no lo compartimos.
Este libro se venía gestando desde hace años, cuando llegó a tus manos el libro La revolución del padre, del sociólogo español Fernando Vidal. ¿Cómo fue el proceso?
Sí, el disparador de esta idea tiene muchos años. Todo surgió con ese libro, en el que hay una frase que es con la que yo invité a estos protagonistas a hablar. El autor plantea que John Lennon decía que su mayor revolución no había sido ni ser un Beatle ni el movimiento pacifista, sino haber sido padre. Ese era el disparador que yo quería conseguir. ¿Cuál era en cada uno de nosotros, papás, la revolución que había generado? Porque cuando uno es padre se da un cambio, uno cambia la manera de mirar el mundo, uno cambia radicalmente. Hasta ser papá yo iba de frente, después vas midiendo; hay una vulnerabilidad que uno reconoce, empezás a tener miedo porque sabés que tenés una vida a quien cuidar. Eso te sitúa desde un lugar que hasta ese momento, al menos en mi caso, también resignifica la manera en que uno mira a su padre.
Tomás Bartesaghi: “Con Borja estoy disfrutando la paternidad de un modo muy distinto”.
Lucía Durán
¿Por ese motivo en todos los casos les preguntaste sobre la relación con su propio padre?
Sí, eso fue intencional, la pregunta explícita de la relación con su padre. Pero también me encontré con situaciones de padres que habían fallecido cuando eran chicos o que se habían ido, entonces a priori no iba con demasiada información a las entrevistas; era un diálogo, les proponía hablar sobre ser papá. Quería hablar del día a día, pero les proponía también pensar en qué se parecían a su padre, porque estoy convencido de que según la manera en que nos vinculamos con nuestros hijos, cambia el modo en que nos vamos a relacionar con la sociedad. Cambia el mundo, nuestros hijos lo van a cambiar, pero va a depender del vínculo.
¿Y te sorprendió el reconocimiento de los miedos, la vulnerabilidad de los varones?
No me sorprendió porque la sensación también la tengo, la comparto. Pero sí somos padres de un tiempo menos previsible de nuestros hijos, o sea, si nuestros padres miraban cuál podría ser el futuro de sus hijos, había un marco de referencia más ordenado. Hoy no, el mundo va tan rápido, acelera tanto, que no hay un mundo previsible para nosotros, los padres.
Andrés Scotti: “Soy un defensor de que la palabra se la lleva el viento y nosotros como padres tenemos que predicar con el ejemplo”.
Antes había un mandato de los padres que no se cuestionaba. Ahora existe una mayor libertad en la crianza. ¿Por qué hacés énfasis en eso?
Porque lo que yo me preguntaba era ‘¿estoy siendo una persona que educa en libertad, que educa en confianza, que educa en desarrollo?, ¿estoy acertando?’. Y es un ensayo y error cotidiano. Por eso digo, la paternidad se construye día a día, la maternidad también. No es una cuestión de varón o de mujer, esto de guiar el rumbo de nuestros hijos lo vamos haciendo a diario. La cuestión acá era que nosotros, los varones, nos pusiéramos a hablar de paternidad. Lo que me pasó cuando invité a los protagonistas del libro, la primera sorpresa, era que me decían que nunca se habían puesto a pensar en eso. En realidad, no era que no lo habían pensado, sino que no lo habían compartido. Lo bueno es que entre varones podemos hablar de ser papá. Eso reforzó que es necesario que lo hablemos.
Al recorrer las 19 historias, los padres reconocen la culpa en cuanto al equilibrio del tiempo, al igual que la sienten las madres. Entonces, ¿no hay diferencia en los sentimientos de ambos?
Ser padre implica aceptar una paradoja permanente: ser padre es darlo todo para soltar. En definitiva, lo que hacemos padres y madres es preparar a alguien, es darle todas las herramientas que creemos son las mejores —después el tiempo dirá si fueron acertadas o no—, para después soltar, para que después esa persona siga su rumbo. Lo ideal sería que todo eso que uno volcó en amor, valores, cariño, miradas del mundo, después uno pueda reconocerlo y diga: hay una parte de mí que va en eso. Pero la paternidad, lo digo en el epílogo, tiene mil bibliotecas, hay mil amigos que te cuentan anécdotas, pero uno aprende siéndolo; la primera noche en que uno se despertó, las primeras risas, cuando los hijos ya son grandes y se van. No hay un manual, no hay una guía, es el día a día junto con la maternidad. Yo no quisiera hacer esa distinción. Solamente me parecía rico que los varones tuviéramos la oportunidad de decir lo que nos pasa con ser papás, que nos cambia; nos cambia la manera de mirar el mundo, nos cambia la manera de vincularnos con los otros.
Gonzalo Moratorio: “Abril es una de las oportunidades de revancha”.
Adrián Echeverriaga
¿Un padre es el mismo para cada hijo?
Hay un padre para cada hijo. En el libro algunos protagonistas hacen una linda mirada acerca de eso. ¿A todos los hijos se los quiere por igual? No, no es ni más ni menos, pero cada uno tiene sensibilidades y necesidades distintas.
También depende de la edad del hombre, no es lo mismo ser padre a los 20 y luego volver a tener un bebé a los 40 o 50 años.
Eso sí es un denominador común, recorre cada historia. Cada etapa tiene su forma de paternidad, cada hijo tiene su necesidad, y cuando uno tiene más de un hijo, no se divide, se multiplica. Esto sí era tema de charla entre amigos. Uno tiene el 100% y no da 30, 30 y 30, da el 100% a cada uno y ese 100 a cada uno es diferente de acuerdo a cada hijo, pero todo va sucediendo sin reflexionar demasiado.
Lo bueno es que ahora nos toca ser una generación que estamos muy involucrados en el viaje cotidiano de nuestros hijos, en todos sus ámbitos. La tesis inicial de este libro era tratar de señalar que el modelo de padre proveedor, distante, serio, esa figura del señor sentado a la cabecera en la mesa, ese rol ya no se dibujaba.
Desde el momento en que la madre sale a trabajar fuera de la casa, el modelo de crianza debería tender a ser más equitativo.
Si, y dar esa oportunidad de que no sea solo un tema de interés de las mujeres, también es un tema de interés de nosotros, y dar ese espacio. O sea, si yo, padre, educo en libertad, mostrando ese espacio que uno le da a la madre, esos hijos van a mirar eso y su forma seguramente será mejor que la nuestra. Somos una generación en que eso afortunadamente cambió.
Entonces ahora hay una ganancia para los padres que disfrutan más de los hijos.
Hay historias que también cuentan sobre esas segundas oportunidades.
Alejandro Sequeira: “El rol paterno ya no se sostiene en la autoridad incuestionable, sino en la capacidad de escuchar, de revisar y de aprender”.
Adrián Echeverriaga
También te referís a que ser padre es saberse hijo.
Claro, por eso te decía que se resignifica cuando sos papá. La frase típica que le digo a mis hijos hoy es: ‘Cuando seas padre te vas a dar cuenta’. Cuando uno es padre hay un montón de cosas que mira hacia arriba, hacia su padre, y reconoce, valora, toma distancia, piensa si está bien o está mal, no importa, pero sí ponés en valor todo, lo hecho y lo no hecho. Pero mientras haya amor, mientras haya cariño, todo se pone en valor.
Yo, papá, de Daniel Viglione. Aguilar, 224 páginas, 890 pesos.