¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

Data centers: las catedrales del siglo XXI se afincan en Uruguay

El país busca posicionarse como un hub regional de infraestructura digital con el desarrollo de centros de datos. Pero que se dijo en el conversatorio sobre “Data centers y derechos humanos en Uruguay” en la Udelar

Cuando se habla de un data center, la imagen que podría aparecer es la de una gran infraestructura tecnológica capaz de almacenar y procesar enormes cantidades de información. Pero detrás de esos edificios llenos de servidores y generadores, existe una red de impactos que se extiende mucho más allá de sus paredes.

El data center que Google está construyendo en el Parque de las Ciencias, ubicado en el municipio de Nicolich, Canelones, y para el que el Estado informó una inversión de 850 millones de dólares (para tener una referencia, Google acaba de anunciar una inversión de 13.000 millones de dólares en centros de datos en Finlandia), se estima comenzará a funcionar a fines de este año.

Los impactos ambientales señalados en el conversatorio recientemente celebrado sobre “Data centers y derechos humanos en Uruguay” en la Universidad de la República por la Cátedra Unesco de Derechos Humanos de Udelar y la Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (Redesca) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), junto con organizaciones sociales de vecinos, abarcan desde el ruido y las emisiones en los barrios cercanos hasta el consumo energético equivalente al departamento de Canelones, la generación de residuos, las emisiones de gases de efecto invernadero y, en una escala mayor, las condiciones sociales y ambientales asociadas a la fabricación de sus componentes tecnológicos.

Los expertos presentes también advirtieron sobre la necesidad de que la transformación digital tenga ciertas “reglas de juego”. “Son necesarias determinadas normativas regulatorias. Desde el derecho internacional se ha construido en torno a los principios de derechos humanos aplicados a las actividades empresariales, principios de diligencia, de responsabilidad, de participación, de transparencia y cuestiones que ponen en tela de juicio prácticas opacas, prácticas de captura del Estado que buscan cuestionar la capacidad que tienen los Estados para regular las actividades que ocurren en su territorio”, dijo Javier Palummo, relator de Redesca.

“En el derecho internacional de los derechos humanos los responsables por violaciones de derechos humanos son los Estados y los Estados tienen la responsabilidad de supervisar, regular, sancionar las actividades que ocurran en su territorio”, agregó.

Grandes templos modernos

Se estima que en el mundo hay un total de 11.000 centros de datos (hay al menos cinco tipos diferentes), cerca de 4.000 en Estados Unidos, seguido de Europa (Reino Unido y Alemania a la cabeza). China también lidera esta lista, sobre todo porque sus data centers son de inmensa escala.

Uruguay atraviesa un momento de expansión de este tipo de construcciones, que algunos llaman “las nuevas catedrales del siglo XXI” porque representan los grandes templos modernos donde reposa el saber digital, la memoria y el poder tecnológico de nuestra sociedad.

Mientras varias compañías tecnológicas instalan sus centros de datos en el país, el Estado también apuesta por desarrollar infraestructura pública: Antel ya cuenta con bases tecnológicas en Pando, Canelones, y proyecta ampliar esa capacidad para responder al crecimiento de la demanda de procesamiento y almacenamiento de información. El data center de Pando brinda servicios a empresas, organismos públicos y otros sectores, y forma parte de la infraestructura digital que Antel utiliza para alojar y procesar datos dentro del país.

En 2026, Antel anunció además la incorporación de equipamiento de alto rendimiento para inteligencia artificial en su data center de Pando, con una inversión que inicialmente fue estimada en unos 8 millones de dólares. La intención es que esta infraestructura pueda ser utilizada por Antel, empresas y organismos del Estado, permitiendo que el procesamiento de determinados datos y aplicaciones de inteligencia artificial (IA) se realice dentro de Uruguay.

A esto se suma el proyecto de un nuevo centro de datos, cuya inversión recientemente anunciada fue de 70 millones de dólares. En agosto pasado Presidencia anunció que el centro especializado en IA estará en Canelones, próximo a las rutas 5 y 48. Según este último anuncio, la construcción comenzaría durante el primer trimestre de 2027 y su puesta en funcionamiento está prevista para 2028-2029.

