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Donde late la manosfera en Uruguay: quiénes son estos hombres, cuál es su discurso, qué los motiva

Las comunidades en línea que promueven ideales hipermasculinos y se nutren del silencio emocional de los hombres y del odio hacia las mujeres han ampliado su abanico de adversarios —del discurso antifeminista al antiwoke—, mientras sus contenidos golpean, sobre todo, a adolescentes y jóvenes

Editora de Galería

Cuando el año pasado se estrenó la serie Adolescencia, muchos quedamos impactados al ingresar, sin previo aviso ni manual, a una dimensión desconocida: la manosfera­. Al parecer el término no era nuevo, desde fines de los 90 se venía hablando del fenómeno, pero esta ficción británica lo metió dentro de millones de hogares de todo el mundo.

Aunque no tiene una definición en el diccionario de la Real Academia Española (aún), el buscador de dudas del mismo organismo, Fundéu, dice que el término engloba “una serie de webs, foros y blogs en los que se tratan principalmente temas relacionados con los hombres y con la masculinidad”. Y agrega: “no son pocos los sitios web de este tipo en los que (...) predominan los movimientos misóginos, incluyendo el antifeminismo o los célibes involuntarios”. Manosfera refiere a la esfera de lo masculino, y partiendo de que el antifeminismo suele estar presente en sus discursos, en español también se la llama machosfera.

En ese momento, cuando se estrenó la serie, Galería publicó una nota descifrando el vocabulario tan particular y encriptado que manejan quienes integran estas comunidades. Ahora, a propósito del documental de Louis Theroux para Netflix, Dentro de la machosfera, nos propusimos entender qué tipo de motivación mueve a los hombres que se suman a estos grupos, qué clase de masculinidad promueven, qué tipo de mensajes proponen y qué presencia tienen en Uruguay.

Dimensión masculina

El antropólogo social Pablo Camacho estudia desde 2018 grupos masculinistas, principalmente antigénero, en Uruguay. Su tesis de grado fue sobre Varones Unidos, y después siguió monitoreando este tipo de agrupaciones, pero ampliando el espectro a todo lo que abarca la manosfera, que encuentra en internet el ámbito de propagación de sus mensajes. Camacho define la manosfera como “un conjunto de comunidades en línea que reúne a personas que coinciden en que el hombre ha perdido su ‘papel social’”. “El avance de lo que ellos llaman la ideología de género, el avance de las legislaciones relativas a la libertad sexual, a la libertad de género, ellos lo ven, lo viven, como una pérdida del estatus social del hombre”, explica. Por eso tienen, muchas veces, un discurso fuertemente basado en estos cambios en las legislaciones que hicieron que el hombre perdiera lo que ellos llaman derechos.

El psicólogo Roberto Balaguer explica que muchas de estas comunidades promueven la hostilidad hacia las mujeres, principalmente hacia quienes lideran y se organizan, para exigir el respeto de sus derechos. “En general, asumen el papel de víctimas afirmando que los hombres atraviesan una crisis ante el aumento de posturas que cuestionan los roles de género”.

Es entonces frente a esta pérdida de derechos que encuentran necesario organizarse, para reivindicar una figura masculina que ha quedado obsoleta. “En el caso de Varones Unidos, ellos nombraban la idea de masculinidad como una ‘masculinidad positiva’, de volver a tener el control del hogar”. Recordemos que Varones Unidos es la agrupación uruguaya fundada en 2016 por Pablo Laurta, su líder —que a través de sus redes sociales y una página web promovía narrativas antifeministas y campañas de hostigamiento digital—, hoy imputado por secuestrar a su hijo el año pasado después de asesinar a su expareja, su exsuegra y a un conductor de Uber que lo había transportado.

“Hay algo que se marca mucho en estos colectivos, que se puede leer también en redes, que es la idea de que las mujeres están desbocadas, la idea de que la mujer está totalmente fuera de los límites. Entonces, el hombre necesita volver a tomar el control social de la mujer”, resume el antropólogo. Eso se vincula al concepto de la red pill o píldora roja, un pilar de esta “doctrina”, inspirado en una escena de la película Matrix. Tomar la píldora roja implica un despertar para el hombre a una suerte de verdad oculta, la de que la sociedad actual es opresiva para ellos, y excesivamente feminista. Es un llamado a volver a tomar su lugar de poder. “También hay una idea muy conspiracionista de que detrás del movimiento de género, detrás de la libertad sexual, detrás de la legislación de género, hay una especie de macropoder que está moviendo y tejiendo los hilos; una especie de conspiración que apoya el feminismo y, por lo tanto, se opone a la figura del hombre. Incluso hay algunos que plantean la idea de que el fin de esta conspiración es reducir la población mundial”.

