Detalles de los diseños ornamentales del papa en Uruguay.
Nicolás Garrido Monestier
El trabajo de todos los artesanos que participaron se hizo sin fines de lucro. Los proveedores de telas, los talleres y el resto de los participantes sumaron su aporte en buena medida como donación.
La primera etapa fue de investigación. Durante meses estudiaron cómo traducir en tela y bordado el homenaje que la Iglesia había propuesto para cada celebración, y para ello trabajaron con la diseñadora gráfica Magdalena Bonet, en reuniones permanentes con Pinazo y con el padre Martín Miranda, que también se sumó al proyecto. Hicieron varias propuestas que los sacerdotes fueron encaminando hacia un lado u otro. Pero todavía sin llegar a las manos de nadie dentro del Vaticano. Todo era incertidumbre.
Contra reloj
Mientras tanto, el equipo de By Florencia avanzaba con los diseños que usará el clero local, tarea que sí contaba con la aprobación final de la Iglesia católica del Uruguay. Fueron 500 casullas para los concelebrantes y 40 para obispos, todos con sus respectivas estolas que comenzaron a confeccionarse en julio de este año. Ahora, el norte era la propuesta de vestimenta litúrgica para el papa. “La idea era que el conjunto transmitiera una Iglesia unida”, detalla Gómez Platero. Por eso, primero proyectaron la vestimenta ideal para el pontífice y, luego, la simplificaron para llegar a los diseños del resto de sacerdotes.
El siguiente paso fue plasmar toda su investigación litúrgica en dos libros: uno en español y otro en italiano, con información sobre los simbolismos, muestras de tela y fichas con la explicación técnica de cada material. Como ellas no estarían presentes, todo tenía que explicarse solo. El padre Miranda los llevó al Vaticano.
La expectativa duró cinco días. Al quinto llegó el bendito mensaje de Miranda. El Vaticano había aprobado la propuesta.
“En Florida se honrará a la Virgen de los Treinta y Tres (patrona de Uruguay) y en Paysandú al beato Jacinto Vera (primer obispo de Montevideo). Estas dos figuras son sumamente relevantes en la Iglesia uruguaya, veneradas por el pueblo de nuestro país. Ver al papa revestido de este modo constituirá un honor sin precedentes”, dice al comienzo del libro al que Galería tuvo acceso.
Nicolás Garrido Monestier
Según relatan las diseñadoras, lo que más llamó la atención en Roma fue la manera de presentar el trabajo: una propuesta con investigación detrás, no solo piezas agradables a la vista. Allí, cada ornamento rinde tributo a las figuras elegidas. “Nada está librado al azar. Todo tiene un porqué”, enfatiza Arrosa.
La aprobación les trajo más trabajo porque el Vaticano, entusiasmado, pidió, además, que se realizara un diseño para que vista el papa en Montevideo, algo que no había estado en los planes originales, ni del equipo de diseñadoras ni de la propia Iglesia uruguaya.
Si bien todo se manejó y se seguirá manejando con mucho secretismo hasta el arribo papal, hay algunos aspectos de su vestimenta que sí se pueden saber.
Un equipo a medida
“Esto es mucho más que vestir a una novia; es la persona más importante del mundo y tenemos que estar a la altura”, cuenta Arrosa que pensaron cuando cayeron en la cuenta de que el papa se pondría lo que en By Florencia diseñaron.
Porque, claro, sin esperarlo y sin tener experiencias anteriores, de pronto la firma se tuvo que especializar en vestuario ornamental. ¿Cómo lo hizo? Recurrieron a las manos adecuadas. Formaron un equipo aparte y la selección tuvo como titulares a Laura Sorhuet, modista especializada en alta costura, Isabel Navarro, diseñadora de tocados de novia y sombreros de ceremonia, vinculada con la orfebrería, y Magdalena Vilaró, artista textil y docente.
Sorhuet asumió la confección de los tres atuendos y, además, aconsejó sobre qué telas funcionaban mejor para este tipo de prendas. “Cuando Agustina y Florencia me invitaron, quedé paralizada por tanta responsabilidad. Luego de llorar contesté que sí. Es tan grande el honor y privilegio que solo puedo decir: gracias”, recuerda, y apunta que nunca se atrevió siquiera a “soñar semejante tarea”.
Laura Sorhuet trabajando con una muestra de casulla brindada por la Iglesia.
Cortesía
“Mi sello es buscar la perfección en la construcción de la prenda”, añade, y dice que espera que León XIV “quede gratamente sorprendido por el amor y calidad artesanal de tantos uruguayos”.
La capa pluvial que llevará en Montevideo
En su primer día en estas tierras el papa participará de un evento para religiosos dentro de la Catedral Metropolitana (Iglesia Matriz), y para esa ocasión las diseñadoras idearon una capa pluvial, es decir, un manto largo (que llega casi hasta los pies) con forma de semicírculo abierto por la parte delantera, que se sujeta a la altura del pecho mediante un broche de oro.
El color, que no se puede revelar, fue a solicitud del Vaticano, pero en el diseño y el broche hubo libertad para elegir a quién y a qué homenajear. El equipo estudió la arquitectura de la catedral, su iconografía y el vínculo del templo con el nacimiento de la Iglesia en el país. Con ese material fueron recogiendo símbolos: el sol de mayo que está en la catedral, las estrellas de su cúpula interior, la cruz de Tres Cruces y un sol creado para la adoración durante la última visita de Juan Pablo II a Uruguay, que resulta una mezcla entre aquel y el sol patrio. Algunos de esos elementos aparecen en el broche central de la capa.