La apuesta por la IA y por convertir a Uruguay en un referente regional en tecnologías emergentes plantea, sin embargo, una cuestión que suele quedar en segundo plano: ¿qué infraestructura material hace posible esta transformación y cuáles son sus consecuencias?

Porque la IA no existe únicamente en la pantalla de una computadora ni en la nube. Necesita enormes instalaciones físicas, miles de procesadores, energía eléctrica, sistemas de refrigeración y una compleja cadena mundial de extracción, fabricación y transporte de componentes tecnológicos.

“Cuando hablamos de inteligencia artificial, computación en la nube, economía digital, se puede pensar que estamos hablando de procesos casi inmateriales que ocurren en un lugar que no es un lugar, que nadie conoce. Sin embargo, detrás de todo esto existen centros de datos, cables, sistemas de cómputos, suelo, agua, energía, minerales y cadenas de suministro. Lo primero es saber que cuando hablamos de infraestructura digital estamos hablando de infraestructura material también”, expresó Palummo.

Por su parte, el sociólogo e investigador académico especializado en salud socioambiental y ecología política Daniel Pena también habló sobre la extrema concentración de poder de las empresas tecnológicas y sus centros de datos. “Las principales empresas tecnológicas en el mundo están acaparando un montón de negocios, no solo tecnológicos, sino que hacen parte de la biotecnología, de la agricultura 4.0, han comprado supermercados y están de fondo de muchísimas de las grandes transnacionales. La concentración de poder es extrema y estas empresas mueven información sobre la que ni siquiera los países tienen control: adentro de un data center puede haber información de ejércitos, bancos y tenemos cero soberanía sobre esos datos”, advirtió.

El impacto empieza en el entorno

Algunos de los efectos serán visibles —o, mejor dicho, audibles— desde los primeros meses de funcionamiento. Uno de ellos será el ruido, según destaca a Galería Daniel Pena­, respecto del data center que Google está construyendo.

Los propios estudios realizados por el Ministerio de Ambiente, que a mediados de 2024 aprobó la autorización ambiental previa, advierten sobre la posibilidad de que durante la noche se superen los niveles de ruido permitidos. Quienes podrían sentirlo de manera más directa son los habitantes de Colonia Nicolich y del barrio Las Higueritas, ubicados a ambos lados del predio donde está emplazado el data center.

Pero el ruido no sería el único impacto sobre las comunidades cercanas. También preocupa la emisión de dióxido de nitrógeno (NO), un contaminante que puede afectar el sistema respiratorio.

El origen está en los generadores de respaldo que necesita una instalación de estas características. Un data center no puede simplemente apagarse ante un corte de electricidad: debe mantener sus sistemas funcionando de manera permanente. Por eso cuenta con numerosos generadores que entran en funcionamiento cuando es necesario y que, además, deben encenderse periódicamente para realizar tareas de mantenimiento.

De acuerdo con los estudios de impacto, en determinadas condiciones las emisiones de NO podrían superar los niveles considerados saludables en el entorno. Esto podría representar un riesgo para las personas que viven en las inmediaciones.

A estos efectos se suma otro menos visible, pero particularmente relevante durante los meses de verano: el aumento de la temperatura.

Para conocer la visión de la empresa respecto a estos datos, Galería se comunicó con Enrique Buero, gerente general del Parque de las Ciencias, donde está emplazado el data center de Google, quien respondió que agradecía la invitación a participar en la nota pero que “en esta ocasión no iba a poder responder”.

Una isla de calor en medio de la ciudad

Los data centers concentran una enorme cantidad de equipos que producen calor y necesitan sistemas de refrigeración para continuar funcionando. En la zona ya existe un antecedente que permite observar este fenómeno.

Imágenes satelitales de otro data center de menor tamaño registraron un incremento de entre dos y tres grados en la temperatura de su entorno. Si un efecto similar se produce con la nueva instalación, las consecuencias podrían sentirse especialmente durante el verano, cuando el área cercana al data center­ podría alcanzar temperaturas superiores a las del resto de la ciudad, advierten los expertos.

Son impactos que ocurren a pocos metros de las viviendas. Sin embargo, la dimensión del proyecto obliga a mirar mucho más lejos.