Según Balaguer, la violencia digital —acoso, difamación, coordinated harassment— “sería una consecuencia directa de la lógica de algunas de estas comunidades”.

¿Quiénes son y qué buscan exactamente?

El fenómeno golpea con mayor fuerza en la adolescencia y la adultez temprana, según Balaguer. “Este es un período en el que la identidad está en construcción activa y las preguntas ¿qué tipo de hombre tengo que ser? o ¿cuál es el modelo correcto? hoy no tienen respuestas claras en el entorno inmediato y en el contexto cultural actual”. Según el psicólogo, el hecho de que el arquetipo del “hombre proveedor” haya sido desmitificado —y con él toda una serie de constructos sociales sobre lo esencialmente masculino y femenino— deja a algunos hombres jóvenes desprovistos de un horizonte identitario, “haciéndolos vulnerables a la radicalización y a las narrativas de internet que prometen reordenar el mundo”.

A su vez, la pérdida de lo que llama “comunidades estructuradas”, como iglesias o clubes, y su reemplazo por tecnología en busca de esa conexión que está faltando, se relaciona con un “aumento drástico en la soledad masculina, con consecuencias psicológicas graves”. “La machosfera actúa como una red de apoyo para jóvenes que se sienten solos, heridos o abrumados. Ofrece pertenencia, orientación y culpables simples: chicas, mujeres, personas queer, otras masculinidades. Lo que buscan, en el fondo, es lo que busca cualquier adolescente: sentido, reconocimiento, un lugar donde ser aceptado, una guía”.

“El avance de lo que ellos llaman la ideología de género, el avance de las legislaciones relativas a la libertad sexual, a la libertad de género, ellos lo ven, lo viven, como una pérdida del estatus social del hombre”, explica el antropólogo social Pablo Camacho.

Esa misma pregunta quiso responder Camacho en sus investigaciones, junto con su equipo de trabajo: “¿Qué explicación le damos a que empiecen a aparecer estos grupos?”. La inseguridad, dice, está en la base de todo este fenómeno. “Entrevistando a gente que pertenece a estos grupos, tanto jóvenes como personas no tan jóvenes, plantean el tema de sentirse seguros y de sentirse bien. Y muchas veces de evitar el rechazo”. Algo que atraviesa foros y comentarios de las publicaciones es la búsqueda de la coincidencia y la identificación en esa comunidad; “la idea de compartir algo por la propia vivencia de ser varón”.

De hecho, parte de la manosfera son dos movimientos que prescinden de las mujeres por elección o supuesto destino. Los incels son los autoproclamados célibes involuntarios, que aseguran no acceder a un vínculo afectivo o sexual con una mujer respaldándose en la regla 80/20, según la cual el 80% de las mujeres solo se sienten atraídas por el 20% de los hombres.

Las comunidades MGTOW (“hombres que siguen su propio camino”, por su sigla en inglés), en cambio, apuestan a un individualismo voluntario, promoviendo el aislamiento y la independencia de las mujeres.

Tendencia política

Los jóvenes que se suman a estas comunidades no tienen por qué tener un perfil ideológico determinado a priori, en eso coinciden ambos expertos. “Hasta hace muy poco pensaba que estaban muy vinculados a la derecha política. Pero hace un tiempo vengo estudiando a uno de estos grupos que se identifica como de una izquierda que ellos llaman izquierda real”, dice Camacho.

De hecho, cuando aún estaba estudiando a Varones Unidos, desde la agrupación le planteaban que, más allá de tener vínculos con determinados partidos políticos, no les servía aliarse a un sector porque podía limitarlos en su fin principal: luchar contra el avance feminista. Esto, y “reposicionar” al hombre en el supuesto lugar que ocupaba hace un tiempo, es lo que persiguen.

Lo que sí existe es un liderazgo marcado por ciertos referentes que el antropólogo señala como “teóricos importantes”, y, entre ellos, uno de los más preponderantes es el escritor y conferencista argentino Agustín Laje. “Más allá de lo que sea Laje, que está vinculado a la derecha, al liberalismo y a la Libertad Avanza en Argentina, es una figura que marca un lugar ideológico y una fundamentación teórica para su proyecto. Por eso creo que es un teórico que engloba todo esto, más allá de que sea de izquierda o de derecha”.