Isabel Navarro sacó adelante esta pieza central dentro de la capa pluvial junto con un grupo de orfebres. “Trabajar en este proyecto significa para mí un privilegio inmenso por el que siempre voy a estar agradecida”, dijo la diseñadora, quien si bien manifestó estar acostumbrada a trabajar con esos materiales, “lo que era distinto, en esta oportunidad, era la trascendencia del pedido”.
Nicolás Garrido Monestier
Homenaje al beato en Paysandú
En Paysandú, el homenaje a Jacinto Vera, recordado entre otras cosas por haber asistido a los heridos durante la defensa de Paysandú, incluirá simbología extraída del escudo episcopal del beato, que incluye entre otras imágenes el Sagrado Corazón de la Santísima Virgen, traspasado por una espada, rodeado de una palma y una rama de jacinto.
“Estos elementos se trabajaron en un bordado en hilo dorado y gris, buscando trasladar a la vestimenta litúrgica el mismo carácter sobrio y rural que distinguió al beato. También se trabajó con la incorporación del color bordeaux, representativo en la imagen de Jacinto Vera, y emblemático en la celebración de su beatificación en el Estadio Centenario de Montevideo”, dice en el proyecto original, aunque no se sabe si todo esto quedó en el resultado final.
Lana merino para la virgen en Florida
“Te necesito”, fue el mensaje que leyó Magdalena Vilaró por parte de Gómez Platero, quien le pediría que asuma la tarea de tejer en lana merino —un material autóctono— el camino, es decir, la parte central de la casulla que usará el papa en su visita a Florida en homenaje a la Virgen de los Treinta y Tres.
Muy probablemente sea la primera vez que el papa lleve puesto un camino de estas características, que homenajea, refinándolos, a los tejidos en lana que todavía realizan artesanos en el interior del país. El grosor de la materia prima fue uno de los elementos a tener en cuenta. Las diseñadoras no querían que el tejido luciera como una bufanda o una ruana. Para lograrlo, buscaron y encontraron una lana con un grosor de 18 micras, que, una vez tejida en plano, tiene un espesor similar al de una tela de sastrería.
Magdalena Vilaró tejiendo.
Nicolás Garrido Monestier
La colorimetría, en tanto, fue del celeste al crudo, por ser los colores de la Virgen simbolizada en una estatua de la Inmaculada Concepción tallada en cedro americano en el siglo XVIII por artesanos guaraníes de las Misiones Jesuíticas.
“La forma de tejer es a microescala. Entonces, los diseños son muy delicados”, especifica Vilaró. “Me siento honrada. Ya terminé mi trabajo, lo entregué, pero todavía sigo sin creer que hice lo que hice. Tengo un agradecimiento enorme y todo el proceso lo disfruté con mucha responsabilidad”, expresa.
Sorhuet comenta que para ella el mayor desafío dentro de todos los diseños fue “juntar la pieza de lana merino con el crepé de seda de la casulla”. “Fue lo que nos llevó más tiempo”, admite.
A estos tres grupos ornamentales se sumó otra tarea: la Santa Sede envió desde Roma tres mitras (sombreros ornamentales) en blanco, en cajas forradas en cuero, para que el equipo uruguayo las interviniera con el diseño correspondiente. Cada una dialoga con el ornamento con el que se usará.
Puntadas finas
Así, cada especialista afinó lo aprobado hasta llegar a un resultado final que hoy las enorgullece. Gómez Platero lo plantea sin falsa modestia: “La virtud fue ir sumando gente que era mejor que nosotras en cada punto”.
Más allá de las líderes creativas, detrás de la producción de los textiles para la llegada del sumo pontífice hubo muchas más manos. Para las casullas del clero trabajaron tres talleres de confección y tres de bordado; en uno de ellos había unas cien máquinas bordando al mismo tiempo. Se sumaron más tarde las estolas diaconales —unas cien—, con cintas y pasamanería tejidas especialmente en los colores definidos para los diáconos que acompañarán al papa en cada celebración, de manera que todos fueran en la misma línea de diseño.
En el camino se fueron redistribuyendo tareas. En un momento, el taller que producía las vestiduras de los sacerdotes necesitaba sumar bordados y otras definiciones, y se incorporó otro taller más. “No te imaginás la cantidad de gente que hay detrás de esto”, dice Arrosa, quien, al igual que su hija y socia, no pudo determinar de cuántas personas se trata, aunque hablan de cientos.
Agustina Gómez Platero, Magdalena Vilaró y Florencia Arrosa.
Nicolás Garrido Monestier
Las diseñadoras reconocen que lo más difícil no fue técnico, sino de organización. La empresa siguió con su planificación comercial en plena zafra de trabajo, y el proyecto, que al principio era pequeño, fue creciendo hasta ocupar la oficina entera: un día se trabajaba solo en los ornamentos y otro había que sacar fotos para la colección de la marca.
“Todavía me cuesta dimensionarlo”, reconoce Gómez Platero. Hasta el día de la entrega, la oficina estuvo metida en la vorágine de llegar a tiempo y con el producto que habían imaginado durante meses. Hoy, con el proceso terminado, todas declaran estar satisfechas y orgullosas, y admiten que todavía les cuesta caer en la cuenta de la tarea que tuvieron sobre los hombros.
Ahora solo queda esperar. Si el papa conoce o no los detalles del trabajo es algo que no saben; lo que sí saben es que su equipo siguió el proceso de cerca. “Estamos deseando que las vea, que se las ponga y que sienta que hubo, además de mucho profesionalismo, mucho amor puesto en cada ornamento”, resume Arrosa.