Una enorme demanda de energía

“Las infraestructuras digitales son un nuevo escalón del modelo extractivista”, expresó Pena en el conversatorio. A este modelo, según el experto, también pertenece el extractivismo inmobiliario, el agronegocio sojero, forestal y arrocero, con sus enclaves también industriales y todas las consecuencias que traen en la salud de la población, la concentración de la riqueza, la expulsión de la pequeña producción familiar.

Sobre el centro de datos de Google, Pena recordó que en un primer momento, una de las principales preocupaciones estaba relacionada con el agua. El proyecto original contemplaba utilizar alrededor de 7,6 millones de litros diarios para refrigerar los equipos mediante evaporación.

Ese diseño fue modificado y el consumo de agua dejó de ocupar el centro de las preocupaciones. La energía, en cambio, se convirtió en uno de los puntos críticos.

El data center consumirá aproximadamente 560 gigavatios hora al año y, según las estimaciones mencionadas en los estudios, esto equivaldría a un incremento cercano al 3% del consumo eléctrico del país y el equivalente a 200.000 hogares. “Imagínense todo el departamento de Canelones o cuatro veces Salto. O sea, estamos instalando una ciudad en términos de consumo de energía”, dijo Pena en el conversatorio.

“La tecnología que aparece como algo intangible —la nube, los datos, la inteligencia artificial— necesita, en realidad, enormes cantidades de energía, infraestructura, minerales y trabajo humano”, subraya Pena.

Para responder a esa demanda será necesario producir más electricidad. Uruguay cuenta con una matriz eléctrica predominantemente renovable, pero todavía existe una proporción de generación basada en combustibles fósiles. Por pequeña que sea esa proporción, un aumento de la demanda puede traducirse en mayores emisiones de dióxido de carbono.

Según una estimación del Ministerio de Ambiente citada en este contexto, el incremento sería de unas 25.000 toneladas de dióxido de carbono adicionales por año, una cantidad comparable a las emisiones de unos 15.000 automóviles promedio.

Así, una parte de la huella ambiental del data center no quedaría concentrada en el predio donde se construirá. Se distribuiría a través del sistema energético del país.

El problema que queda cuando la tecnología envejece

Hay otra cuestión menos visible: qué sucede con todo aquello que deja de utilizarse. El funcionamiento de un data center crea residuos vinculados al mantenimiento de sus equipos: baterías, procesadores, aceites y otros materiales. Según el estudio de impacto ambiental de Google, en su data center se producirían alrededor de 90 toneladas de residuos tóxicos por año.

Pero existe una pregunta todavía más difícil de responder: ¿qué ocurrirá cuando el data center deje de funcionar? La tecnología avanza a una velocidad que puede hacer que instalaciones de este tipo queden obsoletas en relativamente pocos años. Sin embargo, el proyecto no contempla, según este planteo, un plan específico de clausura. La empresa señala que, llegado ese momento, recurrirá a una compañía especializada para gestionar los residuos.

La historia empieza mucho antes de que el servidor llegue a Uruguay

Para que un data center pueda almacenar información, procesar datos o sostener aplicaciones de inteligencia artificial, primero es necesario fabricar los equipos que contiene. Y detrás de esos procesadores existe otra cadena productiva, mucho más extensa y, en algunos casos, mucho más problemática.

La fabricación de componentes tecnológicos requiere minerales críticos y tierras raras. Entre ellos se encuentran materiales como el cobalto y el coltán, cuya extracción se concentra en distintas regiones de África y Asia.

La explotación de estos recursos ha sido objeto de denuncias relacionadas con trabajo infantil, condiciones laborales abusivas y apropiación de tierras pertenecientes a comunidades locales. Las grandes empresas tecnológicas han recibido cuestionamientos por su participación en cadenas de suministro vinculadas con estas problemáticas. “De alguna manera, aceptar este emprendimiento, que tiene denuncias internacionales, es ser cómplices de cadenas que violan o violentan los derechos humanos a nivel global”, dice Pena.

La cuestión, entonces, deja de ser solamente qué ocurre dentro del data center. También importa qué ocurre antes de que esos servidores lleguen hasta allí.

“La tecnología que aparece como algo intangible —la nube, los datos, la inteligencia artificial— necesita, en realidad, enormes cantidades de energía, infraestructura, minerales y trabajo humano”, subraya.

¿Qué recibe Uruguay a cambio?

Frente a todos estos impactos aparece una pregunta inevitable: ¿qué beneficios concretos obtiene Uruguay?