Otras figuras referentes de la manosfera son Andrew Tate, influencer de extrema derecha, expeleador de kickboxing en Estados Unidos; y en América Latina, Luis Castilleja (el Temach), quien se presenta como coach personal y difunde teorías masculinistas con millones de visualizaciones en YouTube y TikTok.

Antifeminismo y masculinidad tóxica

En el correr de los años, el discurso de la manosfera se ha ido modificando y se ha vuelto más abarcativo. Así, del antifeminismo han pasado a un discurso antiwoke. Este movimiento, un activismo centrado en la justicia social, la equidad racial, el feminismo y los derechos LGBTQ+, define el tipo de sociedad a la que se oponen estas comunidades.

“Lo woke funciona como un gran paraguas conceptual donde entra todo lo que me sirve construir como enemigo”, explica el antropólogo. “Yo les pregunto: ¿qué es lo woke? Y me dicen: lo woke es el feminismo, pero también es la sirenita negra; es mi censura, lo que me cancela; es la sociedad frágil. Esta idea de lo woke es todo lo que no es el gran varón”.

Algo que permanece presente es la idea de volver a la dominancia masculina. “Me aparecen constantemente —por lo menos a mí, que tengo el algoritmo bastante quemado— videos de hombres diciendo que hay que volver al macho alfa, hablando de la conquista de la mujer, de la competencia constante. Esta idea de la venta de criptomonedas, pero a la vez también la idea de los gym bro, de culturizar el cuerpo, un cuerpo masculino, un cuerpo fuerte, porque el cuerpo del varón tiene que ser masculino para atraer a la mujer”, dice Camacho. El varón debe ser dominante física, emocional y económicamente.

Manosfera se agrega Cr. Courtesy of Pip-Netflix © 2026
En marzo, Netflix estrenó el documental Dentro de la machosfera, en el que Louis Theroux entrevista a varios creadores de contenido representantes de lo más radical de la manosfera.

En marzo, Netflix estrenó el documental Dentro de la machosfera, en el que Louis Theroux entrevista a varios creadores de contenido representantes de lo más radical de la manosfera.

Balaguer coincide en que en estos espacios digitales se fomentan los ideales hipermasculinos: intrepidez, control, frialdad emocional. “Lo que puede resultar particularmente dañino es la mezcla: estos gurús entregan ‘psicología conductual’ a escala, envuelta en un relato épico de identidad y lucha. Hay contenido con cierto valor real —disciplina, ejercicio, autoexigencia— que funciona como anzuelo y que va incorporando progresivamente, y en distintos grados, según el gurú de turno, también la misoginia, el desprecio y la dominación como parte del paquete”. Además de ser evidentemente nocivo (y peligroso) en la visión que ofrece y promueve de la mujer, resulta reduccionista en su modelo de masculinidad y a la vez, paradójicamente, extremadamente exigente.

“Hay unos trabajos en Chile que son muy interesantes sobre el suicidio masculino y cómo está relacionado a estas ideas de masculinidades más tradicionales. (Lo que pasa es que) no llegamos a cubrir el estándar que nos estamos autoimponiendo de la masculinidad. No llegamos a calzarnos el saco de esa masculinidad, que es imposible de llevar. Entonces, no solamente estas masculinidades promueven este odio hacia las mujeres, este odio hacia la diversidad sexual; no solamente generan espacios de violencia claramente hacia las mujeres, de ciberacoso, de difusión de videos, imágenes de exparejas; grupos de WhatsApp donde se organizan violaciones grupales o páginas de internet donde se dan pasos para evitar denuncias de violación —la llamada rape culture—, sino que también van contra el propio hombre, autogenerándose una presión social. Es un fenómeno muy muy extraño”, reflexiona el antropólogo.

¿Se puede hablar de una machosfera en Uruguay?

A veces es difícil de percibir o de darnos cuenta de que existe, porque el algoritmo manda. Cada feed es un mundo, una galaxia cerrada, una experiencia diseñada a medida de cada usuario. Si una mujer feminista busca en Instagram, por ejemplo, “#redpill”, los resultados serán videos en los que se explica qué es, pero desde una mirada crítica. No aparecerán videos de hombres alentando a otros a despertar y rebelarse contra este supuesto nuevo establishment que los limita y quita derechos.

Pero, aunque no aparezcan en nuestro feed, estos contenidos están, y aparecen en miles, millones, de otros feeds.

Según Balaguer, no existe en Uruguay un ecosistema manosférico local con la escala y articulación como la que se observa en España, México o Brasil. Pero “lo que existe, y es relevante, es una audiencia local plenamente conectada a la machosfera global. Los adolescentes uruguayos que consumen a Andrew Tate o sus equivalentes latinoamericanos no lo hacen desde afuera del fenómeno: participan de él, lo internalizan, lo replican en sus vínculos cercanos. El ecosistema es transnacional y en eso radica parte de su poder: no necesita referentes locales para penetrar”.

Camacho, en tanto, opina que después de la desarticulación de Varones Unidos a partir del doble femicidio de Laurta, su líder y fundador, no identifica agrupaciones de peso en Uruguay.

"Hay contenido con cierto valor real —disciplina, ejercicio, autoexigencia— que funciona como anzuelo y que va incorporando progresivamente, y en distintos grados, según el gurú de turno, también la misoginia, el desprecio y la dominación como parte del paquete”, afirma el psicólogo Roberto Balaguer.

No obstante, aunque tal vez no con el mismo alcance, algunos grupos perpetúan el activismo de Varones Unidos contra la Ley 19.580 de Violencia hacia las Mujeres Basada en Género. Según una investigación que Búsqueda publicó en marzo, seis comunidades digitales organizadas en páginas y perfiles de Facebook suman, entre miembros y seguidores, más de 102.000 usuarios. Se trata de Familias Unidas por Nuestros Niños; Movimiento en Defensa de la Soberanía Nacional, de la Vida y de la Familia; Derogar Ley de Género en Uruguay; Colectivo Papás Presentes; SOS Papá, y Todo por Nuestros Hijos. El discurso de estos grupos y de dos de sus principales portavoces, los activistas Sergio Mastandrea y Marcel Mantero, se sustenta en una narrativa no respaldada por datos pero amplificada en sus comunidades: la supuesta proliferación de denuncias falsas (de acuerdo a los fiscales especializados en violencia basada en género Luis Pacheco y Valentina Sánchez, las denuncias falsas “son muy excepcionales” y este relato “surge por ideología”).

Según Camacho, la manosfera encuentra sus referentes locales en personajes que empiezan a aparecer en YouTube generando videos, espacios de debate y hasta sus propios programas de streaming. Y así, van creando comunidad.

En esa línea, Balaguer agrega que en Uruguay el fenómeno se expresa, además de por YouTube, vía TikTok y Discord, las plataformas más usadas por los adolescentes varones. “Según datos locales, YouTube es la plataforma más utilizada por los menores uruguayos, y TikTok es la más usada en el segmento de 13 a 14 años. Esos son exactamente los canales por donde circula este contenido”.

El periodista argentino radicado en Uruguay Esteban Queimada, responsable de un programa de radio y streaming en YouTube (Bajo la lupa, con 11.000 suscriptores) y titular de una cuenta activa de Instagram (con 67.000 seguidores) y otra de TikTok (con 122.000), maneja una agenda explícitamente antiwoke, antigénero y antiderechos LGBTQ+. Cuando Galería lo contactó con el fin de saber si se consideraba parte de la manosfera en Uruguay y preguntarle por su ideología, motivaciones y referentes, manifestó sentirse “ofendido” por las preguntas, y respondió con la amenaza de hacer pública la interacción.

Galería también contactó a Bautista Gil, un abogado y columnista del programa de televisión por cable y streaming Sin vueltas, con cuentas activas en Instagram (4.500 seguidores) y TikTok (8.600), que respondió así a la pregunta de si se consideraba parte de la manosfera: “Para nada. Yo no odio a las mujeres. Solo alguien muy imbécil puede odiar a otra persona por su sexo. Es más, manosfera me parece un término típico de esta época hipersensible donde todos tenemos que ser víctimas de alguien para sentirnos bien. Muy ridículo”.