El data center estará instalado bajo un régimen de beneficios fiscales en un parque industrial, por lo que el aporte tributario directo de la empresa sería limitado. Al mismo tiempo, el estudio de impacto ambiental prevé la creación de unos 50 puestos de trabajo.

También queda abierta la pregunta sobre qué beneficios tendrá la población en términos de servicios. La información almacenada en los servidores no necesariamente será información generada en Uruguay y, según este planteo, ese aspecto tampoco constituye una condición del acuerdo.

El argumento a favor del proyecto se encuentra, en buena medida, en otro lugar: el llamado “clima de negocios”. La llegada de una empresa tecnológica de esta magnitud podría funcionar como señal para atraer nuevas inversiones.

Pero allí aparece una nueva discusión. “Si las inversiones que llegan reproducen el mismo modelo —alto consumo energético, impactos ambientales, beneficios fiscales y pocos puestos de trabajo—, cabe preguntarse cuánto de ese crecimiento se transforma efectivamente en bienestar para la población”, dice Pena.

Fenómeno pasajero y la conquista de la IA

A lo largo y ancho del mundo las editoriales de los principales diarios advierten que el debate sobre los centros de datos desvía la atención del verdadero objetivo que persiguen las empresas de IA. “Nos preocupa que el foco puesto en los centros de datos oculte los impactos mucho más amplios que la IA tiene sobre la vida de las personas: la concentración de poder de las empresas de IA y su enorme influencia política y financiera”, dice la línea editorial del periódico inglés The Guardian, de tradición liberal y orientación generalmente progresista.

“Las empresas de IA tienen la mira puesta en captar todo el valor generado por sectores industriales enteros. Podría decirse que esta tecnología ya ha conquistado los ámbitos de la atención al cliente y las ventas a consumidores. Sin embargo, en el horizonte se perfilan objetivos mayores, como el desarrollo de software empresarial, el diseño creativo, la gestión administrativa e incluso los servicios jurídicos. En la visión de futuro que comparten las empresas de IA y sus aliados, la IA llega a sustituir a docentes y médicos”, publicó recientemente.

“Cabe considerar también que el auge desenfrenado de los centros de datos podría ser un fenómeno pasajero y no una preocupación a largo plazo. Es muy probable que la demanda de computación centralizada que ofrecen estos centros disminuya con el tiempo. Los principales laboratorios chinos, como Z.ai, están innovando en mecanismos técnicos para reducir el tamaño y el coste operativo de los modelos de vanguardia. (...) Es posible que la actual fiebre por los centros de datos acabe pareciéndose a la burbuja de la fibra óptica de principios de los años 2000, a medida que la demanda se desplace hacia modelos más pequeños y hacia el uso de la IA en los dispositivos personales de los usuarios”, anticipan.

Data centers en Uruguay

Uruguay cuenta con un total aproximado de 17 centros de datos operados por unos 10 proveedores diferentes, aunque la infraestructura varía desde instalaciones medianas locales hasta megaproyectos internacionales.

Principales centros de datos y tamaños:

Data center de Antel (Pando): es el más emblemático y grande del Estado. Tiene una certificación Tier III (estándar internacional que garantiza que tiene una infraestructura con capacidad de mantenimiento sin necesidad de apagar o interrumpir sus servicios), capacidad para 1.000 racks (estantes de metal) y espacio para albergar unos 40.000 servidores. Su inversión inicial rondó los 50 a 70 millones de dólares.

Nuevo data center de Antel (Las Piedras): anunciado recientemente por las autoridades de la empresa estatal para continuar ampliando la soberanía digital y capacidad de procesamiento.

Data center de Google (Parque de las Ciencias, Canelones): un megaproyecto en construcción en un predio de 30 hectáreas, con una inversión superior a los 850 millones de dólares. Su consumo eléctrico previsto a máxima capacidad es el equivalente al de más de 200.000 hogares.

Willinn (Zonamerica): opera un centro de datos con certificación Tier III, enfocado en servicios corporativos y alta disponibilidad dentro del predio tecnológico de Zonamerica.

Otros proveedores menores: existen pequeños y medianos centros de datos distribuidos (como los de Latechco u otros operadores de telecomunicaciones y zonas francas) que ofrecen redundancia y conectividad local.