En su cuenta de Instagram replica un fragmento de una de sus columnas, en la que responde a la senadora Constanza Moreira por quejarse de las diferencias de oportunidades en la política para hombres y mujeres. “El único país donde los temas de género siguen teniendo tanta relevancia es el Uruguay. Constanza Moreira, no conforme con la ley de cuotas… estas feministas y estas zurdas, que se hacen tanto las defensoras de la democracia, quieren seguir manoseando la democracia”. Y continúa: “¿No será que la sociedad uruguaya, no quiero decir ni que esté bien ni que esté mal, no quiere votar mujeres?”. El abogado, que aseguró a Galería­ que “el wokismo es lo peor que nos pasó como humanidad” y reconoce como referente nacional a Jorge Batlle e internacionales a Javier Milei y Donald Trump, explicó que lo que lo motivó a crear y compartir “contenido liberal” fue crecer en un país que “se ponía cada vez más progresista y cada vez peor”, y querer aportar su “granito de arena a la causa individualista por encima del pensamiento de colectivo, que no hace más que atrasar a las sociedades y extirparnos lo que nos distingue como especie: la razón y la libertad”.

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Otra vertiente de estas comunidades es la del mundo fitness. Con cuentas en TikTok (192.000 seguidores) e Instagram (6.000 seguidores), el también uruguayo Fabrizio Valverde empezó como un gym bro, dando consejos para “tener un físico musculoso, definido y fuerte a los 18 años”. Galería contactó a Valverde y le preguntó por qué consideraba relevante su mensaje. “Creo que es importante promover valores como la disciplina, el esfuerzo, la responsabilidad, la perseverancia y el cuidado de la salud física y mental. Son herramientas que pueden ayudar a muchas personas a mejorar distintos aspectos de su vida y a afrontar las dificultades de una manera más constructiva”, respondió.

Las cuentas de Valverde hacen visible que el contenido empezó a mutar con el tiempo, hasta expresar su objetivo de ayudar al hombre a “despertar”, y a opinar con vehemencia sobre género y masculinidad. “Si sos un hombre y tenés miedo, dejame decirte que no sos un hombre, sos un pussy”, sentencia en uno de sus videos.

En una de sus últimas publicaciones, mirando a cámara, dice: “Yo ya sé cómo funcionan ustedes, cómo son sus patrones, y ya sé que cuando insultan a un hombre, cuando le dicen ‘ay, Fabri, te odio’, en el idioma de ellas y en su cerebro tan vulnerable y chiquito están queriendo expresar ‘quiero tener violentamente sexo contigo’”. Sin embargo, ante la pregunta de Galería de si se considera un representante de la manosfera, responde que no: “Mi intención nunca ha sido fomentar el odio hacia ningún grupo o persona. Mi mensaje está orientado al crecimiento personal, la superación y la responsabilidad individual. Entiendo que algunas ideas pueden generar debate o interpretaciones diferentes, pero mi objetivo es inspirar a las personas a mejorar su propia vida, siempre desde el respeto hacia los demás”.

Un final (im)predecible

La machosfera, en muchos casos, actúa como puerta de entrada a ideologías extremas, utilizando lenguajes que parecen críticos o racionales pero que disfrazan el resentimiento, explica Balaguer. Así, van captando adolescentes y jóvenes que encuentran en esos espacios “una sensación de pertenencia, validación o respuesta a su malestar”. Pero lo que entregan es preocupante en varios sentidos: por la construcción que hacen de la imagen de la mujer y la agresividad que va alimentando, y también por lo “psicológicamente costosa” para los hombres que es la prohibición de la vulnerabilidad que predican. Según el psicólogo, “la machosfera se nutre del silencio emocional masculino, de la imposibilidad de reconocer la vulnerabilidad”, al alentar a los hombres a encontrar su identidad en el éxito o la fuerza.

“La gente se olvida, pero le abrieron las puertas del Palacio”, recuerda Camacho, en referencia al panel ‘Informatización y democracia. Desafíos a los derechos y libertades informativas’, organizado en 2022 por la entonces diputada por el Partido Colorado Elsa Capillera, al que fue invitado Pablo Laurta. Pero, claro, nadie hubiera podido anticipar en ese momento que terminaría siendo un femicida. ¿O sí? N

“El avance de lo que ellos llaman la ideología de género, el avance de las legislaciones relativas a la libertad sexual, a la libertad de género, ellos lo ven, lo viven, como una pérdida del estatus social del hombre”.

“Hay contenido con cierto valor real —disciplina, ejercicio, autoexigencia— que funciona como anzuelo, y que va incorporando progresivamente y en distintos grados, según el gurú de turno, también la misoginia, el desprecio y la dominación como parte del paquete”.